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Una nueva derecha, una nueva izquierda

domingo 16 de marzo de 2008, 18:24h
Quizás porque nuestra democracia aún es demasiado joven o porque nunca en nuestra historia hemos asimilado en qué consisten las reglas del juego, tenemos en España un problema que no se soluciona con cuatro caras nuevas en el PP -o en el PSOE- o con cinco iniciativas con más forma que fondo.


El caso es que ni la derecha ni la izquierda españolas están asumiendo el papel que les toca como garantes de un Estado de Derecho, sin el cual ninguna de las dos tendrían razón de ser.


La derecha española, representada por un PP corto de miras y esclavo de un pasado que no debería asumir como suyo, ha de soltar lastre. Entender que no tiene sentido seguir predicando conceptos caducos y absurdos que la atan a un modelo que no le beneficia ni a ella ni a sus votantes. Eso no quiere decir que pierda su esencia ni identidad. En el PP hay sitio y -sobre todo, hay voces que lo piden- para una derecha laica, liberal y moderna. Hay muchas personas de gran valía y potencial dentro del partido y ahora es el momento de que éstas tomen el poder. La derechona ha de dejar paso a la derecha.


Los socialistas, por su parte, también deberían hacer examen de conciencia. La victoria de las pasadas elecciones y el momento dulce que están viviendo, no pueden ocultar el hecho de que, con o sin votos, el modelo implantado por Zapatero no responde a los cánones que deberían marcar las pautas de una socialdemocracia seria y responsable. La izquierda española está cautiva de un presente vacío, más preocupado por enarbolar eslóganes oportunistas que por indagar en las sólidas raíces socialdemócratas que deberían ser su base. El PSOE parece haber olvidado que ser de izquierdas requiere un compromiso más profundo que el apoyo superficial e inconsciente a las cuatro consignas electoralistas de turno. Ser socialista debería ir más allá de apoyar al doctor Montes, estar a favor del matrimonio homosexual o ser fan de Ana Belén.


El punto de encuentro necesario y vital para la supervivencia de una auténtica y legítima democracia, llegará cuando tanto PP como PSOE entiendan que ambos son dos caras de la misma moneda. Cuando comprendan que, por encima de todo, tienen un compromiso con un Estado que ha de ser garante de las libertades y derechos de todos los ciudadanos. Ambos partidos han de superar la tradicional tendencia cainita de nuestros políticos y replantearse las reglas de juego. Necesitamos una nueva derecha, sí, pero también una nueva izquierda.

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