www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El segundo rapto de Europa

domingo 02 de enero de 2011, 17:36h
Cuenta la mitología griega que Zeus, el rey de los dioses, se enamoró un día de Europa, una joven y bellísima princesa que vivía en la ciudad fenicia de Tiro. Asumiendo la forma de un toro blanco, Zeus sedujo a la doncella, llevándosela a la isla de Creta. El mito del “rapto de Europa” cumplió la función simbólica de ilustrar de esta manera el desplazamiento del eje de la civilización mundial desde Asia (Tiro) hasta Grecia (Creta) y a partir de ella al continente europeo, que continuó reteniendo el centro de la historia hasta bien entrada la Edad Contemporánea.

Esta narración, ¿continúa vigente en nuestro tiempo? Después de haber reinado sobre el mundo alrededor de tres mil años, ¿sigue ocupando Europa el centro de la historia? La pregunta parece válida cuando contemplamos no sólo la crisis que hoy golpea a los países de la Unión Europea sino también el auge espectacular de las naciones llamadas BRIC (Brasil, Rusia, India, China) y en general de las naciones emergentes, entre las cuales se encuentra Iberoamérica.

Ante esta cuestión fundamental, los observadores se dividen en dos grandes escuelas. Según la escuela que algunos llaman “declinista”, la princesa Europa está perdiendo efectivamente su corona. A la crisis que hoy atraviesan los países europeos podría sumarse por lo pronto la de su hijo primogénito, Estados Unidos, mientras a la cabeza de las naciones emergentes figura la sorprendente China, cuyo producto bruto podría sobrepasar al norteamericano en pocas décadas.

Los “declinistas” también hacen notar que la llamada “decadencia de Occidente” que anticipó Oswald Spengler pudo haber empezado con las dos guerras mundiales del siglo XX, cuando los alemanes y sus aliados de un lado y los franceses, los ingleses y sus aliados del otro incurrieron en la locura de destrozarse mutuamente en una suerte de “guerra civil” no asumida como tal. Gracias a esta insensatez, sostienen, Europa empezó a perder el eje de la historia, permitiendo que ocurriera lo que ya había profetizado el genial Alexis de Tocqueville: que otras dos naciones hasta ese momento ignoradas, Rusia y Estados Unidos, subirían al escenario hasta dominar, cada una de ellas, la mitad del mundo.

Lo que más llama la atención de los observadores, manifestándose en un sinnúmero de libros y artículos, es la emergencia del coloso chino. El propio Napoleón ya lo había dicho: “Cuando China despierte, el mundo temblará”. Este despertar, que ya es evidente, no genera sin embargo el “temblor” que temía el gran corso. La China cuyo ascenso nos asombra, hasta ahora es pacífica. Desde una óptica occidental, hasta podría pensarse que China surge bajo el signo “occidental” del capitalismo. ¿Pero es ésta acaso, la visión de los propios chinos? Habiendo dejado en el camino la utopía de Mao, los chinos no se ven a sí mismos como una arrolladora novedad sino más bien como un rebrote de su propia cultura ancestral, una cultura que, después de haber figurado a la cabeza del mundo hasta la Revolución Industrial de Occidente, se está reconectando con la filosofía milenaria de Confucio y tiende a mirar su eclipse de los últimos dos siglos como un breve intervalo en su larguísima trayectoria.

¿Estamos entonces ante un “segundo rapto de Europa” que sigue el curso inverso al que protagonizó Zeus? La Europa a la que ahora raptan desde Oriente, ¿se desplaza desde el centro hasta un rincón de la historia? Quienes niegan esta visión, emplean dos argumentos. Primero, que China, al expandirse, está recorriendo la trillada vía de la expansión comercial que ya había trazado en los albores del capitalismo occidental el escocés Adam Smith. Segundo, que todavía le falta adoptar el segundo ingrediente que aportó Occidente al mundo: el advenimiento de la democracia. A esto contestan los “chinófilos” que, si bien por otros caminos, la China actual se está convirtiendo silenciosamente en una república y ya no es una dictadura por cuanto sus líderes actuales no sólo no pueden gobernar por más de dos períodos de cinco años sino que son consagrados, además, a través de una complicada secuencia de elecciones indirectas.

Occidente, por otra parte, aún conserva la delantera en los campos de la innovación tecnológica y la creatividad cultural. Pero una cosa es cierta: que, para defender su antigua primacía, tanto los europeos como sus descendientes americanos del norte y del sur tendrán que desplegar un colosal esfuerzo; que Occidente, en suma, ya no podrá dormirse en sus laureles.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios