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América Latina y la agenda internacional de seguridad

domingo 11 de julio de 2010, 16:13h
Desde la llegada al poder de Mahmud Ahmadineyad se ha profundizado una línea de política exterior que se había insinuado durante la última presidencia de Mohamed Khatami: el acercamiento a América Latina. Hugo Chávez en Venezuela y recientemente Lula en Brasil se convirtieron en los socios más importantes de Teherán en la región. El intento de mediación brasilero (y turco) del pasado mes de Mayo con respecto al programa nuclear iraní es una muestra de ello y del impacto internacional que ha tenido esta relación.

Sin embargo, se trata de una iniciativa centralmente brasilera. Pensado por y para Brasil, para fortalecer su posición internacional y alimentar su voluntad de ocupar un asiento permanente cuando se plasme la reforma al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

América Latina está comprometida con el desarrollo nuclear pacífico desde hace más de 40 años cuando se firmara el Tratado de Tlatelolco que estableció la segunda zona libre de armas nucleares luego de la Antártida. Un esquema que luego se hizo extensivo al Pacífico Sur (Tratado de Rarotonga de 1983), al Sudeste de Asia (Tratado de Bangkok de 1995) y a África (Tratado de Pelindaba de 1996). Está muy cerca (aunque estancado) la concreción de Asia Central como zona libre de armas nucleares (Tratado de Semipalatinsk de 2006) y recientemente en la última conferencia internacional de revisión del TNP se incorporó la idea de negociar un futuro tratado para Medio Oriente lo cual fue interpretado por mucho países como una victoria frente a Israel.

A pesar de ese largo compromiso de América Latina en cuanto al uso pacífico de la energía nuclear, la OPANAL (Organismo para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina) que es el organismo encargado de la aplicación del Tratado de Tlatelolco no se ha referido al tema iraní, ni siquiera luego de la intervención de Brasil en el tema.

Tampoco lo ha hecho la recientemente UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) cuando el mismo preámbulo de su tratado constitutivo dice que uno de los objetivos será "el fortalecimiento del multilateralismo y la vigencia del derecho en las relaciones internacionales para lograr un mundo multipolar, equilibrado y justo en el que prime la igualdad soberana de los Estados y una cultura de paz en un mundo libre de armas nucleares y de destrucción masiva".

Hubiera sido una excelente oportunidad de mostrar al mundo no solo la unidad de la región en cuanto a un tema importante de la agenda internacional, sino también dejar en claro que los principios sobre los cuales se pretende construir la unión sudamericana se concretan en acciones y no solo en declaraciones.

Aún más, Brasil y México votaron de forma distinta cuando se votó en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a inicios del mes de Junio la resolución 1929 que aplicó nuevas sanciones contra Irán.

¿No hubiera sido deseable que OPANAL o UNASUR se refiriera al tema del programa nuclear iraní?. No incorporamos aquí a la OEA (Organización de Estados Americanos) ya que la existencia entre sus miembros de los Estados Unidos de América podría ser vista como una muestra de la injerencia de ese país en temas latinoamericanos.

América Latina no da a nivel internacional una imagen de unidad y la continua generación de nuevas instancias institucionales (UNASUR es la última de ellas) es una señal de desunión más que de unión. Son el resultado de protagonismos individuales y no de proyectos consensuados a largo plazo.

De allí que fortalecer las instituciones existentes podría ser la mejor manera trabajar por la unidad latinoamericana y, por extensión, hacer que se escuche la voz del continente en el sistema internacional.

Una vez más la retórica pudo más que la realidad. Por eso, parafraseando a esa frase atribuida a Stefan Zweig sobre Brasil, diremos que "América Latina será el continente del futuro...y siempre lo será".

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