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reseña

Carlos Gil Andrés: Piedralén. Historia de un campesino. De Cuba a la Guerra Civil

sábado 20 de noviembre de 2010, 13:07h
Carlos Gil Andrés: Piedralén. Historia de un campesino. De Cuba a la Guerra Civil. Prólogo de Josep Fontana. Marcial Pons. Madrid, 2010. 406 páginas. 22 €
Piedralén es el nombre de la peña que domina el pueblo riojano de Cervera del Río Alhama. Desde allí se tiró Elías Jiménez, cuando decidió suicidarse. Algunas piedras y tierra se desprendieron de Piedralén, años después, la misma noche de la muerte del tío Manuel María, el padre de Elías. La peña fue testigo mudo de la historia que narra, con habilidad y buena escritura, Carlos Gil Andrés en un libro que ha titulado, en buena lógica, Piedralén. Historia de un campesino. De Cuba a la Guerra Civil. Se trata de una singular biografía de un hombre anónimo, que dejó, como tantos y tantos otros, muy pocas trazas en los archivos: el campesino Manuel María Jiménez Sainz (1872-1950). A través de la reconstrucción de una vida, el autor pretende aproximarse a algunas de las grandes cuestiones que centraron la historia de España en la primera mitad del siglo XX, muy especialmente los efectos de las guerras y el declive del mundo campesino tradicional.

Manuel María Jiménez –o Giménez, en los inicios– fue desertor en 1895, junto con su compañero Pedro Caballero, aunque acabó siendo expedientado y enviado a la isla de Cuba a luchar en la guerra de la que pretendía escapar. Se instaló después en su Cervera natal, formó una familia, cultivó la tierra y participó en algunas asociaciones agrarias. No fue, como esperaba algo ingenuamente y deseaba el autor, un revolucionario, sino más bien un católico amante del orden y la propiedad –en la órbita de la CEDA, en los años treinta, y en una posición cómoda en la década siguiente, en plena dictadura–, un conservador, en fin de cuentas. Carlos Gil Andrés da forma a la vida del personaje, al mismo tiempo que nos cuenta, en un admirable ejercicio, el propio proceso de reconstrucción histórica que ha llevado a cabo. Las deudas intelectuales con Carlo Ginzburg, Emmanuel Le Roy Ladurie, Natalie Z. Davies o algunos historiadores marxistas británicos resultan evidentes. También se cita, en este sentido, a Javier Cercas. Me ha sorprendido, en cambio, que no hubiera referencias a Andrés Trapiello y La noche de los Cuatro Caminos (2001) y a Alain Corbin, que escribiera en 1998, asimismo, un libro sobre un personaje desconocido, Louis-François Pinagot.

Piedralén. Historia de un campesino. De Cuba a la Guerra Civil es un libro muy interesante. Se lo recomiendo. Igualmente como les aconsejo, si deciden leerlo, que se salten el prólogo de Josep Fontana, que poco tiene que ver con lo que viene después, además de ofrecernos una nueva muestra de un tipo de historia afortunadamente en progresivo desuso en nuestro país, caracterizada por la supeditación del oficio del historiador a las pulsiones políticas y por el reparto inquisitorial de patentes de bondad y maldad. La historia es algo demasiado serio para dejarla en manos de los que solamente piensan en utilizarla como arma al servicio de sus propios proyectos ideológicos. En cualquier caso, al margen de estas desafortunadas páginas iniciales, que no son de la estricta responsabilidad del autor del libro, Carlos Gil Andrés nos ofrece una obra abierta, estimulante e inteligente. Estoy seguro que disfrutarán y aprenderán mucho, como lo ha hecho un servidor, con su lectura.

Por Jordi Canal
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