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ORIENT EXPRESS

[i]Not welcome[/i]

martes 21 de septiembre de 2010, 08:33h
Ricardo Ruiz de la Serna denuncia las atrocidades cometidas por el régimen iraní.
El próximo jueves 23 de septiembre de 2010 está prevista la intervención del Presidente de la República Islámica de Irán ante la Asamblea de Naciones Unidas. Allí, trataré de mostrarse conciliador y propondrá un encuentro con el Presidente Barack Obama para tratar de la cuestión nuclear y del conflicto de Oriente Medio.

El régimen de Teherán trata de convertirse en una potencia regional con capacidad de marcar la agenda internacional y el calendario político de la región. La Guardia Revolucionaria garantiza la represión de los opositores y el control de la población mientras el sistema bancario iraní contribuya a eludir las sanciones internacionales y Teherán elude una y otra vez los controles internacionales sobre su sospechosísimo programa de desarrollo nuclear.

En realidad, las atrocidades del régimen iraní son conocidas. Como ha recordado la asociación por derechos humanos NO A LA BOMBA en el marco de la campaña NOT WELCOME, la República Islámica de Irán ha consumado 350 ejecuciones al año de media (casi una ejecución diaria). Más de 4.000 homosexuales han sido ejecutados. Hay 8 mujeres y 2 hombres pendientes de lapidación. La represión se extiende a líderes sindicales, opositores y periodistas. Desde el triunfo de la revolución islámica de Irán, se han suspendido varios miles de periódicos, detenido a cientos de periodistas, condenado a penas graves a otros cientos y ejecutado sumariamente, o asesinado, a varias decenas. Desde la reelección de Ahmanideyad han sido suspendidos 29 periódicos y se ha detenido a más de 130 profesionales de los medios de comunicación. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muchos trabajadores, particularmente trabajadores extranjeros, siguen sin disfrutar de derechos sindicales. Aquellos que intentan ejercer sus derechos se ven confrontados a una durísima represión en Irán. Muchos líderes sindicales están en prisión.

Así, la amenaza que los ayatollahs extienden a través de los grupos terroristas a los que apoyan; la opresión que sufre el pueblo iraní; la represión de los opositores y las sistemáticas y constantes violaciones de derechos humanos, en especial los de mujeres, homosexuales y minorías deslegitiman al Presidente de la República Islámica de Irán como orador en la Asamblea de las Naciones Unidas. Un régimen tiránico no puede dirigirse a los Estados democráticos en pie de igualdad.

La presión internacional ha conseguido que Sakineh Ashtianí, la mujer acusada de adulterio tras un proceso plagado de irregularidades, sea azotada en lugar de lapidada. Sin embargo, es una falsa concesión. ¿Sobrevivirá a los 99 latigazos del verdugo? ¿Acaso no sigue siendo una atrocidad torturar a un ser humano? Occidente corre -una vez más- el riesgo de traicionarse a sí mismo y al proyecto de razón, libertad, democracia y Estado de Derecho que ha representado para el mundo durante décadas.

La Asociación pro derechos humanos NO A LA BOMBA ha pedido al Ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos que ordene a los diplomáticos y representantes españoles presentes en la Asamblea General de Naciones Unidas abandonarla en señal de protesta cuando Mahmoud Ahmadineyad tome la palabra. Es necesario un gesto para demostrar que el Presidente no es bienvenido mientras estas cosas sucedan en Irán.

Las confieso que no soy muy optimista. El ex-Ministro Juan Fernando López-Aguilar ya ha dicho que la posición del Gobierno español frente y contra la pena de muerte es inflexible y rotunda. En el Parlamento Europeo hemos condenado esta barbarie de la Justicia penal iraní sin ambages. Las resoluciones y movilizaciones de los parlamentarios europeos han influido en la suspensión decretada en Irán. Dicho esto, no le corresponde al Gobierno de España fijar las reglas de admisión de terceros a las tribunas de las organizaciones regionales o internacionales como Naciones Unidas. Naturalmente, el eurodiputado elude la cuestión porque se trata de que la delegación española abandone la sala como protesta y no de que Ahmadineyad sea o no admitido.

Mientras tanto, mujeres, homosexuales, disidentes y opositores sufren la cárcel, la tortura y la muerte. Millones de iraníes sufren la opresión de un régimen tiránico y teócrata. El día 23 de septiembre alguien tendrá que decirle a Ahmadineyad que el representante de un régimen que acumula tal cantidad de atrocidades no es bienvenido a la Asamblea General de Naciones Unidas.

¿No les parece?