www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

reseña

Julio Cortázar: La autopista del Sur

Julio Cortázar: La autopista del Sur. Nórdica. Madrid, 2010. 72 páginas. 8 €
Mucho se ha escrito sobre Julio Cortázar. Con justeza se afirma que en la narrativa del escritor argentino la certidumbre de lo cotidiano es sólo aparente, dado que no hay nada más fabuloso e irreal que la vida misma.

En este sentido, La autopista del Sur es mucho más que un fabuloso embotellamiento en la autopista de Fontainebleau a París, es como un reflejo de la sociedad de masas: anónima, consumista, sólo identificable a través de las marcas de sus automóviles. Pero, a su vez, este relato puede ser leído también como una metáfora de la inevitable instauración del pacto social como medio de frenar el caos hobbesiano de una guerra de todos contra todos.

La edición publicada por Nórdica (2010) plantea una lectura renovada de este cuento fantástico que inspiró a Jean Luc Godard su filme Weekend (1967). Con la consigna “relatos cortos para disfrutar en el tiempo que dura una película de cine al precio de una entrada”, la colección “minilecturas” invita a leer este relato breve por separado en un libro de pequeñas dimensiones. En rigor, la propuesta somete el imperativo de la brevedad a la necesidad de contextualización porque “La autopista del Sur “ es el primero de los ocho cuentos que integran Todos los fuegos el fuego, publicado en 1966.

La forma adoptada condiciona el contenido y, peor aún, en algunos casos modifica el ritmo de lectura previsto por el propio autor. En el original, La autopista del Sur es un relato agobiante, que parece emular el tedio, las pausas prolongadas y los breves avances que se producen en medio de un embotellamiento a través del empleo de oraciones cortas, yuxtapuestas. En aquella versión, el ritmo del relato acompaña las alternativas del atasco. En esta nueva edición, la decisión de extender el cuento –su espacio tipográfico– atenta contra la fluidez de la lectura pues los renglones son demasiado cortos –en promedio, no más de siete palabras por línea– y se requiere un esfuerzo extra para comprender una frase. Por ende, la consigna de leer en el tiempo que dura un filme se vuelve cuesta arriba.

Finalmente, una duda nos plantea la escueta biografía publicada en la solapa. Allí se puntualiza que el escritor nació en Bélgica, que fue hijo de padres argentinos y que “vivió buena parte de su vida en París, ciudad en la que se estableció en 1951, y en la que ambientó algunas de sus obras”. ¿Por qué se elude aclarar que Cortázar nació por casualidad en aquel país francófono, donde su padre había sido diplomático, y que pronto volvió a Buenos Aires, donde creció, trabajó como profesor en letras y, fundamentalmente, donde ambientó varios de sus mejores relatos? La obra de Julio Cortázar no sólo forma parte del canon de escritores argentinos, sino que el propio Cortázar se reivindicó como tal y escribió en un lunfardo acriollado característico del argot del porteño.

De todos modos, y pese a las objeciones señaladas, sea bienvenida la intención editorial de invitar a leer al genial autor de Rayuela desde una propuesta novedosa. Será en definitiva el veredicto del lector quien decida si es capaz de disfrutar la lectura de este relato en el tiempo que dura una película, “al precio de una entrada”, o si se queda atascado a mitad de camino.

Por Verónica Meo Laos
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.