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Chatham House Rule: una lección para nuestra sociedad

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Chatham House, es la sede del Royal Institute of International Affairs, que de hecho conserva su nombre, pese a que el rótulo de la casa de acogida le hace competencia en la designación. Y allí, en esa magnífica sede, que había sido residencia de Primeros Ministros, como William Pitt, se encuentra establecida desde hace 83 años, una curiosa regla, muy británica, a la que queremos rendir homenaje con este artículo.

Veamos primero que es el Instituto.

El Instituto es una organización no gubernamental sin ánimo de lucro, especializada en abordar y proponer soluciones para asuntos internacionales. Como tal tipo de negocios políticos son más bien duros y hay que emplear la fuerza en no pocas ocasiones, se tomó una decisión asombrosa y cuyo fin consiste en preservar un espíritu de libre discusión, por si hubiera que recomendar medidas impopulares, sin perjuicio de que los agentes políticos hagan o digan lo que les parezca con tales sugerencias. Y quienes hablan son libres de hacerlo, sin temor reverencial a que mañana cualquiera de los asistentes les acuse de haber dicho o recomendado una medida cualquiera. Para ello, en 1927, crearon Una Regla que reza de la siguiente manera:

"When a meeting, or part thereof, is held under the Chatham House Rule, participants are free to use the information received, but neither the identity nor the affiliation of the speaker(s), nor that of any other participant, may be revealed". (“En una reunión o parte de ella, los participantes son libres de utilizar la información recibida, pero no puede revelarse ni su identidad ni la afiliación de los ponentes ni de ningún otro participe”.

Se trata de conseguir que el anonimato ante el gran público permita la discusión libre, incluso en temas duros y que no sean políticamente correctos. Y allí pueden encontrarse académicos, periodistas, investigadores, incluso políticos (en Inglaterra en particular y en el Reino Unido en general, los hay bastante cultos y bien formados).

De esta manera, se promueve allí la claridad, franqueza y apertura de la discusión, ya que no solamente hay debate, sino existe la posibilidad de enfrentamientos educados. Pero tiene que admitirse que cualquiera de los presentes, convocados bajo tal Regla, acepte el respeto definitivo del secreto de la deliberación. Y ello bajo amenaza de sanciones varias. La expulsión del grupo, definitivamente, resulta obvio que es la más clara y que se aplica de forma absoluta.

Tan es así de importante la regla, que se está utilizando fuera de la propia Chatam House. Es decir, si se recibe una invitación en la que se invoca la regla, ya se sabe que en ese encuentro, sea político, académico, comercial, empresarial, la norma es que no se puede difundir ni diseminar la información recibida. Se puede desde luego utilizar lo aprendido para uso propio, pero no como expresión de una identificación sobre terceras personas, que por definición no se acepta. Así, cada uno es libre de dar su opinión, ofrecer información, rebatir la de otros, en fin, lograr que la discusión sea abierta y no permanezca cerrada en los asfixiantes confines de la falta de transparencia.

La regla, tiene variantes y grados, también. Así, cabe lo que se denomina “Member Events”, en los que simplemente el Speaker o Director del Evento, garantiza claramente la imparcialidad, neutralidad e independencia del ponente. Pero solamente pueden atender ese acto los miembros propiamente dichos y, además, han de hacerlo de acuerdo con una muy jerarquizada clasificación entre ellos, ya que no todos pueden seguir y participar en todos los eventos. Aquí lo que se preserva es la atmósfera limpia, de forma que no incurra en temor nadie de represalia ni siquiera de ataque personal. Lo que esperará es una réplica objetiva, no subjetiva, en toda línea.

Y junto con estos eventos, más suaves que la Regla, existen los encuentros “off the record”, literalmente, fuera del Registro, que son así más duros que la Regla. Esto es, que no pueden registrarse en modo alguno, de forma que nadie, ni periodista ni público, podrán jamás invocar la existencia de un encuentro que, por definición resulta extramuros del dominio público.
Chatham House Rule (es solo una Regla, no hay varias), crea una situación en la que todo miembro sabe que puede decir lo que piensa y no solamente pensar lo que dice. Se trata de ir algo más allá respecto del mero encuentro, dándose así todos los requisitos para que las reuniones sean realmente productivas.

Romper la Regla es condenarse al ostracismo. Es, en definitiva, jugar sucio. Y esto es exactamente lo contrario de lo que se espera de un caballero británico. Y este es un juego de caballeros (hoy, naturalmente, Damas incluidas).

¿Qué se lograría en España de aplicarse una Regla semejante? Mucho desde luego. Para empezar, una mayor libertad en la expresión, que permitiera así un favorable avance en la exposición de las ideas. Y con ello, de las propias ideas. Además se conseguiría que ese ambiente de magnífica masonería, se trasladase a cada asistente a la reunión con un espíritu de “camaradería – en – las- antípodas”, logrando así que cualquier expositor de ideas consiga a su vez que la discusión sea de ida y vuelta. Y ello, puesto que a su vez quien muestre su disconformidad conseguirá también la misma regla de retorno cuando en su momento decida hablar también.

En fin, una formidable aportación británica. En pequeños círculos debería comenzar a pedirse la aplicación de la Regla Chatham House. Y aunque siempre serán solamente unos pocos los que queden protegidos por ella, ya que la mayoría del público y de los diferentes círculos de opinión son más dados a la acusación y al comentario, siempre puede intentarse, con cierta aristocracia, que exista un genuino pacto entre caballeros para que, ellos al menos, sean más libres.
Apliquemos pues Chatham House Rule con seriedad y prestigio en nuestros próximos encuentros. Yo, personalmente, así lo pediré.
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