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Cegueras francesas

miércoles 20 de octubre de 2010, 10:30h
¡Y ya van seis! Seis jornadas de manifestaciones a escala nacional, de huelgas que se estan convirtiendo en huelgas indefinidas y ahora movilización de los estudiantes de instituto, es decir chavales entre 14 y 17 años, cuyos conocimientos de los desafíos políticos, sociales y económicos son de sobra agudos y fundados, y un país que se está paralizando por falta de abastecimiento de carburantes (tanto para los coches como para los aviones). Enfrente: un gobierno soberbio y bastante altanero (¿pero se puede, a estas alturas de su mandato, esperar ya otra cosa de Sarkozy?). Estos días, Francia da la impresión de un navio sin rumbo, de un país sino tercermundista (esta categoría ya no existe) sí agotado, debilitado, sin proyecto de futuro.

¿Me pregunto si estaré pecando por exceso de pesimismo? Me temo que no. Ahí estan algunos datos :
1º/ El tema de la reforma de las jubilaciones ocupa la agenda política desde 1988. El entonces primer ministro Michel Rocard habló de un problema que podía hacer caer a cinco o seis gobiernos (y pasó de puntillas). Hoy por hoy el balance es el siguiente : una primera reforma en 1993 (gobierno de Edouard Balladur), otra en 2003 (llevada a cabo por el entonces ministro de Asuntos Sociales François Fillon), una tercera en 2007 (sobre los regímenes especiales) y este último intento de 2010 (sólo para financiar el sistema hasta el 2018). Resultados: un alargamiento del tiempo de cotización (hemos pasado de 37,5 años a 41,5) y ahora el retraso a 62 y 67 años de la edad legal. Con eso, nada está asegurado. Con 44 años hoy uno puede estar seguro de conocer por lo menos dos o tres reformas más.

Estructuralmente, no se ha hecho mucho. No hubo concertación global (y es una pena porque los líderes sindicales de hoy son seguramente de los más lúcidos del último medio siglo), ni hubo esfuerzo de pedagogía. El sistema francés de pensiones mantiene 37 régimenes distintos (algunos de los más escandalosos son los de los parlamentarios y de los empleados del ferrocarril). ¡La reforma de 2007 cuesta hasta el 2020 más de lo que pretende ahorrar!

La culpa es de la sociedad francesa en su totalidad. Nos hemos quedado mirando hacia otra parte, creyendo en nuestra natural superioridad. Hoy, Francia es un país endeudado (el 90% del PIB y hay proyecciones hasta el 120% en 2015… y pensar que en 1981 estábamos en el 17%), con ninguna credibilidad presupuestaria (pero sí, dado a dar lecciones a sus socios europeos). Hemos dilapidado nuestra riqueza… toca pagar ahora y en los años venideros.

¿No era concebible una gran concertación nacional entre 1988 y hoy…? Los gobiernos de derecha han hecho algunos deberes y la izquierda de gobierno se ilustra por una cobardía de antología que le resta mucha credibilidad hoy (¿por qué un gobierno socialista sería ahora capaz de reformar cuando no lo ha hecho entre 1988 y 1993 y entre 1997 y 2002?)

2º/ Llevamos más de cuarenta años destruyendo nuestro sistema de educación nacional empezando por capitular siempre delante de una revuelta juvenil. La agitación de los jóvenes de los institutos no sólo es grotesca sino que augura una nueva derrota de la inteligencia. Desde 2003, no hay un curso escolar que no haya sido perturbado por estos actos. Y desde 2003, cada año el éxito de los jóvenes en el examen final – el famoso baccalauréat – es mayor. ¡Cuanto menos estudias, más apruebas! Ni el ministerio de educación, ni la policía quieren asegurar la seguridad y la libre entrada en los institutos. Resultado: todo pesa sobre los directores de centro. Sin el menor respaldo administrativo, algunos se acobardan mientras otros resisten… Otro espectáculo lamentable de un país que se autodestruye. La educación es hoy una variable de la política social, con un fuerte coeficiente demagógico pero ya no es una política de instrucción y de cultura. Otra capitulación de la inteligencia.

3º/ En estos días, en Francia sólo se habla de Francia. Para saber lo que occurre en el mundo, hay que irse a los medios anglosajones, a los medios alemanes, a los medios españoles… ¿Pero es que somos una isla?

No estamos solamente ciegos. Ciegos hacia el mundo que nos rodea. Ciegos delante de los riesgos sociales y políticos que nos amenazan y que resultan de la cobardía de una sociedad que resiste a transformarse y que se está paralizando… ¿Una sociedad? Quizá haya que matizar: nuestros sistemas de mediación social y política son los que están paralizados, en mano de una nomenklatura autoproclamada y de muchos beaux esprits que ni piensan, ni ayudan. Pero los individuos siguen manifestando una generosidad, una voluntad de progreso y de cambio, una dedicación a sus próximos… Pero sin proyecto colectivo no hay entusiasmo, ni perspectiva… Francia está sumergida en sus cegueras por falta de visionarios, por falta de coraje político, por falta de cultura e inteligencia.
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