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prepara su ingreso en la RAE

Soledad Puértolas: "Estoy convencida de que el conocimiento alivia y consuela"

jueves 08 de julio de 2010, 18:23h
Un libro de hadas que leyó en la infancia fue su primera toma de contacto con la escritura, un divertimento convertido en profesión que le da la vida. Sus futuros compañeros de la Real Academia Española han dicho de ella que posee una mansión propia en la literatura contemporánea. La creatividad de su pluma y la amabilidad que irradia convierten a Soledad Puértolas no ya en una escritora de referencia, sino en una intelectual con las ideas muy claras.
Ha transmitido en su último libro, Compañeras de viaje, la cantidad de cosas que uno puede hacer si sale de casa. Pero, a veces, se echa en falta la rutina…
Sí, así es. Los personajes de los que hablo en esta obra me interesan mucho porque se debaten entre la seguridad de la rutina y la ruptura, lo que les lleva a vivir con un cierto conflicto interno. Esto me atrae porque me empuja a mirarlos y ayudarlos porque tienen miedo a expresarse. De hecho, creo que uno de los compromisos de la literatura es fijarse en gente inclasificable.

Lo dice alguien que le encanta estar en casa…
Soy muy casera, así que entiendo muy bien la parte rutinaria de los personajes.

Imagino que eso no le impide seguir enriqueciéndose.
Los mundos son los interiores y lo fundamental es lo que llevas dentro. Es verdad que romper con tu mundo te proporciona un espejo distinto, así que también está bien no vivir cerrado. Lo importante es la actitud mental e interior y que en tu casa tengas las ventanas y las puertas abiertas. Si no eres poroso pierdes la capacidad de comprender a los otros y de saber que hay muchas vidas. Eso es importante viajes o no viajes porque puede que viajes mucho y no aprendas esto.



Insiste en lo importante que es recordar, sobre todo momentos de la infancia, pero afirma que hacerlo resulta estremecedor. Entonces, ¿qué hacer?
El recuerdo es siempre una recreación. No puedes revivir lo que recuerdas exactamente. Es imposible y no es deseable. Seríamos personas muy desorientadas si tuviéramos todo eso en la cabeza, es decir, que todos esos pasados fueran presentes. Estamos siempre reestructurando nuestra vida y nuestros recuerdos. No me considero una mujer nostálgica o que mire para atrás, pero no hay duda de que lo me sucedió, lo que vi y lo que descubrí en los primeros años de mi vida me ha orientado hacia lo que soy. No tanto los lugares y las experiencias sino cómo lo viví. Qué representaron para mí y por qué me afectó eso y no otra cosa. Esa manera de relacionarte con los otros y de descubrir tu sitio en el mundo tiene un peso a lo largo de tu vida, aunque tú luego lo vayas reelaborando.

Los mayores son un ejemplo de lo que comenta. Tienen recuerdos cristalinos de su infancia.
Sí, es algo que sorprende e impresiona. Es entonces cuando comprendes que aquellas primeras veces afectaron mucho. Se borran otras muchas cosas, pero eso no. Es curioso lo que dices porque recuerdo que mis padres rememoraban escenas de su infancia hasta el punto de que lo demás parecía que había dejado de interesarles. Recordaban a su madre o sus habitaciones, convirtiéndolo en algo mucho más importante que el presente.

Ana María Matute ha dicho que escribe porque se lo pide el cuerpo. ¿Le pasa lo mismo?
También es mi caso. Los cuerpos mandan mucho, más de lo que pensamos. El cuerpo es nuestro instrumento, el que nos dice quiero estar aquí o allá. Suscribo esa sensación de Ana María.

Puede que dejar de escribir no esté en sus planes, ¿pero se siente temor ante ese momento, si es que llega?
No lo vivo con temor. Si en algún momento me pasa, creo que no lo viviré como algo dramático. Me parece, de todas formas, inverosímil porque considero casi imposible que yo deje de escribir. En el caso de que me pase supongo que será algo natural. Es una idea que me sorprende, precisamente porque no la considero. Creo que soy una persona que he encontrado mi identidad y mi manera de estar en el mundo en la literatura.

Cuánto disfruta escribiendo relatos y cuánto desconocimiento hay sobre este género.
En este país no tenemos cultura de haber puesto el relato en una categoría o valoración que pueda compararse a la novela. Pero no hay por qué parangonarlos, son narraciones, más cortas e intensas, pero, para mí, más interesantes y retadoras porque tienen ese toque divino que nos da la poesía. El relato es más sintético y está más centrado en la atmósfera que en el personaje. La novela es la evolución y el tiempo del personaje. Son dos maneras de narrar y dos enfoques, pero todo es narrar.


¿Se conforma con que la gente lea lo que sea o le gusta el lector que no se conforma?
Que no se conformara indicaría el nivel cultural de un país. Cuando un país tiene personas que saben escoger alcanza ese nivel tan deseable. Leer cualquier cosa porque te lo dicen o con un criterio poco elaborado no me parece ni mal ni bien, pero no implica un gran conocimiento. Desgraciadamente, España no pasa la prueba de la cultura. No deja de ser penoso porque es importante para ser uno mismo, para tener seguridad y para saber lo que te gusta y lo que no. Es exploración personal. No es lujo ni brillo, es mucho más que eso. Es indagación.

Luego leer sirve de mucho…
El verbo servir no va con la cultura tal y como yo la entiendo. Te sirve para ti, no para triunfar ni tener un trabajo determinado. Es algo que se gana hacia adentro, pero que a la larga puede dar frutos hacia fuera. Solo faltaría que fuera contraproducente que la persona que tuviera más cultura le perjudicara. Lo que pasa es que no siempre se valora porque los baremos en los que se mueve esta sociedad no están tan relacionados con la formación cultural, personal y espiritual porque para mí la cultura es eso, una formación personal y espiritual. Es algo que no es tan fácil de medir, la satisfacción es personal.

Le pregunté en una ocasión a Carmen Iglesias si los historiadores sufren más por saber más. ¿Qué hay de los escritores?
Yo creo que no. Te da armas para entender mejor las cosas. Estás más capacitado para la comprensión. El sufrimiento, en gran medida, se intensifica muchísimo si no entiendes nada. La comprensión siempre es consoladora. Estoy convencida de que el conocimiento alivia y consuela.

Iglesias respondió que el conocimiento te puede sacar de problemas y te ayuda a tener una perspectiva más amplia.
Sí, así es. Lo relativizas. Caes en la cuenta de que las cosas que pasan han ocurrido otras veces y de que no eres la única persona en el mundo que sufre. Todo ese razonamiento que te da este conocimiento de ti misma y de los demás te sitúa más en la continuidad de la vida y no en los dramas. Te puede ayudar muchísimo.


¿Echa en falta en los medios de comunicación la sensibilidad que encuentra en la literatura?
Sí. Desgraciadamente no terminamos de entender la valía del lenguaje. Se habla mal. Eso nace de la enseñanza de la lengua, de la falta de naturalidad en el modo en el que nos acercamos a ella porque la entendemos como algo que nos causa temor. Es esencial poder expresarnos con la palabra hablada y escrita. Entre las muchas cosas que nos faltan en el sistema educativo está poner énfasis en la importancia de poder expresarse bien.

Hablará en su discurso de ingreso en la RAE sobre los personajes secundarios del Quijote. ¿Cómo lo lleva?
Lo tengo esbozado. Tengo ahora el verano para darle muchas vueltas.

¿Ha sido una tarea fácil?
No es fácil como tarea porque soy novelista y no una experta en ensayos ni en discursos. He querido afrontar algo que no es estrictamente lo mío porque creo que los creadores tenemos una visión de la literatura distinta a la de los especialistas. El Quijote nos infunde respeto, pero yo que querido quitarle miedo a esta obra y decir que es de todos. Me encuentro frente a esta obra en este discurso más como cualquier lector que como especialista.
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