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Italia: entre Robacorazones y maricones

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 07 de noviembre de 2010, 17:36h
Frente al nuevo escándalo de la menor Ruby Robacorazones, una vez más, Silvio Berlusconi ha considerado oportuno dar explicaciones a sus electores en “las sedes oportunas”: ¿En el Parlamento italiano? Obviamente no, sino en el salón de la Moto de Milán. Su defensa se apoyaba sobre una consideración personal: “mejor mirar a la chicas que ser maricón”. Asimismo, el cavaliere se presentó como víctima de campañas denigratorias “bajo los fuegos de ataques externos, de jueces, prensa e izquierdas”. Y mientras bromeaba con el motociclista español Lorenzo, en su confusa (e inconsistente) defensa, ha llegado a plantear que el escándalo de las menores sería una venganza de la mafia. ¡Qué ideas más extrañas tiene este hombre a veces!

No debe sorprender el contenido machista y homófobo de su principal defensa probatoria: no se trata de un desliz o de una ingenuidad como ha subrayado gran parte de la prensa internacional. Tampoco se trata de pérdida de control, de un gesto improvisado o de la enésima broma de gusto equívoco, en el clásico estilo berlusconiano. Sus palabras responden a un proyecto preciso (y discutible): Berlusconi sabe que en Italia, ser putero o ridiculizar a los maricones suma votos. Se trataba de un mensaje electoral, fuerte, políticamente incorrecto pero directo a su electorado, a los italianos que prefieren un donjuán libidinoso a un maricón perdido. Un Casanova (aunque de pago) a un homosexual. Berlusconi bien lo sabe y el caso Marrazzo docet: en aquella ocasión, la campaña mediática, la vulgarización del caso y las bromas sobre los transexuales (“cuando veo una chica guapa, pierdo el hilo del discurso. ¿Los italianos son todos así o prefieren a los otros, como Marrazzo por ejemplo?”) le permitieron ganar en la Comunidad del Lazio, mientras el electorado de derecha hipócritamente hacía eco de sus palabras. Además, con estas declaraciones, Berlusconi parece entrar en campaña electoral desacreditando e ironizando sobre un posible adversario: Nichi Vendola, posible candidato a la presidencia, carismático homosexual de la izquierda extrema.

No cabe duda que las suyas han sido palabras racistas y vulgares, aunque parece difícil prever unas consecuencias “lógicas y racionales”. Me explico: en cualquier país democrático, sus afirmaciones y sus acciones provocarían una rebelión, una manifestación masiva de disenso. En Italia no. En cualquier país democrático y basado en la división de poderes, el presidente del ejecutivo que ataca repetidamente al poder judicial y controla el poder legislativo, sería sometido a una comparecencia parlamentaria sobre su labor y su acción política. En Italia no. En cualquier país democrático, basado en la división de poderes y con un Estado de derecho fuerte, después de tantos escándalos e investigación judiciales el presidente del Gobierno sería forzado a dimitir. ¡Lástima que Italia no!

Calificar su gesto en favor de Robacorazones como un “acto de profunda solidaridad, un acto que me habría dado vergüenza no hacer” sirve para mostrar su alma filantrópica, caritativa, el San Francesco que desaparece en sus noches lujuriosas. En la misma línea, quiere compartir con la gente su máxima: el amor gana siempre sobre el odio. ¿No será que el sexo gana siempre sobre la mente? En fin, las palabras del presidente de Gobierno, machistas, anacrónicas y discriminantes, generan perplejidad y vergüenza. Sus afirmaciones grotescas, sus confesiones sanagustinianas de debilidad personal y carnal ponen en ridículo y degradan la imagen del país; divierten y horrorizan, por igual, al mundo, arrebatando a los clásicos prejuicios sobre el carácter de los italianos y consecuentes estereotipos.

La situación de su Gobierno resulta complicada (y confusa): rehén de la voluntad de Fini, prisionero de los humores ciclotímicos de la Lega, aislado del área católica que vive con preocupación (e indignación) su conducta, atacado por las patronales e industriales que le acusan de paralizar el país y acorralado por la Fiscalía, que hurga en su vida “sin piedad”. Sin embargo, en Italia, el vacío de poder ya es manifiesto: no obstante, parece como si nadie quisiera asumir la responsabilidad oficial de declarar la muerte de este Gobierno mientras Berlusconi espera volver a nacer de sus cenizas. Por eso, mejor ostentar el propio estilo de vida, la propia conducta goliardesca y lasciva, convertir su vida privada en tema central de la política nacional, eliminado la distinción entre la esfera privada del sujeto y publica del cargo: de esa manera resulta más fácil esconder las deficiencias de un Gobierno, ineficaz e impotente. No, Berlusconi no ha enloquecido, sino ejercido la estrategia de siempre (hasta el momento vencedora): frente a una grave crisis gubernamental, lo mejor resulta barajar las cartas, escenificar el habitual teatro de la tragicomedia y del absurdo, distraer la opinión pública: que no se hable más de crisis, sino de bunga bunga.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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