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Nostalgia de una edad dorada

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
En tiempos de crisis siempre surge nostalgia del pasado glorioso de un país, y pocas naciones han tenido una edad dorada tan brillante como la ocurrida bajo el reinado de Carlos I de España (1516-1556) y desde 1520 a 1558 coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V cuando España era una potencia mundial.

En el segundo tomo de su trilogía sobre el imperio español – The Golden Age: The Spanish Empire of Charles V (“La Edad de Oro: el Imperio Español de Carlos V”), publicado por Allen Lane – el gran historiador británico Hugh Thomas nos ofrece un relato magistral y vivo de cómo unos aventureros lograron conquistar la parte de América del Sur que hoy es Guatemala, Yucatán, Colombia, Venezuela, Perú y Chile. El descubrimiento de las Américas fue el elemento clave de la dominación del mundo por el Occidente porque creó un sistema de comercio que propició la industrialización de la producción.

El nuevo libro con unas 500 páginas y un magnífico apéndice de mapas, estadísticas y los nombres de los principales conquistadores, cubre el periodo que comienza en 1522, con el retorno de los restos de la expedición de Fernando de Magallanes, y concluye con la muerte de Carlos V en Yuste en 1558. Un promedio anual de 60 barcos de menos de 100 toneladas cada uno (bastante pequeños) salieron del puerto de Sevilla por el poco profundo río Guadalquivir entre 1516 y 1555, y un número significativo no lograron siquiera llegar al océano Atlántico. La comida diaria de su tripulación eran galletas, agua y vino.

El primer volumen, Rivers of Gold (“Ríos de Oro”), publicado en 2003, cuenta las primeras conquistas de España en las Américas. El tercer y último libro, que Thomas ya está escribiendo, terminará en 1580 cuando Felipe II decide no intentar conquistar China, el país que hoy esta en auge.

Ningún otro gobernante de su época viajó de un sitio a otro tanto como Carlos V (Toledo, Valladolid, Roma, Innsbruck, Flandes, por mencionar solo algunos lugares) y esto siglos antes de la invención de los aviones. Estuvo en 40 lugares diferentes entre agosto y diciembre de 1546. Y tuvo que enfrentarse con amenazas de Francia, de los turcos y el movimiento reformista de los luteranos en Alemania. Retó al rey Francisco de Francia a un combate “en camisa o armadura, con espada o con los puños, en mar o en tierra, en un puente o en una isla, en un lugar cerrado o delante de sus ejércitos o dondequiera que hubiera querido.” Si ganaba Carlos, el premio era Borgoña, y si lo hacía Francisco, Milán. Carlos cambió de idea y mandó tropas españolas a Francia para intentar capturar al rey en Aix-en-Provence, sin éxito. ¿Qué hubiera pasado si Carlos hubiera lanzado el mismo desafío a los líderes de las Américas y hubiera perdido? El curso de la historia puede depender de acontecimientos aparentemente nimios.

Una extraordinaria gama de personalidades figuran en el libro. Una de lo más curiosos, y no solo por su nombre, fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca quien exploró el Golfo de México y los territorios del noroeste de México, siendo el primer europeo que describió las cataratas de Iguazú y que exploró el curso del río Paraguay. Fue capturado y mantenido como esclavo hasta que escapó y se hizo famoso entre los indígenas después de extraer con éxito la punta de una flecha que un nativo tenía clavada cerca del corazón. Caminó por Tejas desnudo salvo por la noche cuando se cubría con la piel de un ciervo. Otro personaje interesante fue Gaspar de Espinosa quien propuso en 1533 la construcción de un canal en Panamá entre el mar Caribe y el océano Pacifico, algo que no se hizo realidad hasta 1914.

Según Thomas, las actividades macabras y crueles de los indígenas (por ejemplo, los sacrificios de humanos y de animales en México) convencieron a los españoles que tenían razón en traer el cristianismo al Nuevo Mundo, pero no justificó las barbaridades de los conquistadores (una de los peores fue cometida en la plaza de Cajamarca en Perú cuando menos de 200 europeos mataron a varios miles de indígenas).

La opinión cristiana sobre cómo tratar a los indígenas estaba dividida. Unos, en palabras de un sacerdote, creyeron que “Dios no había creado jamás una raza más llena de vicios … los indios son más estúpidos que los burros”, mientras el fraile dominico Bartolomé de las Casas se opuso a la opresión y a la esclavitud de los indígenas. Su labor de defensa de los indios hasta su muerte le valió ser conocido como el Apóstol de los Indios.

Otro defensor fue Vasco de Quiroga quien, influenciado por el libro Utopia de Thomas Moro, quería establecer una especie de comuna para hombres “que fueran descalzos, descubiertos pero con el pelo largo como los apóstoles.”

La última época dorada de España sucedió entre 1994 y 2007 y aún estamos pagando un alto precio para los excesos y la falta de visión, como ocurrió finalmente después de la muerte de Carlos V. Parece que es una ley universal que las épocas de demasiada brillantez siempre terminan mal.

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