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Homenaje a John F. Kennedy

Juan Federico Arriola
domingo 05 de diciembre de 2010, 18:16h
"No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, mejor pregúntate qué puedes hacer tú por tu país". John F. Kennedy.

Para mis amigos Ulises Canchola y Patricia León de la Barra, con agradecimiento.

Viena, Austria. En esta bellisima ciudad, donde vivieron grandes artistas e intelectuales, como Haydn, Mozart, Beethoven, Brahms, Schubert, Mahler, Freud, etcétera, se celebró una cumbre en 1961 entre el presidente de Estados Unidos, John Kennedy el secretario general del PCUS, Nikita Kruschev. Austria entonces gozaba el status de país central desde 1955 y su ubicación geográfica servía muy bien para el acercamiento de las dos superpotencias.

Poco después en octubre de 1962, Kennedy salvó al mundo de una catástrofe nuclear al presionar al gobierno soviético de que sacara los misiles que se ubicaban en territorio cubano, precisamente cuando Fidel Castro había ya prostituido la revolución cubana al ponerla al servicio soviético. Durante 13 días el mundo vivía en la angustia. Castro que jamás ha sido un pacifista, parecía un párvulo con juguetes nuevos. Es ampliamente conocido el berrinche que hizo el revolucionario cubano, cuando Kruschev ante la presión de Estados Unidos se llevó los misiles de regreso.

También es sabido que Kennedy sufrió todo tipo de presiones y chantajes de los jefes militares y navales que querían destruir Cuba. El presidente de Estados Unidos sabía que entonces Berlin Occidental, Grecia y Turquía serían las primeras en recibir las consecuencias de los inminentes ataques soviéticos. La cordura de Kennedy nos salvó a todos, incluso a los no nacidos y ya concebidos como yo, porque México no podía escapar de una inminente escalada militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética a partir del Caribe.

Los estadounidenses, en particular católicos, angustiados como nunca antes, confesaron en privados sus pecados en templos abiertos durante las 24 horas del día ante el temor colectivo de que hubiese una guerra nuclear y pudiese ser el principio del fin del mundo.

Una vez más, Kennedy demostró su carisma en junio de 1963 en Berlin Occidental, ante el apoyo popular de los alemanes federales, cuando pronunció en la ciudad dividida, aquellas palabras célebres Ich bin ein Berliner  /soy un berlinés/. Su decisión de sacar al ejército estadounidense de Vietnam después del homicidio en contra del presidente Diem, pareció ser su condena de muerte.

Casi nadie cree que el homicidio en contra de John Kennedy fue hecho por un asesino solitario. La película domética del ciudadano Abraham Zapruder en Dallas, aquel mediodía del 22 de noviembre de 1963 demuestra claramente que el balazo mortal que le voló la cabeza al político bostoniano, no fue desde atrás sino de manera lateral. Por tanto hubo varios tiradores y eso demuestra un complot con pruebas adicionales que mostró el cineasta Oliver Stone en su película JFK de 1992.

Me pregunto si los que planearon y financiaron el homicidio en contra de Kennedy fueron los mismos que auspiciaron la subida al poder de Reagan y de los confederados Bush, padre e hijo. Kennedy tenía además en su esposa, Jacquelina Bouvier un apoyo importantísimo. La mejor más elegante, culta y guapa que ha vivido en la Casa Blanca le dio un aúrea especial al presidente Kennedy. Los dos promovieron la cultura. El hecho de que el excelente violoncellista catalán Pau Casals diera aquel célebre concierto en la residencia  presidencial en medio de un entusiasmo internacional, es un botón de muestra de la delicadeza de la mujer de Kennedy.

El homicidio de Robert Kennedy en junio de 1968 confirma mi sospecha sobre el complot sobre el hermano. La guerra es un jugoso negocio y los hermanos Kennedy estorbaban. El hecho de que las rosas que decoraban el funeral de John Kennedy aún estaban frescas, cuando el nuevo presidente Johnson promovía la escalada militar de Estados Unidos en Vietnam que sería un colosal desastre humano y un fracaso rotundo, pero que a la vez dejó grandes ganancias para los industriales de la guerra, demuestra que Kennedy venía en sentido contrario. Si Robert Kennedy pretendía acabar con el negocio y demostrar que el homicidio en contra de su hermano fue un complot, su vida corría peligro y por eso también fue asesinado.

La Comisión Warren fue una farsa y los testigos importantes que senalaron datos reveladores fueron misteriosamente asesinados. Oswald fue involucrado en la prensa de Nueva Zelanda como asesino de Kennedy cuando todavía este hombre no había sido detenido como responsable del magnicidio. Él no fue el único involucrado en este penoso asunto. Luego entonces sería útil saber quiénes estaban arriba. No creo que el gobierno cubano y la mafia estadounidense de suyo anticomunista tuviesen cada uno por separado, el poderío y la influencia para armar semejante plan criminal.

El golpe de Estado contra John Kennedy fue no sólo contra el pueblo de Estados Unidos, fue también para el mundo. El gasto en armamento es cada vez más alto y más ridiculo. Tantas ojivas nucleares son en sí mismas un absurdo monumental. Kennedy nos salvó de una guerra nuclear, un gran logro, si tomamos en cuenta que el gobierno de Corea del Norte ha atacado a Corea del Sur recientemente y que amenaza con golpear más duro. Valoro a Kennedy, uno de los mejores presidentes de Estados Unidos para el mundo que fue asesinado hace casi medio siglo.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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