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Mario Vargas Llosa:la literatura y la vida

jueves 07 de octubre de 2010, 20:42h
El anuncio de la concesión del Premio Nobel de Literatura 2010 al escritor Mario Vargas Llosa me ha llenado de alegría. Pocas veces un galardón ha sido tan merecido y, al mismo tiempo, ha tardado tanto tiempo en concederse. No resulta nada increíble el veredicto, sino que no se hubiese dado a conocer muchísimos años antes. Precisamente hoy jueves, a la hora de la comida, hablaba con mi buen amigo y colega Xavier Pla, mientras degustábamos un excelente menú japonés, de la dificultad de entender los criterios de los premios Nobel y ambos nos lamentábamos de que, seguramente, este año volverían a predominar las mezquindades y prejuicios ideológicos y, en consecuencia, tampoco le tocaría el turno a Vargas Llosa. Nos hemos despedido tras los cafés y, curiosamente, al llegar a mi casa estaba sonando el teléfono. Era Xavier anunciándome que acababa de ver en la televisión que el premiado de este año sí era el escritor peruano-español. Como lector y como admirador de la obra de Mario Vargas Llosa, pienso que se repara hoy, por fin, una injusticia y se reconoce, aunque tarde, el lugar fundamental de este autor en las letras no solamente hispanoamericanas, sino universales, del último medio siglo.

Entre las novelas de Vargas Llosa mi preferida y la que más veces he leído y releído es La guerra del fin del mundo, de 1981. Este libro constituye, en mi modesta opinión, la más perfecta y total de las novelas de este autor y una de las grandes obras maestras de la literatura universal del Novecientos. Las aventuras de Antônio Conselheiro y las guerras de Canudos me cautivaron desde las primeras páginas. Leí la novela –la devoré, más bien, pienso- de un tirón la primera vez. Y, en la última ocasión que me consagré a su lectura, a fines de enero de este año, me acompañó en un viaje a Cartagena de Indias para participar en el Hay Festival, en el que, precisamente, Vargas Llosa era la principal figura invitada. La novela me llevó hace tiempo a interesarme por la bibliografía sobre el conflicto de Canudos –en especial, el clásico de Euclides da Cunha, Los Sertones (1902), que tanto había inspirado a Vargas Llosa- y, asimismo, sobre la filmografía de este episodio histórico, entre la que destaca la interesante película de Sergio Rezende, Guerra de Canudos (1997). Uno de los personajes de la novela, el innominado periodista miope –el único que ve claro, tras perder los lentes con los que muchos miran la realidad-, afirma que Canudos “no es una historia, sino un árbol de historias”. Podríamos afirmar, en el mismo sentido, que La guerra del fin del mundo no es solamente una novela, sino un árbol de novelas, en el que se reflejan maravillosamente y en toda su complejidad las distintas caras y lecturas de la realidad.

Otras muchas novelas y narraciones de Vargas Llosa me han cautivado, desde La casa verde hasta Travesuras de la niña mala, pasando, entre otras más y sin voluntad de ser exhaustivo, por La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, Lituma en los Andes o La fiesta del chivo. Todas ellas, sin duda, grandes, enormes obras. Está a punto de salir a la calle la última novela del autor -El sueño del celta-, que sigue publicando a un ritmo tan regular como admirable. Deberíamos añadir, evidentemente, los ensayos, algunos de ellos magníficos: La orgía perpetua, García Márquez: historia de un deicidio, La tentación de lo imposible o El viaje a la ficción, dedicados, respectivamente, a Gustave Flaubert, Gabriel García Márquez, Victor Hugo y Juan Carlos Onetti. Sin olvidar, evidentemente, el extraordinario ensayo La verdad de las mentiras. La producción literaria de Vargas Llosa es vasta y diversa, incluyendo también teatro, cuentos infantiles y artículos periodísticos.

El artículo que Mario Vargas Llosa viene publicando desde hace bastantes años en el diario El País, con periodicidad quincenal, se ha convertido en referencia destacada e ineludible, contribuyendo decisivamente a consagrar a su autor como uno de los más destacados analistas políticos y críticos culturales del panorama actual. Frecuentemente estos u otros artículos son recopilados en volúmenes. Entre los más o menos recientes sobresalen Israel/Palestina: paz o guerra santa y Sables y utopías. Visiones de América Latina. En el primero se agrupan los textos redactados por el autor, en 2005, tras una estancia en Israel, la franja de Gaza y Cisjordania. Destaca en el volumen la calidad de la escritura periodística de Vargas Llosa, así como su independencia y pasión por la libertad. La defensa que siempre hizo de la existencia de Israel se combina con una mirada crítica y la denuncia de toda posición sectaria y antidemocrática, provenga del bando que provenga.

A Sables y utopías, editado en 2009 por Aguilar, dediqué hace unos meses una larga reseña en la sección de este periódico “Los Lunes del Imparcial”. Terminaba mi comentario sobre el libro sosteniendo que en todas y cada una de las páginas emergía un ciudadano escritor que ha asumido un fuerte compromiso con América Latina –lean también, si tienen ocasión, su Diccionario del amante de América Latina (2005)- y, más allá, lo que lo convierte en universal, con la democracia y la libertad. Un compromiso valiente que, al margen de su gran talla literaria, le honra como referente fundamental en unos momentos de plena crisis, en el mundo occidental, de los auténticos intelectuales. Me reafirmo ahora en todas y cada una de las anteriores palabras. El compromiso de Mario Vargas Llosa con la escritura, en primer lugar y por encima de todo, y, asimismo, con la sociedad, con la vida, hacen que su obra brille con luz propia e ilumine el universo de las Letras. La literatura y la vida, en fin de cuentas. El galardón que acaba de concedérsele, el Premio Nobel de Literatura, reconoce algo que miles y miles de lectores ya habían reconocido. Bienvenido sea.

Enhorabuena, Mario, y que por muchos años podamos seguir leyendo y releyendo tus artículos y tus libros.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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