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Andalucía, ¿una región a remolque?

viernes 17 de septiembre de 2010, 18:53h
Como andaluz, me siento algo perplejo con el ambiente que está provocando el caso del Estatuto catalán y la actitud de una buena parte de los catalanes con el resto de España y especialmente con Andalucía. Una mañana de comienzos del verano escuché por la radio a una señora de Tarrasa que, a propósito del Estatuto, sin ánimo de mostrarse muy radical en su catalanismo, dejaba caer que era injusto que los catalanes estuviesen sosteniendo, con su laboriosidad y su esfuerzo, a regiones como Andalucía, que vivía poco menos que a remolque de la economía de Cataluña. Por tanto, concluía, veía justo que el tratamiento que debía dársele a Cataluña tenía que ser distinto al resto de las Comunidades, que eran menos ricas, producían menos y eran menos merecedoras de las ventajas políticas, económicas, fiscales y de todo tipo que proponía el nuevo Estatuto.

Yo creo que esa es la impresión que se ha impuesto en muchos catalanes normales (cuando digo normales, me refiero a que no forman parte de la clase política), independientemente de las reivindicaciones de tipo identitario o histórico. Su argumento es el siguiente: “Nosotros, que somos ricos, emprendedores y laboriosos, podemos prosperar y desarrollarnos todavía más si nos vamos desprendiendo de la rémora que supone arrastrar con nuestro esfuerzo a las otras regiones del Estado”. El discurso de aquella señora, sin duda buena ama de casa y alejada de los círculos políticos, y que no era -repito- ni agrio ni violento, me hizo sentirme, como andaluz, profundamente acomplejado. ¿Será verdad que estoy chupando de la ubre catalana? ¿Deberé reconocer que mi situación, de la que no me quejo, se debe al buen hacer y a la generosidad de los catalanes? ¿Es cierto que suponemos una carga insoportable para una Comunidad que está harta ya de subvencionar a los más pobres e indolentes?

Dos cosas me han hecho aliviar últimamente ese complejo de andaluz parásito y vividor a costa de otros. Dos noticias que deshacen en parte el tópico de una región meridional como la andaluza, atrasada, perezosa y holgazana que al parecer sigue predominando más allá de sus fronteras. Por una parte el contrato que el Gobierno de los EEUU ha otorgado a ABENGOA para construir un campo de energía solar en Arizona. ABENGOA es una gran empresa andaluza, creada en 1941 por un ejemplar empresario andaluz, Felipe Benjumea, que se ha convertido en una de las más innovadoras y competitivas que existen hoy en España y en el mundo. La otra causa de mi reconciliación con mi condición de andaluz es el estudio que se acaba de publicar bajo la dirección del historiador A.M. Bernal (El empresariado andaluz en perspctiva histórica, Sevilla, Escuela andaluza de Economía, 2010) en el que se desmonta el estereotipo del empresario de Andalucía como el clásico señorito que vivía a la sombra de las rentas de su explotación agraria. En el libro dirigido por Bernal se señalan la capacidad de iniciativa y las cualidades emprendedoras de los empresarios andaluces a la hora de crear riqueza y que no sólo supieron adaptarse al curso de los tiempos sino que han sido tan competitivos como los de cualesquiera otras de las regiones españolas, incluida la catalana.
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