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El flautista patriota

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
España no es Irlanda. Tal es la consigna oficial del momento que trata de calmar ansiedades, restablecer el sosiego y recuperar la confianza, que hace tiempo se le han escapado a este Gobierno. Pero esa consigna ya no funciona, como no funciona el supuestamente maravilloso “efecto Rubalcaba”, como algunos ingenuos o bienpagados denominaron a la reciente y torpemente planteada remodelación del Gobierno. A Zapatero le llueven las advertencias desde los cuatro puntos cardinales, como los avisos que se le hacen al torero que no acierta a rematar la faena. Seguramente los más significativos son los que provienen de Bruselas, no sólo porque fue allí, en la capital europea, donde le leyeron la cartilla y le pusieron tarea el pasado mes de mayo, sino porque quien le advierte es un miembro de su partido, investido de la autoridad de vicepresidente de la Comisión Europea. Pero Zapatero se siente en posesión de la verdad y del futuro y –en un típico ramalazo totalitario- ha pretendido que Almunia rectifique. Y ya se sabe lo que ha sucedido: Su antecesor en la secretaría general del PSOE no sólo no ha dado marcha atrás sino que ha reiterado su advertencia y le ha exigido que aclare si va a cumplimentar sus asumidas obligaciones, al tiempo que preguntaba si existen planes adicionales porque lo de mayo no sería más que un primer paso si de verdad se quiere que la economía española entre en vías de recuperación.

Zapatero ha echado mano, una vez más, a lo único que sabe hacer, convertirse en oposición de la oposición, soltando sapos y culebras contra Rajoy, secundado por el patético coro de los Rubalcaba, Blanco, Alonso…etc. Que Zapatero mienta no puede extrañar a nadie porque no ha hecho otra cosa desde que piso la escena pública, pero lo más notable es que se está volviendo cada vez más insultón. Cada vez se parece más al bolivariano Chávez, lo que no puede tampoco sorprender dadas las afinidades que se dan entre ambos. Hacer del PP, que salió del poder a principios de 2004, el chivo expiatorio de todos los males que se han abatido sobre España desde que Zapatero desgobierna a este país es tan ridículo que ya parece un chiste, que sólo puede convencer a los ciegos voluntarios. Los mismos que exculpan a Zapatero de toda responsabilidad porque la crisis es internacional. Ahí es nada. La ministra Pajín seguramente usaría otro adjetivo más sonoro: planetaria. Pero, erre que erre, este Presidente no rectifica y se empecina en la misma línea. Como aquel baturro del cuento que, a lomos de su pollino, transitaba por la vía del ferrocarril y ante los pitidos del tren que se acercaba dijo aquello de “¡chufla, chufla, que como no te quites tú…!”. Lo malo es que ese tren nos va a atropellar a todos nosotros.

Zapatero anatematiza al PP y, sobre todo, a su Presidente porque “no arrima el hombro” y no le sigue en sus desvaríos. Y de pronto ha descubierto el patriotismo –concepto y sentimiento para él desconocido hasta ahora (“mi patria es la libertad”)- como Stalin descubrió a la Madre Rusia cuando la invasión nazi. Y, consecuentemente, tilda de antipatriota a todo el que no aplaude. Un poco más y sacará del armario el concepto de “Anti-España”, que Franco utilizaba contra los que no le bailaban el agua. Como se ve, este Presidente parece seguir los pasos de notorios demócratas. Se queja de que no se le sigue y no quiere enterarse de que, como el flautista de la leyenda medieval alemana, nadie quiere ir tras él porque se sabe que nos lleva al abismo. Este flautista tan repentinamente “patriota” no está dispuesto a aceptar que no hay mayor manifestación de antipatriotismo que hacerse cargo de un país próspero y dejarlo en ruinas. España ha tenido la mala suerte de caer en manos de un visionario (DRAE: “Dicho de una persona que por su fantasía exaltada se figura y cree con facilidad cosas quiméricas”) y puede que las visiones tengan incluso aspectos atractivos pero como decía Helmuth Schmidt –un socialdemócrata sensato- quien tenga visiones lo mejor es que vaya al médico.

Ahora es “trendy” criticar a los políticos y, de paso, a la democracia. No faltan, desde luego, los motivos, pero no debe olvidarse que, pese a sus evidentes defectos, la democracia es el único sistema que tiene mecanismos para detectar sus fallos, hacerlos públicos y abordar su reforma. Ya decía Locke que el régimen representativo se basa en la confianza y lo que pasa en España en estos momentos es que este Gobierno ha perdido la confianza, según todos los indicios, de una amplia mayoría de sus propios ciudadanos. Pero también de sus socios en la UE y de esa encarnación del mal absoluto que para la mentalidad zapateril son los mercados, los únicos, por cierto, que pueden aportar los fondos que se necesitan para sacarnos del hoyo, sin endeudar a las generaciones futuras más de lo que ya lo están. No estamos en un callejón sin salida, pero se impone recuperar la confianza y, para ello, en democracia no hay otra vía que apelar al pueblo, es decir convocar elecciones, algo que en un sistema parlamentario es perfectamente factible pues no hay plazos fijos para las elecciones. Los voceros socialistas afirman que eso sería parar al país durante varios meses. ¿Más parado de lo que ya está? No hay otro camino para recuperar la confianza que unas elecciones anticipadas. En no mucho más de tres meses un nuevo Gobierno asumiría la responsabilidad de sacar al país de esta penosa situación. No será fácil pero, generada una corriente de confianza, se podrá abordar lo que ahora es imposible. Lo que ya no admite dudas es que Zapatero es metafísicamente incapaz de recuperar la confianza que, seguramente tuvo en otros momentos, pero que ha malgastado lastimosamente. Su flauta no es, precisamente, la mozartiana flauta mágica.
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