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reseña

Marcos Ocaña Rizo: Bruce Lee. El Guerrero de Bambú

domingo 27 de junio de 2010, 01:15h
Marcos Ocaña Rizo: Bruce Lee. El Guerrero de Bambú. T&B. Madrid, 2010. 320 páginas. 21 €
Bruce Lee (1940-1973), el “pequeño Dragón”, llegó a convertirse en un ídolo de masas y un gran genio de las artes marciales; pero trascendió ambas cosas hasta convertirse en un "artista de la vida", capaz de adaptarse a todas las circunstancias y dificultades que le rodeaban a fin de superarlas y conquistarlas. Pasó a ser ese Maestro que golpeaba como el bambú, con un latigazo instantáneo al relajarse; ese "artista marcial" que llegó a la cima encarnando la figura anhelada del "superactor" de la gran pantalla. Pero Bruce no era conformista y cultivó su mente llegando a estudiar Filosofía en la Universidad de Washington con el "deseo de infundir el espíritu de la filosofía en las artes marciales". En continua reflexión y búsqueda interior, encontró su propio pensamiento filosófico que le dotó de un afán de superación y una determinación inquebrantables, logrando ser la prueba palpable de cómo el poder de la voluntad, acompañado de la motivación adecuada, pueden llevar a un ser humano a conseguir metas que parecen fuera de su alcance.

El autor de esta biografía, Marcos Ocaña, es uno de los más reputados estudiosos a nivel internacional sobre la figura del “pequeño Dragón”; y en su obra, que constituye el más meticuloso trabajo de investigación realizado hasta la fecha sobre la figura de Lee, ha reunido y desglosado de manera milimétrica las fuentes filosóficas que más influyeron en la mentalidad del famoso atleta y actor estadounidense de origen chino. Lejos de ser un libro técnico, es un excelente trabajo biográfico que, a través de sus páginas, nos demuestra con detalle el hecho de ser la vida “un viaje, no un destino”, tal y como afirmaba el propio Lee.

Las artes marciales de Bruce Lee eran autoconocimiento, un espejo donde mirarse; su Jeet Kune Do (“El camino del puño interceptor”) era su forma de expresarse honestamente, algo muy difícil, según él, de alcanzar por cualquier ser humano. Lejos de inventar un estilo o modificarlo, quería evitar justamente que sus alumnos se guiaran por técnicas, patrones o doctrinas; y que se expresaran en cambio mediante su factor liberador, que les llevara hacia el pensamiento en positivo, la auto-ayuda y la motivación.

“Todo está dentro de nosotros y solo tenemos que descubrirlo encontrando la causa de su ignorancia”. Bruce Lee asumía así el haber bebido de diferentes fuentes filosóficas orientales que mezclan sus aguas en el mismo estanque, como el Taoísmo y el Zen. Y su recomendación, que implica la necesidad de adaptarse y la de fluir con la corriente, pasó a la historia: “Sé como el agua, amigo mío” (Be water, my friend).

Por Fernando Leblic

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