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en la galería Helly Nahmad de Londres

El desnudo femenino y la naturaleza lujuriante de Matisse en una exposición

"Sueño de Felicidad" es el título que la galería Helly Nahmad de Londres ha dado a una deliciosa exposición que reúne pinturas y esculturas de Henri Matisse, junto a Picasso una de las grandes figuras del arte del siglo XX.
Nu aux jambes croisées, de Henri Matisse (1936), una de las pinturas de la exposición Sueño de Felicidad, de la galería Helly Nahmad de Londres (Efe)

Imágenes de felicidad pintadas por Henri Matisse y reunidas en la galería Helyy Nahmad de Londres. Así se presenta una exposición que reúne pinturas ejecutadas en el estudio del artista en el sur de Francia, con modelos en lánguidas poses recostadas en alguna chaise-longue o distraídas de la lectura del libro que tienen delante.

En los cuadros del que fue durante algún tiempo el gran rival de Picasso, aparecen con frecuencia espacios de transición entre el luminoso exterior y el fresco interior del estudio: puertas y balcones, normalmente abiertos para que entre la brisa del mar.

La puerta o la venta abiertas son un motivo frecuente en la pintura romántica del siglo XIX, pero que Matisse ha transformado y adecuado a un ambiente totalmente mediterráneo.

En algunos de los cuadros, como el titulado "Nu aux jambes croisées" (Desnudo con las piernas cruzadas", que muestra a su modelo rusa Lydia Delectorskaya, la naturaleza lujuriante del Midi francés penetra materialmente en el estudio del artista. Los espejos son también un elemento importante en la obra del artista, un elemento que complica la imagen, crea realidades alternativas y muestra su absoluto control del espacio.

El desnudo femenino, tema de buena parte de los cuadros reunidos, ocupó siempre un lugar central en su pintura, y, al margen de su importancia estética, le ayudó a resolver muchos problemas artísticos, porque era una forma de desplazar la sensualidad del cuerpo femenino a la materialidad del arte.

La mujer y la moda fueron preocupaciones permanentes del artista, para quien el acto de pintar tenía algo de teatral: Matisse guardaba en su estudio todo tipo de accesorios e indumentaria femenina para vestir a sus modelos, entre las que había aspirantes a actriz que buscaban trabajo en los estudios de Niza.

A algunas de las modelos las pintó como bailarinas, y la danza fue, como en el caso de Degas, aunque no en el mismo grado, una de las fuentes de inspiración de Matisse, que diseñó incluso decorados para algunos ballets, como los del ruso Diaghilev.

Uno de los cuadros más interesantes de los expuestos en la galería londinense muestra a la modelo vestida de tutú mientras descansa en un sillón amarillo con los brazos por detrás de la cabeza. Junto a esas pinturas deliciosas, la galería ha logrado reunir cuatro grandes esculturas en bronce, procedentes de la Tate Modern, famosa serie de altorrelieves que abarca un período de más de veinte años (1909-1930). Representan a una mujer de espaldas con la mano izquierda levantada a la altura de la cabeza y situada frente a una pared. A uno le asalta la duda de si se trata de cuatro esculturas distintas o de una misma escultura en cuatro fases de creciente abstracción: desde las formas orgánicas de la primera hasta la construcción angular y casi arquitectónica de la última.
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