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La Constitución del 78 versus los nacionalismos decimonónicos

domingo 05 de diciembre de 2010, 18:22h
El pensamiento nacionalista nace a mediados del siglo XIX, principalmente de la mano de dos naciones europeas que tardaron muchos siglos en concretar sus proyectos constitutivos: Alemania e Italia. Otras naciones como Francia, Reino “Unido” o España, llevaban ya muchos siglos de historia compartida, teniendo por base de sus proyectos la Unión. Los Estados “Unidos”, también hacen de la unión su razón de ser. La historia de España también se basa en la unión que hace más de medio milenio iniciaron los Reyes Católicos.

Hoy en pleno siglo XXI y en un mundo fuertemente globalizado, especialmente en cuestiones económicas y de mercado, la peor de las decisiones que se pueden tomar es la separación o aislarte. La Unión -nuevamente la palabra unión- Europea trata de avanzar en esa línea. Una Europa unida es un mercado fuerte, de unos 500 millones de habitantes, que supone un quinta parte de la economía mundial, bastante similar a la posición de Estados Unidos. Mientras, ¿qué camino de organización interna está adoptando España?

Lamentablemente el peor de los posibles. En vez de apostar por un Estado fuerte que nos sitúe dentro de la Unión Europea en los puestos principales, y en el contexto internacional como una Estado eficaz, eficiente y competitivo, con un mercado interno atractivo para el inversor extranjero y el propio nacional; nos decantamos por un Estado débil, fragmentado, descoordinado y en demasiadas ocasiones, como en el tema del agua, conciertos económicos, etc. -entre otros- enfrentado. El gasto autonómico está descontrolado, hemos creado la estructura administrativa de 17 Estados, lo cual, es imposible de sostener, amén de una prodigalidad legislativa difícilmente de cumplir y asimilar. Los gastos en coches oficiales, dietas, asesores, jefes de gabinetes, consejeros, directores generales, las correspondientes empresas públicas, las televisiones autonómicas, en algunas Comunidades Autónomas hasta tres, sus consejos consultivos, económico sociales, sus tribunales de cuentas, incluso sus centros meteorológicos, que no dejan de copiar al nacional, son muestra de un Estado ciertamente caótico que ya estamos empezando a pagar.

Sé que los partidos nacionalistas, más del siglo XIX que del siglo XXI, quieren ahondar en la línea de una Administración General del Estado más débil, de un Estado fragmentado donde el poder político y económico cada vez este más en las Comunidades Autónomas, donde ellos marcan la pauta. El interés general, el de los 46 millones de españoles les da lo mismo, en su perspectiva sólo está su propia razón de ser, incluso a veces muy alejada de la de los ciudadanos que dicen representar. Creo no equivocarme al afirmar que con la actual dirección de nuestro desarrollo autonómico perdemos todos los españoles, que nadie se engañe. Sólo en un proyecto común, inteligente y generoso de los 46 millones de españoles lograremos enderezar el torcido camino que los hechos demuestran que llevamos.

La Constitución de 1978 ha demostrado en estos 32 años ser una gran Constitución. Sin duda la mejor de cuantas hemos tenido, la única que realmente ha funcionado y se ha respetado. Pero lamentablemente no hemos logrado solucionar el problema del nacionalismo en España y el de nuestra organización territorial. Este es el gran reto para los siguientes años de vida de nuestra Constitución. La clave está en cierta grandeza de miras por todas las partes, en buscar el interés general de todos los afectados y en tener el coraje cívico y político de que la democracia, esto es, el interés de la mayoría, triunfe sobre los intereses particulares. Franco ya murió hace 35 años, es hora de que el pueblo español se quite complejos y exija, como en cualquier país democrático, que por encima de todo prime el interés general de la mayor parte de los españoles, en caso contrario, nos convertiremos en un país inviable funcional y económicamente, en tiempo de crisis y estrecheces las vergüenzas siempre quedan al aire.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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