www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Argentina: Los dos relatos

domingo 29 de agosto de 2010, 13:06h
Toda guerra se compone de dos partes: una, la guerra en sí misma; la otra, su relato. Después de cada guerra, el relato que casi siempre ha predominado es el de los vencedores. Durante los años setenta la Argentina atravesó una guerra civil entre las Fuerzas Armadas y la organización guerrillera de los Montoneros, que ocasionó cerca de treinta mil muertos entre ambos bandos. Los militares ganaron esta guerra. La paradoja fue que, en lugar de haber sido escrito por sus vencedores, el relato predominante sobre la guerra civil argentina comenzó a ser, desde el regreso de la democracia en 1983, el relato de los vencidos.

Hubo sin embargo un período intermedio, entre 1983 y 2003, durante el cual los relatos de los vencedores y de los vencidos tendieron a moderarse bajo la influencia del primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín, cuya fórmula de enjuiciar solamente a los máximos jefes militares por sus abusos de derechos humanos perdonando al mismo tiempo a sus subordinados, a la manera de Nüremberg, fue mantenida por los presidentes que lo sucedieron. Durante estos veinte años, los relatos de vencedores y vencidos se fueron apaciguando en busca de la reconciliación entre los argentinos pero en 2003, cuando Néstor Kirchner asumió el poder, su interpretación del pasado viró bruscamente en favor de los Montoneros y contra los militares a un punto tal que, todavía hoy, mil oficiales continúan presos.

Este giro de Kirchner, ¿resultó de una auténtica conversión ideológica o fue la consecuencia de un cálculo político? La pregunta es válida porque hasta 2003 Kirchner nunca había objetado a los militares. Pero este interrogante se disipó la semana pasada cuando la señora de Kirchner, a quien su marido había escogido para sucederlo en la presidencia en 2007, lanzó por cadena nacional un virulento ataque contra los diarios Clarín y La Nación, acusándolos de haber aprovechado su relación con el gobierno militar para comprar en 1976 la empresa Papel Prensa, que es la principal proveedora del papel de diarios en la Argentina.

Hasta este discurso de la Presidenta, sin embargo, nadie ni en el gobierno ni en la oposición había cuestionado aquella compra desde que se concretó hace treinta y cuatro años. El dueño anterior de Papel Prensa, David Graiver, había sido el agente financiero de los Montoneros, que empezaron a presionarlo cuando no les devolvió su dinero. Muerto David en un misterioso accidente aéreo, sus familiares vendieron diversos bienes de la sucesión para saldar la peligrosa cuenta, incluidas las acciones de Papel Prensa. Esta venta, a consecuencia de la cual Clarín y La Nación pasaron a una posición mayoritaria en Papel Prensa, nunca había sido objetada hasta que la señora de Kirchner, en su discurso de la semana pasada, acusó súbitamente a ambos diarios, los principales de la Argentina, de haberse apoderado de la empresa de los Graiver con la complicidad del gobierno militar.

Los miembros de la familia Graiver fueron detenidos en marzo de 1977 por los militares, que buscaban verificar su conexión con los Montoneros y que, al hacerlo, violaron cruelmente sus derechos humanos. Pero al día siguiente del discurso de Cristina Kirchner el hermano mayor de David, Isidoro Graiver, relevó de toda responsabilidad a los directivos de Clarín y La Nación porque la venta de Papel Prensa había ocurrido seis meses antes de su detención mediante un procedimiento inobjetable.

De esta manera quedó al descubierto lo que ya todo el mundo sabe y la oposición, sin fisuras, subraya: que le embestida del Gobierno contra los dos grandes diarios independientes de la Argentina, lejos de responder al súbito descubrimiento de una nueva “verdad” en la que nadie cree, forma parte de una ofensiva general del kirchnerismo para hacerse de los medios gráficos y audiovisuales –éstos último con una de ley de medios que está detenida en la Corte Suprema- para completar, antes de las cruciales elecciones presidenciales del año próximo, el control estatal de los medios de comunicación. Pero esta ofensiva tiene un alto costo político porque dejó en evidencia que los Kirchner no vacilan ni siquiera en ensuciar la causa de los derechos humanos cuando ella les promete ser un medio conducente para lograr el fin que obsesivamente buscan: retener el poder como sea, sin límites y sin plazos.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios