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¿Cuántos muertos necesitan las democracias americanas?

Juan Federico Arriola
domingo 12 de septiembre de 2010, 12:10h
"Los muertos no somos chantajeables."
Mario Benedetti (Pedro y el capitán)

Si Alexis de Tocqueville resucitara y viniese otra vez al continente americano, reescribiría su famoso libro. Los héroes de la independencia y los revolucionarios americanos desde Washington hasta Bolivar y de Madero a Martí no entenderían que ha pasado con los países que fundaron y regeneraron.

Estados Unidos proclama la libertad y es el país más belicista en los últimos doscientos años. Los países iberoamericanos mantienen lazos comerciales, pero abren abismos políticos entre sí.

Octavio Paz decía que Estados Unidos es una democracia hacia dentro y una dictadura hacia fuera. México es un país profundamente hospitalario y es hoy por hoy uno de los países con más violencia cotidiana. Cuba está encerrada por los Castro y sólo ellos tienen las llaves de la información para el pueblo cubano. Costa Rica da muestras de una enorme civilidad y es el país más estable de América desde hace décadas. Argentina quedó empobrecida por la dictadura militar y el saqueo de Menem y hoy padece la gestión familiar del clan Kirchner. El antiguo golpista Chávez se adueña de Venezuela: prensa, educación, comercio, industria, banca y crédito están en la mira del militar populista.

Perú tuvo la dignidad de juzgar a uno de sus expresidentes más corruptos: Fujimori, pero siga atrapado por la pobreza.

La revolución mexicana tuvo un costo altísimo en vidas humanas: aproximadamente 1 millón de personas de todas las edades y de diversas nacionalidades.

¿Cuántas vidas se requieren para consolidar la democracia? ¿Cuántos sacrificios tenemos que hacer?

México celebra su independencia atrapado en violencia delictiva a gran escala, pobreza y dependencia económica con Estados Unidos.

La democracia en casi todo el continente americano es más formal que material. Hay elecciones y cierta libertad de prensa, pero la delincuencia organizada es un obstáculo terrible a nuestras aspiraciones democráticas.

En Estados Unidos no baja el consumo de drogas. ¿De qué sirve atrapar en México a narcotraficantes y sicarios sumamente peligrosos si son sustituidos al poco tiempo para satisfacer al mercado estadounidense?

¿Cómo podemos vencer los pacifistas la industria belicista? ¿Qué haría Gandhi en Estados Unidos?

Iberoamérica está desunida, tanto o más que el mundo árabe. Los iberoamericanos hemos hecho de la lengua castellana una torre de Babel: no nos entendemos bien entre nosotros.

España nos mira desde lejos. La madre patria consolida su democracia a pesar de la amenaza terrorista y el desempleo que no es menor. Iberoamérica lucha por sobrevivir entre caudillos, delincuentes y gente pobre.

La dictadura es sanguinaria por naturaleza. No queremos una dictadura para resolver los problemas que ventila pero que no crea la democracia.

Saldré a la calle como aquel viejo filósofo griego con una linterna. En mi caso, para buscar demócratas, porque sin demócratas no puede existir democracia. Estoy convencido.

Reportaré a los lectores de El Imparcial si encuentro algunos demócratas en América en los próximos meses...Buscaré también entre los muertos, porque como dijo Pedro el personaje sufrido del escritor uruguayo Mario Benedetti, ellos no son chantajeables. Hablaré entonces con los espíritus de Washington, Tocqueville, Hidalgo, Morelos, Bolívar, Sucre, San Martín, Martí, Madero y Emiliano Zapata.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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