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Berlusconi: ¿salvador o violador?

domingo 03 de octubre de 2010, 20:43h
En el día de su cumpleaños, Silvio Berlusconi ha obtenido el tan anhelado voto de confianza del Parlamento italiano. Sin embargo, el cavaliere tiene poco que celebrar (y no me refiero sólo por los años cumplidos -eheu fugaces labuntur anni): el respaldo a su postrado proyecto ha sido logrado gracias a la ayuda de su enemigo íntimo, Fini y al voto de sus rebeldes. La jornada nos invita a varias reflexiones.

Cuando Berlusconi afirma que “no hay alternativa”, dice la verdad y eso debería preocupar –y mucho- a los italianos. De momento, Berlusconi, que ha parecido cansado, molesto y aburrido (por eso, durante las intervenciones ha pedido que le trajesen una revista de casas) representa la única persona capacitada para conducir el país. Hacia donde, no se sabe y los augurios no son los mejores.

Se puede considerar la legislatura de Berlusconi como “formalmente acabada”: el recuento de los votos demuestra que la estrategia berlusconiana ha fracasado. Para nada ha servido enseñar los músculos, lanzar un anatema a los fieles de Fini, anunciar la autosuficiencia del Gobierno o emprender la lamentable campaña de fichajes (en Italia, el voto es como el dinero: pecunia non olet). El gobierno no cuenta con una mayoría autónoma y el apoyo de Fini resulta indispensable. La compraventa no ha servido de mucho; además el mercado de los votos se presenta como volátil e inestable, flotante según la oferta: quien se vende hoy, podría revenderse mañana a un precio mejor, a quien le importa la ideología y la moralidad.

Esta semana se ha manifestado, una vez más, la verdadera naturaleza de la política italiana, calculadora, cínica y maquiavélica, pero también variable dependiendo de elementos irracionales e instintivos. Preocupa que ahora comience un periodo de precarios equilibrios que podría prolongar la agonía gubernamental durante una semana, un mes o, aún peor, un año. Nos espera un periodo de tácticas orientadas a la supervivencia, una precaria situación de interinidad, un gobierno rehén del presidente de la Cámara o de los francotiradores cada vez que se vote. Mientras tanto los votados (no se le puede llamar elegidos ya que en Italia es el partido quien decide a quién se elige, mientras el pueblo sólo vota) seguirán haciendo cálculos para decidir con quién quedarse, haciendo cabalas sobre las próxima elecciones, ofreciéndose al mejor postor, sin ser garantes de ideología o moralidad alguna –perdonad si me repito.

Mientras Bossi agita el fantasma de las elecciones anticipadas como única solución para salir de la crisis, Berlusconi quiere agotar la legislatura y no porque esté preocupado por la estabilidad del país: el cavaliere sabe que no le conviene una votación ahora. Las encuestas subrayan que el resultado no sería tan favorable. Por eso, mejor aguantar, recuperar fuerzas, denigrar la imagen de todos sus enemigos atacándoles con sus propios medios de comunicación (“la maquina del miedo”, según la expresión de Saviano) y luego, presentarse nuevamente como el salvador de la patria, que sigue en política no por ambición o por la necesidad de eludir sus procesos, sino para cumplir su misión de socorrer Italia de la amenaza comunista.

La oposición, incapaz de aglutinarse y postularse como opción creíble, se mostró muy dura: Bersani afirmó que Berlusconi lleva 15 años contando fábulas –la última es que anuncia su deseo de terminar la autopista Salerno-Reggio Calabria (empezada en 1964) pero luego anuncia el recorte de los fondos para la obra. Quizás el líder del Partido Democrático tenga razón: pero estos cuentos dormitan a la opinión pública italiana. Por su parte Di Pietro, definió a Berlusconi “un violador de la democracia, un corruptor masón”, afirmando que la mayoría “votan la confianza para poder mantener sus poltronas”. En realidad nada que ya no supiéramos. Berlusconi es visto como “salvador de la patria” por algunos (pocos lo manifiestan, muchos lo creen) o como “usurpador del poder, megalómano que viola constantemente las reglas democráticas” por otros.

Y, ¿Fini? La paradoja del presidente de la Cámara ha sido subrayada en varios periódicos nacionales: mientras quería contrastar el “eje del Norte” y defender los intereses del sur, su actitud ha reforzado la Liga Norte, ahora verdadera aguja de equilibrio nacional. Y, ¿qué hacer ahora? Puede ser que dimita, pero no tanto por motivaciones institucionales, sino por aumentar sus fuerzas y desafiar a su antiguo amigo.

En el parlamento italiano, se ha asistido a una escena de la comedia del arte, a un espectaculo ridículo en el que quien pagará el precio más alto será el pueblo italiano. Una payasada: un “si envenedado”. La impresión es que el presidente ha podido obtener la confianza del Parlamento, pero no podrá gobernar a un país.Ya estamos en la agonía de la Segunda República, tan debíl como parecida a la primera. Corruptos, transfugas, vedettes: nada nuevo bajo el sol.

Ps. Berlusconi contando un chiste machista, malo y blasfemo –pobre Dios-: ¡lo que faltaba! De mal en peor: por eso no me extraña que, en toda Europa (en Madrid organizado por amadridsimuoveunaltraitalia.org, plataforma promotora de eventos y actividades culturales de gran nivel en la capital de España) haya habido manifestaciones pidiendo las dimisiones del Presidente dentro de la jornada “No B Day 2”.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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