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La izquierda mexicana en trance

domingo 17 de octubre de 2010, 16:27h
Divide y vencerás. Existen dos aspirantes que buscan ser abanderados de la izquierda mexicana a las elecciones presidenciales de 2012. Dos personalidades despuntan: Marcelo Ebrard, alcalde de Ciudad de México y de nuevo, Andrés Manuel López Obrador, el candidato perdedor de las elecciones de 2006. Amén de la libre concurrencia, los electores todos merecen conocer la mejor propuesta que extienda cada uno de los posibles abanderados. Propuesta, si es que la hay.

Aparte de que tal dualidad ya de por sí debilita, dividiéndola, a esa corriente política –dado que ambos se dicen destinados a abanderar la causas de la izquierda–, en otras condiciones las dos cabezas visibles no deberían de representar problema alguno si accedieran a reconocer la urgente unidad requerida, si es que desean ganar la contienda electoral en dos años; pero hay demasiados intereses en juego y encima, la izquierda en México ha sido muy débil históricamente hablando.

De cara a 2012, la izquierda mexicana pasa por un trance y llega debilitada, dividida y sobre todo, careciendo de un discurso renovado y propositivo, sostenido y viable; llega con dos cabezas igual de mesiánicas, igual de protagónicas, igual de estridentes e igualmente convencidas de ser las únicas merecedoras de tal abanderamiento y reclamando ser las únicas progresistas de México (cosa muy lejos de ser así), con discursos incendiarios, excluyentes y apabullantes, igual de empecinadas en no ceder su espacio al otro y con un mismo origen político: el PRI, que dejaron cuando los excluyó del poder al que estaban tan acostumbradas. Nunca fueron de izquierda. En respuesta, ahora van de izquierdas, dicen, y nos lo aseguran. Difícil creérselos.

Los ‘peros’ a esas candidaturas se sostienen en que no debe olvidarse que la izquierda mexicana jamás ha sido históricamente fuerte, por lo cual debería de recordarlo y evitar divisiones y desgastes innecesarios como está empeñada en hacerlo; se requiere echar mano legítimamente de líderes carismáticos, pero también precisa ante todo, de una sensatez discursiva que atraiga electores. Hoy tiene dos “líderes” sin visión. Eso le ha fallado una y otra vez y promete sucederle de nuevo. No basta llenar la plaza mayor de toda ciudad, se necesita llenar las urnas mayoritariamente y eso es justo lo que la izquierda mexicana jamás ha podido lograr para acceder al gobierno nacional.

Una izquierda mexicana debilitada y sin discurso incluyente favorece a otras opciones. Una izquierda que prima el protagonismo de sus líderes como ahora antes que los intereses de las mayorías que dice representar, está condenada al fracaso otra vez. En vez de proponer a largo plazo, se hundirá irremediablemente una izquierda sin propuesta real y viable, más cercana a las medidas populacheras y fugaces que la distinguen y en la que uno de su líderes, Ebrard, es particularmente proclive a ellas –con una soberbia discursiva que poco ayuda a la causa–. No conforme, Ebrard ha dicho que pretende que sean las encuestas de opinión (¿creíbles?) y no los intereses ideológicos de estrategia electoral necesarios, aquellas que definan quién será el abanderado, lo cual debilita de manera creciente la opción que podría ser en otras circunstancias, aquella que otorgara un respiro a México. Puede constatarse así que la cortedad de miras es más que elocuente y el protagonismo estéril es más dañino que nunca.

La izquierda mexicana se presenta confusa y carente de proyecto definido. Resulta nada atractiva para los votantes que valoran proyectos reales y de largo plazo, pues abreva hoy de discursos trasnochados, que en muchos casos la alejan de la vanguardia de la que no se cansa de presumir. Prima su imagen rijosa antes que propositiva y decirlo enoja a sus simpatizantes. Ahora está en trance y no promete salir airosa. Careciendo de una cara de modernidad tan necesitada en los tiempos que corren, posiblemente arrastrará al desastre electoral a quienes creen en ella y confían –a veces parece que ciegamente– en que solo bastarán un par de anuncios estridentes para alcanzar la victoria. Craso error. La ronda el fracaso y pareciera que no se da cuenta o no quiere.

Pero allí están las evidencias, para fortuna de quienes desean un futuro mejor y no complaciente llevado de la mano de esa izquierda mexicana protagónica y extraviada, que al paso que va nada propone ni lo hará.
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