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¿Cuánto debe costar una conmemoración nacional?

lunes 06 de septiembre de 2010, 21:55h
Esta pregunta nunca es fácil de contestarla. Podemos adelantar a nuestros lectores que pueden existir varias respuestas. Como se suele decir en México: ¿qué tanto es tantito?

El debate está servido en el caso mexicano. 2010 nos amanece en medio de una crisis que no acaba de remontar y con una situación en que los choques y el actuar de los cárteles de la droga, comprometen de cuando en cuando y de manera alarmante la seguridad de los ciudadanos en ciertas regiones; y ello sumado a un descrédito del gobierno federal causado por varias razones, ha generado una crispación en torno a la conveniencia o no de efectuar celebraciones en el año del Bicentenario de la Independencia nacional y del Centenario de la Revolución Mexicana.

Aunque para oponerse a ello no siempre se esgrimen argumentos sensatos ni inteligentes. Muchos se quedan en el intento y otros tantos revelan un simple despropósito de no coincidir políticamente, oponiéndose per se a cualquier iniciativa que provenga del gobierno, sea cual sea su nivel y su filiación.

Pese a ello, soy de quienes consideran que la palabra clave de 2010 es conmemoración, no festejo ni celebración. Echar cohetes como se dice, per se, no es el momento, pero de eso a minimizar en todo el andar de la patria por el gusto de hacerlo, tampoco lo veo razonable ni menos aún lo comparto. Cierto es que para mucho hacernos los sufridos, pero deberíamos ser más sensatos y más razonables en nuestros juicios.

En México desde el inicio en torno al tema de conmemorar el año 2010, se ha desatado un debate normal, sano, preciso a veces. El debate puede ser falso si no se sostiene adecuadamente, como ha sucedido en más de una ocasión. Queda la pregunta de si el gobierno federal y las correspondientes entidades federativas se han gastado o no una fortuna en las conmemoraciones patrias.

Mi impresión es que no, el gasto se ha movido en linderos aceptables. La sencillez de los actos, recurriendo a lo que se tiene, echando mano de instituciones, acervos y sistemas que aportan lo que tienen, antes que traer de lejos lo que costaría un ojo de la cara, indica que hay cuidado en el tema. No faltan los cuestionamientos certeros, pero conviene no perder de vista la sencillez de la gran mayoría de los actos y en donde ha primado el criterio de ser una ocasión extraordinaria. La gente debe saber que más de un gobierno y de una institución han recortado por mucho, las cifras que pensaban gastarse. No son tiempos boyantes.

Amén del republicano derecho a oponerse a cualquier acto conmemorativo que nos recuerde el andar de la Patria en dos siglos, los opositores han perdido de vista tres cosas fundamentales: 1) Las comunidades del exterior también merecen un momento de alegría con la Patria lejos, 2) la diversidad de opiniones es total. No se puede sin más suponer que no procede conmemoración alguna, pues hay tantas ideas como cabezas y ello obliga a un planteamiento por lo menos, cuidadoso e inteligente cuando se trata de oponerse, 3) los países tienen el derecho de aprovechar números redondos para que sus fiestas cívicas muevan conciencias y permitan el intercambio de ideas, moviendo la economía. No se le puede negar a México tal derecho y menos negárselo sus propios nacionales.

De entrada estoy de acuerdo en que se efectúen esos gastos, que ninguna nación se priva de ellos, y en que se dimensione a la Patria so pretexto de un aniversario redondo. A fin de cuentas todos los países conmemoran tales centenarios y México es el único país de la América hispana que cuenta en 2010, con dos motivos para sentarse a reflexionar.

Muchos mexicanos piensan que el derroche es inadmisible, pero reconozcamos que muchas iniciativas están en línea. Se ha pretendido tener una conmemoración decorosa y que se quedara en eso. También hay quien piensa que es inadmisible el gasto, pues dicen que sirve para apuntalar a una clase política. Eso simplemente me parece absurdo. Las conmemoraciones patrias están por encima de la clase política de turno, pues a fin de cuentas todos somos parte de ellas y cada quien puede asumir su propia manera de atender la efemérides. O de no hacerlo, que para eso también somos libres. Es una responsabilidad que parte de cada quien, no sólo de lo que haga o deje de hacer el Estado. Hay quien por oponerse al gobierno federal afirma románticamente, que sean las instituciones educativas las que asuman los festejos (dicho así). Mi respuesta es que a éstas poco les ha importado hacerlo en muchos casos. Uno mismo no ha corrido siempre con suerte para que se atiendan sus propuestas. De manera que no nos queda sino asumir nuestra particular responsabilidad.

Luego vienen debates como el generado por un australiano asignado como director de un espectáculo masivo, pero ya en Francia un japonés hizo la debatida pirámide del Louvre y oímos semejantes reclamos de la combativa intelectualidad francesa. Nadie se arrojó desde la Torre Eiffel por tratarse de un japonés. Los que aquí se oponen al oceánico no le conceden a Televisa mérito alguno para organizar nada, de manera que una empresa mexicana que podría actuar, tampoco las tiene consigo. ¿Entonces?

En 1992 visitanto España, y aun no habiendo internet, recuerdo haber leído bastantes cosas escritas en torno al V Centenario, la Expo, los Juegos Olímpicos y lo que todo ello costaría. Había opiniones variadas, encontradas, favorables, contrarías, vertidas con acritud, ramplonas unas, sesudas otras. Lo que leo ahora en México en mucho me recuerda lo que allá se dijo entonces. Los argumentos son asaz parecidos y las razones muy semejantes. Nada nuevo, pues. Lo normal.

Luego entonces, para mí 2010 es excepcional y la reflexión en torno al tema, sí que merece la pena.
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