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El cuello de la camisa del Estado

jueves 02 de septiembre de 2010, 22:52h
Todos conocemos la cita de Lord Acton: “El poder corrompe…” Seguro que es cierto. Pero lo que además es visible, casi palpable, es que cuando vienen mal dadas, el poder consume, desgasta, agota, dejando marcas visibles en el cuerpo del gobernante. Provoca esta reflexión, por demás obvia, las imágenes de nuestro presidente del gobierno, servidas por la TV oficial, que nos llegan de su reciente viaje por China y Japón. En la recepción tanto con las autoridades chinas del martes 31 de septiembre, como con las japonesas, un día después, el presidente lucía una camisa dos tallas más grande de la que correspondía a su cuello.


La cosa no tendría mayor importancia si no viviéramos en una sociedad en la que todo depende de la imagen, de la apariencia. Y el caso es que la apariencia de Zapatero, que comparecía en la rueda de prensa hablando de la solidez de la deuda pública española, daba imagen de todo lo contrario. En efecto le oíamos decir desde su cara demacrada, su sonrisa inconvincente, sus hombros decaídos y su mirada opaca y sin brillo, que la deuda pública española estaba sostenida por muchos años de fortaleza y solvencia absolutamente indiscutibles. Esperemos que no se le pasara por la cabeza a los interlocutores a lo que iba dirigido el mensaje la idea que se podía expresar así: “Vale. ¿Pero eres tú la imagen de la futura solvencia de la deuda española?


Me pregunto como español que no votará a Zapatero en las próximas elecciones, si su ayuda de cámara o su equipo “cuida-imagen”, que no sé lo que se estila ahora, se ha ganado el sueldo al permitir que su presidente se ponga ante las cámaras, vale decir, ante medio mundo mundial, teniendo en cuenta dónde está de visita, con una camisa en la que la prominente nuez presidencial puede bailar con la misma libertad con que el difunto Michael Jackson se movía por el escenario.


Puede parecer una broma, una exageración convertir una camisa de cuello demasiado grande en la viva imagen de la crisis económica que atraviesa el país y de la que dicen algunos que lo peor está por llegar. Así como nadie duda en asociar a Aznar con la guerra de Irak, aunque él no ordenara la invasión, creo que es inevitable asociar, no como su autor, pero sí como su fracasado gestor, la crisis con Zapatero, los ministros nombrados por él, las decisiones tomadas, y, sobre todo, las no tomadas. Y como no podemos sacarnos eso, la crisis, de la cabeza porque nos han bajado el sueldo y congelado las pensiones y el paro sigue siendo el doble que en la Unión Europea, cuando vemos la macilenta imagen de nuestro presidente con el cuello bailando a pesar del nudo de la corbata, la imagen que “leemos” en los destellos pixelados de la pantalla es “enfermedad”, zozobra, indeterminación.

Bueno, no nos pongamos tan dramáticos. También puede ser que el Sr. Presidente hubiera pasado una mala noche o que le acabaran de llegar las últimas noticias sobre la negociación de los próximos presupuestos con el PNV. (Dios mío! Lo que debe ser negociar con esos señores, decantada suma de cazurrería e ingenio jesuítico). Y termino con una observación y una súplica. Se trataba de un viaje de Estado. De ahí el título elegido.


Y, por favor, cuiden mejor la imagen del presidente que mal que nos pese nos representa allende los mares a todos los españoles. Y no es cosa de ir dando el cante y parecer que tiene uno el agua al cuello.

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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