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La crisis y su tratamiento constitucional

Juan José Solozábal
jueves 24 de junio de 2010, 20:16h
Me parece que en el momento presente nos encontramos en un punto de inflexión del sistema político sobre el que conviene reparar. Sin duda la actual crisis política tal como se va configurando subraya el presidencialismo de nuestra forma democrática. Ya desde hace tiempo atrás el sistema político español ha ido adoptando una deriva en ese sentido que en la actualidad no hace mas que acentuarse: el Presidente del ejecutivo ha decidido resistir, no hacer cambio de gobierno, no presentar la moción de confianza, seguir. Como se sabe se ha producido un cambio bien abrupto en la línea política en relación especialmente con la gestión de la crisis económica. Se ha abandonado un tratamiento activo, basado en las virtudes estimuladoras del gasto público, de acuerdo con una visión socialdemócrata , actuadora de políticas keynesianas, por una política de contención y ahorro, próxima a los planteamiento conservadores del gasto y la ortodoxia financiera. Pero el cambio de política económica no se ha reconocido , asumiendo de modo especial la tardanza en su verificación, máxime cuando tantas voces se habían adelantado , sin merecer otra cosa que el desdén, a pedir la rectificación finalmente concedida.

Esta situación se afronta de modo muy discutible, a mi juicio equivocado, pero es lo que el Presidente ha querido, esto es, no revalidar la confianza, no solicitar la colaboración de otras voces del partido, aguantar, pensar que se puede tirar del crédito otorgado en las últimas elecciones. Se pide que el partido cierre filas, que apoye la estrategia del líder. Un cuestionamiento de la línea marcada es interpretada como una deslealtad y como un regalo gratuito a la oposición. Los partidos en los momentos de crisis, se argumenta, no discuten ni flaquean. En tales circunstancias no cabe lealtad política que trascienda a los actuales dirigentes ni puede imaginarse que el funcionamiento correcto del sistema exija al partido en el gobierno un sacrificio político. Es la hora del patriotismo de partido. Es una estrategia heroica, pero arriesgada. Las salidas son bien discutibles: la derrota a la vez del gobierno y del partido, comprometido sin espacio alguno con el Presidente, jugándose la suerte con él. O la victoria, atribuible exclusivamente a la firmeza y constancia del Presidente, reforzando su liderazgo, hasta extremos bien cuestionables.

Discrepo de la valoración que se hace de la actual situación. Creo que merece la pena recordarse la condición parlamentaria de nuestra forma política: la convalidación de la confianza política en el Presidente es una opción arriesgada: puede perderse y abrir el paso a las elecciones, suponiendo que le interese a alguien la verificación de las mismas. Pero puede ganarse, de lo que se deriva una reforzamiento de la posición del gobierno y la renovación de su capital político, lo que puede ser vital para afrontar con decisión la crisis económica. Si se ha cambiado el programa, ha de confirmarse la confianza del Congreso en el gobierno conforme a los principios del régimen parlamentario, cuya columna es la relación fiduciaria entre el ejecutivo y el legislativo. De paso se confirma el funcionamiento constitucional del sistema, cuyos mecanismos operan con toda corrección y justeza.

De lo que se trata también es de reclamar una intervención adecuada, especialmente, en los momentos de crisis de los partidos políticos, de modo singular el que sustenta al gobierno. Los partidos son instrumentos en los que es imposible, para guardar su imagen constitucional, asfixiar o limitar su pluralismo interno , minando la libertad de su miembros para defender los posibles modos de afrontar la crisis política. Los partidos requieren para poder cumplir con las funciones que tienen encomendadas en la democracia aparecer como unidades dotadas de un alto grado de homogeneidad y coherencia, pero estas cualidades si no quieren devenir en esclerosis y ensimismamiento, necesitan también del debate y la apertura a la sociedad.

Sería conveniente que rebajásemos el funcionamiento presidencialista de nuestro régimen parlamentario, actuando sus mecanismos de renovación fiduciaria, y que restauremos el protagonismo de los partidos como estructuras vivas y plurales. Quizás así, confiando en la sabiduría del diseño constitucional de nuestro Estado, la crisis política no subrayaría innecesariamente la gravedad de la crisis económica.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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