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La mirada de Iñaki Uriarte

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Lo mejor que puedo decir de estos Diarios que el firma y los ha publicado de manera casi clandestina en una ciudad de provincias es que son efectivamente de Iñaki Uriarte. A veces en estos lugares en los que puede que hayamos nacido, o en los que hemos hecho el ingreso de bachillerato o a donde vamos a dar una conferencia , y a los que llegamos por la noche, en un tren que ya tarda poco, surgen editoriales que nos sorprenden publicando un libro delicado e infrecuente como éste. Pero no es la única vez. Aquí a mano, por ejemplo, tengo dos libros de Juan Ramón, de edición perfecta por Linteo Poesía aparecidos en Orense: se trata de La frente pensativa y Ellos, con materiales expuestos en publicaciones minoritarias o absolutamente inéditos.


Estos Diarios, que han visto la luz en una pequeña editorial de Logroño, son, decía, inequívocamente de Iñaki Uriarte: transmiten con bastante fidelidad su modo de ser, singular y envidiable, y su actitud, elegante y liberal, en las circunstancias no siempre sencillas en las que ha vivido. Aparecía por la tertulia del Guría, en el flanco del edificio del Victoria Eugenia de San Sebastián, sin avisar y se iba como había llegado . Apenas hablaba, pero teníamos en mucho su opinión, insinuada en alguna acotación o censura, y siempre formulada con ironía e inteligencia. Nuestros puntos de vista, andábamos por entonces por los veinte años, se formulaban, se refiriesen a cuestiones políticas o literarias, desde el pie algo forzado de la especialidad académica o profesional que comenzábamos a transitar, y seguramente incurrirían en alguna rotundidad que chocaba con el escepticismo y apertura absoluta de Iñaki Uriarte, de curiosidad más amplia y gusto mejor educado que el nuestro. Tenía entonces, y sigue conservando, una oposición total a las convenciones de cualquier establishment, como molestias injustificables y fatuas, a las que hacía frente no de modo dogmático sino con desdén condescendiente y leve.


Perdí de vista a Iñaki, o casi, durante muchísimos años: alguna vez lo entreví en Bilbao, durante la presentación de algún libro o casualmente en algún cine. Ahora reaparece, felizmente, en ese libro donde destila su vida en los fragmentos de diario que nos ofrece. Le han pasado cosas, que cuenta, rememorándolas. “He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incendió mi casa……. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Sólo es cuestión de edad. Todo esto me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos”.


Y ha visto y ha leído mucho. La lectura ha incrementado su escepticismo y su sabiduría: ha agudizado su capacidad de comprensión y de adaptación , sin las que la felicidad no es posible. Montaigne, Pla, Borges, algo de Baroja. También los franceses: Valery, Baudelaire. Sobra, para mi gusto, alguno: Borges, que no se enteró de la generación del 27, y falta, Iñaki, entre los viejos, al menos Juan Ramón y entre los nuevos, sin duda, Francisco Rico.
Divertidísimas tantas cosas de este libro: el capítulo donde transcribe las últimas palabras de ilustres moribundos, o la anécdota de su gato Borges, a quien la interina acaba llamando Jorgito (como diminutivo aproximado de borgito).


Lo que ve Uriarte es una sociedad vasca necesitada de las virtudes algo británicas de la relatividad y el sentido común, que quizás, para curarse de las virulencias del nacionalismo del que adolece, no requiere tanto una terapia de choque como un tratamiento prolongado de tolerancia y normalidad. Es aguda su visión del nacionalismo, como expresión más que como causa del fanatismo vasco, y al que reconoce incluso virtudes terapéuticas, si se toma para consumo interno en pequeñas dosis. El cree en la tercera vía: “Ni abertzale que me suena a burro, ni constitucionalista que me suena a catedrático. De nuevo tertium datur”. Algo duro, e injusto, no con los académicos, sino con los constitucionalistas. Si estos, a pesar de todo, no son las esperanza ¿quién sino?.


Iñaki sigue “sin ser del Athletic, como tampoco de Bilbao”. Pero, en un pasaje de tremenda emotividad, reconoce que con los años ha perdido la ciudad querida. En San Sebastián le atenaza la melancolía. “No sé estar en San Sebastián: se mezcla el momento actual con estratos muy antiguos de la infancia. Salgo a mirar la playa, pero vuelvo a casa sin haber visto lo que buscaba”.
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