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Guatemala: El reposo de un combatiente idealista

lunes 16 de agosto de 2010, 18:50h
La reciente desaparición de Manuel Ayau, quien fue el primer iberoamericano en ocupar el cargo de Presidente de la Mont Pelerin Society ( foro que reúne a los más destacados liberales del mundo), ha causado profunda tristeza, de manera especial entre los latinoamericanos, porque este pugnaz guatemalteco, fue auténtico e incansable defensor de la libertad, en tierras donde lamentablemente el liberalismo ha tenido poca fortuna, debido -entre otras cosas- a la influencia del socialismo totalitario y de la ideología marxista, en el mundo académico y universitario.

Fue empresario de éxito en su querida e impresionante Guatemala, pero quiso que la situación de postración económica de su país cambiara, por eso no se limitó solamente a ser hombre de negocios; tomó la lúcida determinación de dar un combate modélico, en el campo en que la mayoría de empresarios latinoamericanos no suele inmiscuirse: el mundo de las ideas y de la educación. También incursionó en política como parlamentario y candidato a la Presidencia de la República.

El Muso como le decían sus amigos, era consciente que para ayudar a transformar a su país, era necesario emprender la difícil y larga batalla, que tenía como objetivo capital, la defensa de la libertad. Sí, un complicado reto en una nación como la guatemalteca, que al igual que la mayoría de los países de América Latina, no ha tenido tradición democrática, ni cultura de la libertad.

Por esa razón cuando su país se encontraba en plena guerra civil, y aún no había caído el muro de Berlín, fundó la Universidad Francisco Marroquín el año 1971. El idealista Ayau quería que este centro de estudios, contribuyera con la educación libre y democrática de los jóvenes guatemaltecos. Evidentemente se necesitaba tener coraje para acometer ese proyecto en medio de un panorama en el que la izquierda latinoamericana, se creía poseedora de la verdad, y ejercía su poder abusivamente.

Quien tenga la oportunidad de viajar a Guatemala, podrá constatar en el magnífico campus de la Marroquín, que el sueño de Ayau se hizo realidad. Este claustro cumple con responsabilidad, la función de educar a sus alumnos, algo que lamentablemente no acontece en muchos lugares de formación superior de centro y Sudamérica que, desde hace muchos años, abandonaron sus obligaciones pedagógicas, para convertirse en focos estimulantes de la lucha de clases y de la rebeldía contra el orden constitucional.

La Universidad Francisco Marroquín es el mejor y más rico legado, que el generoso Manuel Ayau ha dejado, no sólo a Guatemala sino también a otros países de esta parte del continente, que envían a sus estudiantes a formarse en un ambiente académico que no tiene nada que envidiar al de los países desarrollados.

La semilla que sembró el mítico Ayau para el crecimiento y fortalecimiento de la libertad en Guatemala, a través de la Universidad Francisco Marroquín, garantiza que el trabajo que realizó con vocación ejemplar, no ha sido en vano porque posibilita que ese entrañable país sea algún día el que él soñó.

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