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reseña

Richard Russo: El verano mágico en Cape Cod

sábado 21 de agosto de 2010, 19:38h
Richard Russo: El verano mágico en Cape Cod. Traducción de Mariano Antolín Ratos. Alfaguara. Madrid, 2010. 320 páginas. 21,50 €
Cape Cod es una pequeña península del estado de Massachusetts llena de enclaves turísticos y familiares. Es también el único lugar en la tierra donde los padres de Jack Griffin, dos relamidos e irónicos profesores universitarios, eran capaces de ser felices y de olvidar las frustraciones cotidianas, al menos durante las dos semanas al año en las que la familia pasaba las vacaciones allí.

Treinta y cinco años después de su boda con Joy, Jack Griffin –convertido a su vez en un respetable profesor de guión en una Universidad de la costa oeste– reflexiona, con las cenizas de su padre en el coche a la espera de ser esparcidas en –por supuesto– Cape Cod, sobre su vida y la auténtica influencia que la alargada sombra de sus amargos padres ha ejercido en sus decisiones vitales: desde abandonar una exitosa pero impredecible y frívola carrera como guionista en Los Ángeles, hasta el desprecio con tufillo esnob que siente hacia la bulliciosa y numerosa familia de su esposa.

Jack se plantea mil preguntas y compara lo conseguido con las promesas que él y Joy, una personalidad en las antípodas de la mujer fría e intelectual que representó su madre, se hicieron treinta y cinco años antes, durante su luna de miel en Cape Cod. Una luna de miel en la que, entre otras cosas, se prometió a sí mismo alejarse lo más posible de lo que simbolizaban sus padres. Y, sin embargo, echando la vista atrás, no puede dejar de ver que se parece mucho más a la arpía de su madre, con sus esnobismos y su crueldad respecto a quienes consideraba inferiores, de lo que le hubiera gustado. Peor aún, parece haber heredado la amarga insatisfacción inherente al difícil carácter de su progenitora, que le impide sentirse feliz y satisfecho, a pesar de haber logrado todo lo que se propuso durante su luna de miel en Cape Cod. Incluso esta elección aparentemente banal de Cape Cod como viaje de novios, se torna ahora contaminada de esa herencia de la que, presuntamente, lleva toda la vida huyendo.

Con una escritura sencilla y unos sus personajes absolutamente cotidianos y excelentemente construidos, con los que muchos se sentirán identificados, El verano mágico en Cape Cod se convierte, bajo su apariencia de novela costumbrista con tintes románticos, en una profunda reflexión sobre el paso del tiempo, la relación padres-hijos y, en última instancia, aunque suene demasiado trascendental, sobre el sentido de la vida.

Por Regina Martínez Idarreta
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