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Cuba: nudo gordiano

miércoles 01 de diciembre de 2010, 13:17h
Cuba siempre es un tema para discusión. En América a nadie le pasa indiferente. Sus pros y sus contras la tornan polémica. A mí me simpatiza Cuba y considero que conozco su historia, que no inició en 1959.

Cada vez gusta menos y se evidencia más la dictadura castrante y castrista que la gobierna. Es una lástima que eso le suceda a un gran país que ha plantado cara ante las adversidades propias y las causadas a ella misma.

Cuando se anunció el retiro de Fidel Castro, uno mismo al celebrar aquella salida con un entusiasta ‘¡Por fin!’ difundido en la red, fue increpado por gente afín al régimen tildándolo al barbudo de verdadero revolucionario. Acotaré diciendo con firmeza: lo fue, pero alguien que se aferra al poder y se queda 50 años en la silla presidencial no puede ser revolucionario, por muy revolucionario que lo fuera. Insistir en ello sería intentar inútilmente tapar el sol con un dedo.

Las palabras de la clase política cubana denotan una ausencia de ganas de apertura y de trasformación que implican cerrazón; así compromete severamente el futuro de la isla. El mundo avanza y Cuba se queda rezagada. A México, país para el que Cuba es geopolíticamente estratégico, no le es indiferente todo cuanto sucede en La Habana.

En México no nos entusiasma una isla de Cuba en manos de Estados Unidos (ni militar ni económica ni políticamente domeñada por ellos como le sucedió a Cuba en el pasado), pues ya es suficiente contar con una frontera terrestre compartida con EE.UU. de más de tres mil kilómetros, además del Golfo de México, como para verlos enseñorearse con Cuba; pero tampoco pasa inadvertido que hay severas carencias en la isla y que es deseable una transición pacífica, adecuada y cuidadosa, si es que algún día llega. Un estallido social volcaría incontrolable a parte de su población hacia Yucatán.

Para que exista transición pacífica, todos los actores involucrados deberán de asumir puntos irreversibles: que hubo una revolución, que se generó un exilio, una falta de libertades y hubo logros sociales que deben defenderse y sobre todo, es que debe reconocerse que es a los cubanos y no a terceros, a quienes les toca marcar el rumbo de su isla, dado que no es pertinente regresar al avasallamiento impune frente a Estados Unidos (hay una larga lista de tropelías y agravios de aquel país hacia Cuba desde 1898). Que se admita que Cuba no podrá ya ser lo que fue antes del 59 y que hay cosas que difícilmente podrán dar marcha atrás. Otras merecen y deben cambiar y reivindicarse en pro de todos los cubanos.

Hay algo cierto y que la gente proclive a la Revolución deberá asumir: las injusticias que también ha conllevado la lucha desde el 59, los silenciamientos, los exilios y encarcelamientos injustos, que conforman en conjunto una historia que aún no se ha contado o dicho de otra manera: todavía no se ha escrito al detalle la historia de quienes quedaron a la vera de la Revolución. Fuera de tópicos y espacios comunes, falta el recuento preciso y verdadero de todo aquello de lo que se privó Cuba por su revolución. Sólo nos han contado de todo lo que ganó.

A mediados de octubre hemos tenido oportunidad de ver un estupendo documental titulado ‘Cuba y los elefantes’ elaborado por Yesenia E. Álvarez , expulsada de Cuba por difundir en él una dolorosa realidad que no es mejor ni peor que otras, pero existe y hay que reconocerla. Su esfuerzo valiente ha retado conciencias. En 40 minutos nos ha puesto sobre la mesa la dureza de la vida cotidiana en Cuba.

Se une al de muchos que entendemos que la democracia y las libertades de una Cuba que preserve su identidad, su independencia y su distancia de los Estados Unidos, es lo pertinente. Alzaremos la voz ya que jamás aquellos han quitado el dedo del renglón de enseñorearse con ella. Y la valiente y aplaudida tarea emprendida por Yesenia E. Álvarez debemos reconocerla.

Por lo pronto, en ese documental apreciamos frente a nosotros un nudo gordiano de aparente e insalvable complejidad, que requerirá del talento y la altura de miras de muchos actores políticos. Un nudo que impacta a toda la región. Todas las partes (dentro y fuera de la isla) deberán ceder en algo si desean que el régimen termine, que Cuba no se precipite a una guerra civil o sea engullida sin más por los Estados Unidos. Ergo, las cosas han de hacerse adecuadamente.

EE.UU. sabe perfectamente bien que quien se queda con Cuba, se queda con todo el Caribe, el Golfo de México y el Atlántico Norte. Por siglos eso se ha sabido y por ello no acabará una vergüenza como Guantánamo, que no soltarán y representa una afrenta y el tener un pie metido en la región. Por eso mismo todos debemos coadyuvar desde nuestra trinchera a propiciar un cambio en Cuba que convenga a los cubanos antes que a nadie y preserve la seguridad hemisférica y la integridad de la región latinoamericana. Ya es hora de que Cuba sea para todos los cubanos.

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