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economía

India, la otra potencia económica emergente de Asia

viernes 26 de noviembre de 2010, 15:39h
Al abordar asuntos económicos asiáticos, es habitual centrarse en el potencial tradicional de Japón o en la imparable locomotora china. Pero, a rebufo de estos dos gigantes está creciendo un mercado enorme. India, la democracia más grande del planeta, ha entrado en el siglo XXI a toda máquina. Con un crecimiento anual superior al 8 por ciento, el subcontinente ya es reconocido por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial como un actor económico de primer orden.
A principios de este mes, Barack Obama, presidente de Estados Unidos, visitó India en un viaje calificado como histórico por las autoridades locales. Más allá del contexto político en el que se enmarcó la cumbre, lo cierto es que las intenciones del mandatario norteamericano ocultaban el fortalecimiento de los lazos económicos con el subcontinente indio. El brutal desarrollo que ha vivido India en las últimas dos décadas le han permitido ocupar una posición privilegiada en el panorama económico mundial. El viaje de Obama es un ejemplo, pero también lo es el reconocimiento como potencia de primer orden del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial.

En 1991, el hoy primer ministro indio, Manmohan Singh, logró poner en marcha el proceso de transición de una economía tradicionalmente intervenida a una de mercado. Las reformas fiscales que entonces implementó, basadas en un fuerte crecimiento industrial y en la necesidad de inversión, están dando hoy sus frutos. El país, que cuenta con una población estimada de 1.100 millones de personas, crece a un significativo 8 por ciento anual y las perspectivas para los dos próximos años colocan ese índice entre el 10 y el 11 por ciento. En palabras del actual ministro de Finanzas, Pranab Mukherjee, "somos un elefante que se mueve lentamente, pero cada paso que damos dejamos una profunda huella detrás".

Sin embargo, según apuntan algunos expertos, es posible que la inercia constructiva que supusieron las medidas de 1991 esté tocando a su fin. Los analistas creen que el gobierno indio debe poner en marcha una nueva estrategia económica que tenga como base la flexibilización del mercado laboral y la ventaja comparativa que suponen los bajos costes salariales en comparación con las demás potencias industriales.

A pesar de que la crisis financiera global también se ha sentido en India, la tendencia de crecimiento con la que contaba el país y las facilidades estructurales favorecieron que, a pesar de que se ralentizó la actividad, la recesión se notara mucho menos que en otras regiones. Además, el gobierno nacional actuó a tiempo e inyectó a finales del año pasado 4.000 millones de dólares de inversión extra en el mercado para combatir la falta de liquidez en un plan de choque general al que se le han sumado 60.000 millones más durante 2010.

Enorme capital humano
El potencial demográfico del gigante económico es un arma de doble filo con el que el gobierno lidia con extrema delicadeza. Por un lado, contar con un capital humano de semejante tamaño y con la edad media más baja de entre todas las grandes fuerzas financieras mundiales (32 años) favorece la planificación y el crecimiento en casi todos los sectores. Por otro, el crecimiento continuo de la población (la ONU estima que India contará con 1.300 millones de habitantes en 2025) implicará una enorme demanda de puestos de trabajo.

Las autoridades indias son conscientes de que el tamaño demográfico con el que cuentan es engañoso. Sólo la mitad de los indios contribuyen a las actividades reguladas por lo que, de incluirse este nicho de personas en el mercado laboral, la economía nacional podría alcanzar el 10 por ciento sin problemas. Además, la subsistencia y la pobreza extrema siguen estando muy extendidas.

Las razones detrás del 'milagro' indio son muy diversas. La configuración de la economía nacional, basada en planes quinquenales, fomenta las estrategias a corto y medio plazo. De este modo, el gobierno se impone una serie de objetivos inmediatos que, a medida que se van cumpliendo, dan paso a una meta mayor: el crecimiento constante y controlado.

Hay que destacar el desembarco masivo de empresas extranjeras fruto de la deslocalización industrial. A pesar de ser foco de discusiones con Estados Unidos y la Unión Europea, India ha aprovechado esta coyuntura para crear un tejido empresarial hasta hace unos años inexistente.

Las infraestructuras, el gran freno
Dos de las sombras que sobrevuelan la economía india son las grandes deficiencias en cuanto a infraestructuras y la falta de suministro de petróleo. El otro gigante asiático arrastra un preocupante déficit en cuanto a los recursos y las infraestructuras públicas y privadas con los que impulsar la economía. A pesar de ser una de las prioridades del gobierno de Singh (supone el 46 por ciento del presupuesto, 36.700 millones de dólares), las dimensiones y las necesidades del país aún son demasiado grandes.

En este sentido, India ha puesto en marcha un programa de inversión extranjera que fomente la mejora de las infraestructuras de la mano del capital foráneo. En pocos años, la Inversión Extranjera Directa (IED) en el país ha logrado mantener el nivel de financiación por encima del 30 por ciento del PIB. Según las estimaciones de las autoridades de Nueva Delhi, para el próximo plan quinquenal (2012-2017), el subcontinente demandará una inversión en infraestructuras de un billón de dólares, el doble que la partida presupuestada hoy.

Por otro lado, el país necesita de combustible para alimentar la inagotable sed de crecimiento. Este mismo mes, Manmohan Singh alertó sobre este aspecto al señalar que "la demanda de petróleo en India en la próxima década aumentará un 40 por ciento, mientras que el incremento del suministro se situará en torno al 12". Este déficit, de un escalofriante 28 por ciento, ha provocado que el gobierno incentive a las empresas petroleras indias a salir al exterior y paliar ese desajuste.

Una de las particularidades con las que cuenta la economía india es la gran influencia de la climatología. A los miles de datos macroeconómicos que maneja el Ministerio de Finanzas, la institución que dirige Pranab Mukherjee debe sumar el climograma y mirar al cielo en busca de nubes. El monzón influye, y mucho, en la productividad agrícola india. Si las lluvias son escasas y dan paso a la sequía, las cosechas no son suficientes para alimentar a todo el país y el gobierno tiene que acudir al extranjero para combatir el hambre. Si, por el contrario, las lluvias son excesivas, las cosechas se arruinan y el resultado es el mismo. Como este año las precipitaciones no han sido todo lo buenas que debieran, la aceleración económica se verá lastrada un 0,2 por ciento debido al aumento de la inflación de los alimentos.

En este sentido, en las últimas dos décadas, y gracias al proceso de refundación económica del país, India ha dejado atrás la etiqueta de un país eminentemente rural para intentar ser una economía moderna. De este modo, el peso de la agricultura en el PIB indio se sitúa en torno al 18 por ciento en una tendencia decreciente. En cambio, el sector servicios ha vivido un exponencial crecimiento, sobretodo en industria y tecnología, y representa el 55 por ciento de la actividad.

Así, los desafíos que deberá abordar India en los próximos años para mantener el nivel de crecimiento actual pasan por que el gobierno de Singh sepa hilar muy fino para atraer la inversión extranjera sin que ello suponga un estancamiento de la industria patria, paliar la vulnerabilidad a los ciclos económicos, implementar reformas fiscales, administrativas y financieras efectivas y duraderas, iniciar un proceso de privatización responsable en el sector bancario, seguir combatiendo las enormes diferencias sociales mediante un incremento de la renta per cápita y eliminar el cuello de botella que supone el déficit en infraestructuras.

Todo un reto que, de conseguirse, hará buenos los presagios que sitúan a India como tercera economía mundial a medio plazo por detrás de Estados Unidos y China. Mimbres tiene, ahora sólo falta gestionarlos correctamente.
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