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Juan Marichal. Muere un trasterrado

miércoles 11 de agosto de 2010, 20:10h
EL Imparcial recogía en su edición de las 21:32 del lunes 9 de agosto, la noticia del fallecimiento en Cuernavaca (México) del hispanista Juan Marichal. Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1922 y exiliado en México después de que terminara nuestra guerra civil, cursó estudios en la Universidad Autónoma de México, pero su vida académica y su producción quedaron ligadas a la Universidad de Harvard, a donde llegó, después de su doctorado en Princeton y siguiendo los pasos del que con el tiempo sería su maestro y del que continuaría algunas de sus líneas de investigación, don Americo Castro. El otro vínculo personal que condicionó su carrera intelectual fue su boda con la hija de Pedro Salinas, Solita Salinas, que también se encontraba en el exilio norteamericano.

Unan de las tareas más destacadas que asumió a lo largo de su carrera fue la de editar las obras completas de Manuel Azaña, al que dedicó luego una de las primeras biografías que se escribieron. Al margen de sus trabajos profesorales como Catedrático de Literatura Hispánica de Harvard, la parte más duradera de su obra está en los libros que fue publicando. Quedarán, a mi juicio, su magnífico estudio titulado La voluntad de estilo (1957), cuyo subtítulo describe con precisión la temática del libro: Teoría e historia del ensayismo hispánico. Del siglo XV al XX, recorre los 500 años de la atípica modernidad española, más volcada al “ensayo” en su doble sentido de búsqueda y tentativa que la triunfante sistematización que se impuso en la modernidad, después que Descartes y Galileo resolvieran la cuestión del método. Marichal se alinea con las tesis de Unamuno y Gaos respecto de que hay algo específico en la forma de pensar española que pide la forma intelectual “ensayo” antes que otras, como el tratado. De Teresa de Jesús y Feijóo, al que por cierto, dedicó su tesis doctoral, pasando por Cadarso y Jovellanos, el libro se encamina hacia su núcleo, los grandes autores del s. XX los Unamuno, Ortega, Castro, etc.

Cuando había vuelto a España, después de su jubilación americana, publicó un ciclo de conferencias que dio en la Residencia de Estudiantes sobre uno de los temas recurrentes de su obra: el intelectual y la política. Dedicó sendos ensayos a estudiar la manera en que la vocación intelectual de estos autores se encarnó después en su circunstancia histórica. De ahí el subtítulo con que apostilló a cada uno de ellos, que vendría a condensar su forma de entender la cosa pública desde las ideas. Así, Unamuno o el disidente, Ortega o el constructor, Azaña o el estadista y Negrín o el gobernante.

Su última publicación que yo sepa fue un libro que en cierto modo resumía su trayectoria, libro que tenía dentro otros libros anteriores. Me refiero a El secreto de España (1995), una historia de las ideas, a medio camino entre lo intelectual y lo político que, con la excusa de reconstruir los avatares del liberalismo español, reconstruía otra vez la crónica de la gran cultura española de entre siglos y hasta su quiebra de resultas de la ya mencionada guerra civil. Los últimos ensayos del libro testimonian una clara voluntad de restablecer el contacto entre las dos herencias paralelas e incomunicantes que dejó tras de sí el desastre político de la guerra, doblado en desastre cultural. El exilio y la cultura del interior bebieron en las mismas fuentes, toda vez que el dictum político del nacional-catolicismo no pudo imponerse sobre “el nivel de los tiempos”, para decirlo con una expresión orteguiana, que se había alcanzado en las primeras décadas del siglo. El tiempo ha terminado por poner en limpio los elementos de continuidad y diálogo que los mejores supieron salvar del desastre.

Marichal fue uno de ellos. De ahí que este “Secreto de España” termine con tres reflexiones coordinadas sobre “los intelectuales y la guerra de España”, sobre “la guerra civil medio siglo después” y sobre “el pensamiento trasterrado”, en donde comparecen sus compañeros de generación, Francisco Ayala o Ferrater Mora entre otros. Podemos leer este libro como su testamento intelectual y concluir que su herencia no pertenece a una de las dos Españas porque es propiedad de la única España que Marichal alcanzó a con-vivir, dejando atrás su transtierro.

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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