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Fidel Castro: la caricatura de un fantasma

lunes 09 de agosto de 2010, 00:30h
Han pasado cuatro años desde que Fidel Castro diera su último discurso público, pero días antes de cumplir 84 años, se ha presentado ante el Parlamento cubano, reunido de manera extraordinaria a petición suya. En esta ocasión Castro no habló de la situación interna de Cuba, ni de las reformas anunciadas por su hermano Raúl Castro, ni de los presos políticos excarcelados. El tema de su discurso fue uno de sus favoritos: la acusación a Estados Unidos por su política belicista, la amenaza de un futuro apocalíptico en donde el “imperialismo” seria el responsable de todos los males.

Fidel Castro quería hablar de una posible guerra nuclear en Medio Oriente e incluso en el lejano Oriente, si Estados Unidos atacara a Irán o a Corea del Norte. Mencionó que en las manos del presidente estadounidense Obama está la decisión de iniciar una guerra de la que la humanidad no se salvaría, pero que entre todos se le podría persuadir de no hacerlo. Desde su punto de vista, Fidel es coherente con sus intereses: durante décadas, sobrevivió y prosperó (se entiende que su régimen totalitario, que no Cuba) en y de la Guerra Fría; liquidada la URSS por ruina del propietario, sólo un escenario de confrontación ofrece una alternativa de futuro a un régimen esclerótico y moribundo, apenas sostenido por transfusiones de petróleo del tiranuelo bolivariano.

Así nuevamente vemos a un anquilosado Fidel, con un discurso dramático, sin sentido, cargado de simbolismo y propaganda, vestido con su uniforme verde que ya no dice mucho para casi nadie. Sus discursos, siempre revestidos de una vieja idea de Guerra Fría, de confrontación entre “ellos” y el imperialismo, ya no causan gran preocupación. Fidel Castro es la imagen de un pasado, un personaje que no ha querido renovarse, que está fuera de lugar en el mundo actual, que ha perdido incluso su poder como “figura moral” para la izquierda. Castro ya no es Cuba, no representa a los cubanos, más que para tiranizarles y empobrecerles: por no representar, ni siquiera representa a los revolucionarios de hoy día. No es más que la caricatura de su propio fantasma.
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