www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Trampas, vilezas y nostalgias

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Abundan los síntomas de que Zapatero recorre el tramo final de su lamentable y catastrófica carrera política y no faltan los indicios de que en su propio partido –al que, hasta ahora, había logrado mantener bajo su férula- se ha llegado a la conclusión de que es absolutamente necesario desembarazarse de él. Ya no da ninguna garantía de éxitos electorales y, más bien, se ha convertido en barrunto y representación anticipada de un fracaso que puede ser el más desastroso de toda la historia del PSOE. Hasta uno de los más recientes miembros del Gobierno remodelado hace pocas semanas, Jáuregui, se atreve a corregir y puntualizar al Presidente respecto de la más grave cuestión del momento, que siguen siendo las perspectivas de salida de la crisis económica. Y no deja de ser significativo que, quien así se comporta, sea una de las personas más próximas, por el cargo que ocupa, al sucesor presunto. Rubalcaba. Un personaje al que los socialistas se aferran, como a un clavo ardiendo, no tanto por su atractivo electoral como por su capacidad para la trampa y la mentira para dar el vuelco a una situación imposible, al precio de cuanta indignidad y juego sucio sean necesarios. El hombre del 13 de marzo de 2004, cuando se hizo acreedor a la etiqueta de Mayor Tramposo del Reino, es ya la última esperanza de un Gobierno y de un partido al que no le han servido de nada las vilezas y el encanallamiento sistemático de individuos desvergonzados como Zarrías. Es todo un síntoma que se recurra al organizador del chivatazo del Faisán para que les saque –a ellos, que no al país- del atolladero.

En este contexto, ni a la crisis de los controladores con su estrambote -¿final?- del estado de alarma le ha podido sacar el Gobierno toda la rentabilidad política posible. Enfrentado a la flagrante y salvaje irresponsabilidad de un colectivo elitista y arrogante, que ha querido enmascararse en un hipócrita victimismo que nadie se cree, el Gobierno cortó por lo sano, echó mano de medidas excepcionales y restableció la normalidad, con el apoyo posterior de una amplia mayoría parlamentaria. Pero no ha conseguido explicar satisfactoriamente por qué se ha visto desbordado, y en el peor momento posible, por un problema que hace meses se nos dijo que ya estaba resuelto, ni cómo ha sido incapaz de prever la que se le venía encima, a él, a tantos cientos de miles de españoles y a la ya baqueteada imagen exterior de España, incluida su economía y su turismo, en estos tiempos de crisis poliédrica. Tampoco sabemos cómo va a salir de esta, pues lo que no parece presentable es que se prolongue indefinidamente una situación, excepcional por sí misma y que, por lo tanto, debe ser muy limitada en el tiempo, por definición. Un poeta latino, Juvenal, escribió aquello de “Quis custodiet ipsos custodes?”, que podría traducirse por “¿Quién controla a los controladores?” y el Gobierno parece que no tiene todavía respuesta para este interrogante.

Rajoy tuvo en el Congreso una brillante y acertada intervención que no era fácil pues tan importante y necesario como condenar la intolerable conducta de los controladores era señalar las insuficiencias, imprevisiones y torpezas del Gobierno. Muy oportuno fue su recuerdo de las frases descalificatorias de Rubalcaba contra el entonces ministro de Fomento, Arias Salgado, por un incidente aeronáutico mucho menor, como eran los retrasos de unos vuelos. Una vez más quedaba a la vista cómo actúa desde la oposición el PP en un caso en que está en juego el interés nacional y cómo lo hace el PSOE cuando no gobierna. Ninguna novedad en un PSOE que, desde la oposición, se tira al cuello del Gobierno en casos como el accidente del “Prestige” (“Si hace falta hundiremos otro ‘Prestige’”, que dijo un dirigente socialista ante el éxito de su campaña de “nunca mais”), la guerra de Irak o el atentado del 11 de marzo de 2004. El Gran Tramposo de ahora ya lo era entonces y por eso su partido quiere premiarle con la sucesión del fracasado Zapatero. Acierta, por supuesto, cuando llama tramposos a los controladores, que por algo conoce bien el paño. Pero, por alguna extraña razón, al PSOE le perdona todo un amplio sector de la opinión pública española. El mismo que no pasa una al Partido Popular. Las dos famosas varas de medir son una realidad. Lo que no es verdad es esa cantinela, entonada cansinamente por la derecha de la derecha que, con oportunidad y sin ella, repite eso de que todos los políticos son iguales.

Por cierto que esa derecha de la derecha –por cuyas credenciales democráticas y por sus proyectos políticos para España habría que preguntarse- es, junto con los socialistas, el único sector que ha criticado a Rajoy por su intervención en el Congreso en el pleno sobre la crisis de los controladores. Alguno de sus voceros ha llegado a decir que Rajoy se emboscó en la cita rubalcabiana porque no se atrevía a hacer una crítica frontal del actual ministro de Fomento. ¡Lo que hay que oír! O no han visto o leído la intervención del Presidente del Partido Popular o cargan toneladas de mala fe. En este momento crítico de nuestra historia reciente –el más crítico de toda la etapa democrática- no hay más alternativa que el Partido Popular y tratar de desgastarle, como intenta esa derecha de la derecha, sólo lleva agua al molino del fracasado socialismo. Estos sectores marginales sí que tienen, según todos los indicios, una agenda oculta que, seguramente, no conocen ni quienes les apoyan. Aunque, en ciertos casos, lo que se percibe parece ser una nostalgia irrefrenable por un pasado que hace tiempo quedó atrás. ¡Apañado está este país entre los que quieren ganar ahora la guerra que perdieron sus abuelos hace setenta años y los que da la impresión de que añoran una dictadura que biológicamente desapareció hace treinta y cinco!
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.