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entrevista

Stanley Payne: "La izquierda cree que tiene doctrinas superiores y derechos para dirigir España"

jueves 13 de marzo de 2008, 12:51h
Octubre de 1940, Hitler y Franco se reúnen en un vagón de tren de la estación de Hendaya. ¿Algo importante tenía que haber salido de aquel histórico encuentro y nunca salió?

No creo que haya revelaciones nuevas sobre el encuentro de Hendaya. Hay que valorar bien lo que pasó allí. Circula el mito de que Franco estuvo manteniendo a raya a Hitler, pero no era así. Los documentos demuestran que Franco tenía mucho interés por entrar en la guerra pero siempre teniendo presente las contrapartidas territoriales y económicas. No buscaba, por tanto, excluir a Hitler de España sino que mantuvo con firmeza la idea de que España no podía entrar en la guerra por gusto.

¿Cree que Franco actuó de forma autónoma, es decir, con una actitud improvisada o, por el contrario tenía todo perfectamente programado?

La conversación fue improvisada, pero las intenciones con las que se presentó Franco fueron desde el principio muy claras. A pesar de que Franco no dominaba las conversaciones, hablaba mucho como el típico español dicharachero, logró irritar mucho a Hitler porque no se trataron grandes cuestiones y sí cosas menores, sobre todo las anécdotas militares del español. De ahí aquella famosa frase de Hitler: "Antes de volver a pasar una experiencia así me arrancaría cuatro muelas".

¿Por qué Hitler nunca optó por invadir España?

Según los documentos alemanes, Hitler no tuvo en ningún momento en mente invadir España. De hecho, hubiera supuesto una gran complicación estratégica militar que no era viable. Por eso, buscó en Franco un aliado. El protocolo secreto firmado después de Hendaya reconoció la entrada de España como aliado de Alemania e Italia y en el tripartito con Japón. Esto demuestra que España siempre se entendió como el gran cuarto aliado, mucho más que países como Hungría o Rumania. Franco logró confundir a Hitler, quien siempre pensó que había ganado la partida de Hendaya y esperaba que anunciara en cualquier momento la entrada en la guerra. Pero seis semanas después, cuando mandó a su jefe de inteligencia a España fue consciente de que España no estaba por la labor.


Se puede afirmar entonces que Franco fue más inteligente que Hitler...

Se puede decir que sí. La ventaja de Franco fue que siempre se mantuvo firme en la idea de que España no podía entrar por gusto. Mientras, Hitler continuó por mucho tiempo manteniendo una posición expectante.

En su último libro "Franco y Hitler" (La esfera de los libros) habla del plan de invasión de Portugal, ¿qué se puede desvelar hoy de este asunto?

No es tan evidente que en los documentos alemanes se hablara de Portugal. Orquestado por Franco, y previsto para diciembre de 1940, el plan para la invasión total de Portugal se hizo a imagen de la invasión italiana de Grecia en octubre de ese mismo año. Sin embargo, después de presenciar el desastre del intento italiano, el plan quedo finalmente archivado. De cualquier forma, las fuerzas armadas españolas no contaban con los medios para llevarlo a cabo, sobre todo para mantener a raya a Inglaterra después. Hubiera significado sin duda la entrada directa en la guerra. Pero no sólo se planeo la incursión en Portugal. También hubo otro plan: la invasión del sur de Francia en el verano del 42 contra Vichy con la entrada de los españoles por el suroeste, el apoyo italiano desde el sureste, y probablemente la ayuda alemana. Pero todo acabó siendo una ilusión total.

Usted ha dicho que la insurrección de Franco contra la República no habría salido adelante de no haber sido por el apoyo que le prestó Hitler. ¿En qué se materializó?

Es el aspecto más estudiado y documentado. Sin duda la ayuda alemana fue indispensable al tiempo que significó el comienzo de una relación especial. En cuanto al Ejército, aunque dirigido por Franco, es indudable que contó con la ayuda de unidades alemanas e italianas, que pesaron bastante en la victoria final de Franco.

Usted ha admitido en varias ocasiones que siente una gran predilección por España. Pero, ¿hubo realmente una España?

Claro que existe una España en cuanto a la geografía, al censo de la población, a la estructura de la economía. La referencia a las dos Españas considero que es un asunto más cultural y relacionado con cuestiones políticas. A lo largo de la historia no sólo se han encontrado dos Españas, incluso más dependiendo de la época: la España carlista, liberal, de izquierdas, de los exaltados. Sobre todo, hay que recordar que la fragmentación interna de este país ha sido siempre más acusada en la izquierda, entre aquellos republicanos que nunca fueron gente muy unida.



¿Qué queda de esta dualidad hoy?

Para la inmensa mayoría de los españoles todo esto está superado. Estoy convencido que la mayoría ni se lo plantea, no tiene ni idea ni les importa. Es cierto que es un asunto que no ha desaparecido. Se mantiene con el sentido sectario, sobre todo de la izquierda, que cree que tiene doctrinas superiores y derechos para dirigir el país. El problema llega cuando cualquier persona que se opone a esto acaba por ser un retrógrado, una persona de segunda clase, que debe ser eliminado, no en términos físicos, pero sí en términos políticos. Esta cuestión ideológica continúa y de ahí los intentos de utilizar la Guerra Civil en sentido político.

Como la Ley de Memoria Histórica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero...

Esa ley es una tontería. No tiene sentido ni por cuestión de memoria ni de historia. Además de eso, es una ley nociva porque es semisoviética. Pretende que el Gobierno pueda legislar la historia, y ésta no es materia de legislación política, es materia de investigación científica. Es un auténtico intento de tiranía.

¿Cree que la izquierda en España es por regla general más atrevida? ¿Qué ocurre entonces con el que discrepa? ¿Se oculta?

Es curioso porque actualmente existe sólo un lado. La derecha en términos históricos ha desaparecido, no se puede hablar de derechas, hay que referirse a la “no izquierda”. Los valores ideológicos morales de la derecha histórica han desaparecido en cuanto a conceptos como la religión, el nacionalismo extremista y lo autoritario. Pero la “no izquierda” sí existe; es una entidad amorfa, democrática, práctica y tolerante, que no acepta los mitos de izquierda.

Hace tres años, en una visita a España, afirmó que escribió su libro “El colapso de la República” porque se encontró con que ningún historiador español lo había hecho antes, ¿acaso temen pronunciarse?

Sí, así es. Desde entonces se han publicado libros con intenciones serias, sobre todo periodísticos aunque sin demasiada investigación. Hay un temor por pronunciarse y dificultad de posicionarse. De nuevo el discurso vuelve a la misma idea: la cultura del adversario. Pero la situación verdaderamente grave es que España carece de una investigación y perspectiva histórica objetiva por todo el espectro de los hechos.

Publica sus memorias dentro de unos meses. ¿Desde qué perspectiva?

No es un libro de memorias como tal. Son breves apuntes sobre mi trayectoria personal y mi relación con España. En sus páginas intentaré explicar por qué me hice hispanista, una cuestión que siempre me plantean en mis visitas.


Fotos: Manuel Engo

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