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Una alianza de civiles y militares toman el poder en Túnez

La primera revolución wikileaks

sábado 15 de enero de 2011, 13:01h
La primera revolución wikileaks ha estallado en Túnez y ha triunfado. Los escándalos de corrupción puestos a luz por los “papeles de Lasange” han sido el detonante para que centenares de miles de tunecinos hayan salido a las calles desde hace tres semanas, acabando con una dictadura policial que atenazaba el pais desde hacía 23 años.
Lo que en un comienzo fueron manifestaciones de diplomados en paro, de jóvenes sin trabajo y sin futuro, se fue transformando poco a poco en una revolución popular, ganando paulatinamente las capas de la clase media, abogados, profesores, funcionarios, médicos, profesionales. Los motivos del levantamiento popular pasaron en pocos días de la lucha por cuestiones económicas, salariales, de trabajo, a exigencias políticas: lucha contra la injusticia, contra la opresión y la represión, contra la violación sistemática de los derechos humanos y los derechos civiles. Los asuntos de corrupción desvelados por wikileaks pasaron de ser motivo de comentarios de café, a reivindicaciones profundas de la sociedad.

La revolución fue in crescendo hasta culminar en el Jefe de Estado, Zine el Abidine Ben Ali. De todos los sectores de la sociedad fue surgiendo un grito unánime: ¡fuera Ben Ali!. La gente comenzó a comprender y hablar de aquel general de la policía y los servicios secretos que un día de 1987, entró como ladrón nocturno con un escuadrón armado en el Palacio presidencial y fulminó a Habib Burguiba, el padre de la independencia tunecina. Ben Ali le acusó de senilidad y de querer ser presidente a vida, y la sacrificó en la plaza pública. Buguiba moriría años más tarde, vituperado, marginado y maltratado por una clase de arribistas, codiciosos de acapararse las riquezas del país y protegidos por un sistema policial onmipresente, en cuya cúspide se encontraba el general golpista.

23 años después, la presión internacional y las nuevas tecnologías han acabado con el dictador. Ben Ali prohibió todo tipo de oposición, cerró periódicos, clausuró las voces críticas, persiguió a militantes, torturó, envió a prisión y a exilio miles de tunecinos. La gente no disponía de medios escritos, de radios, de cadenas de televisión independientes, pero las tecnologías de la comunicación obraron el milagro. Faccebok, Twiter, los teléfonos porttiles, Internet, se convirtieron en armas contra la prepotencia policial.

En todo este tiempo, el Ejército permaneció marginado. Los oficiales de carrera no tenían tampoco medios de expresión. Algunos intentaron criticar la conducta política y la gestión del régimen. Unos fueron destituidos, otros enviados a sus casas con jubilación anticipada. El último en pagar fue el jefe de Estado Mayor del Ejército de tierra, el general Rachid Amar, que se negó a disparar sobre la multitud. En un grotesco gesto propio de un dictador en coma, Ben Ali le destituyó hace unos dias. Fue la gota que desbordó el vaso. Las Fuerzas Armadas no aceptaron tal insulto.

El hasta ahora primer ministro Mohamed Ghanuchi, un hombre del sistema pero moderado, que sabe escuchar y que ya hace 10 años siendo Jefe de gobierno declaró a este corresponsal que “Túnez esta lejos aún de ser un país democrático, pero vamos en este camino”. Ghanuchi era parte de los altos funcionarios del Estado, competentes, leales y no corruptos, que aun creían en la posibilidad de que el sistema Ben Ali se regenerase. Diez años después ha sido puesto para dirigir la transición hacia unas Elecciones legislativas que tendrán lugar en Túnez en un plazo de 40 días, y que deberán designar el nuevo Parlamento y el nuevo gobierno.

Persisten aun muchas incógnitas sobre el desenlace del proceso en Túnez. ¿Cual será el papel de los islamistas de En Nahda? Junto a los demócratas laicos de diversas corrientes, los seguidores de Rachid Ghanouchi sufrieron una de las represiones más duras de la era Ben Ali: se cuentan por centenares y miles los muertos, torturados, desaparecidos y exiliados. Sin duda alguna participarán en las próximas Elecciones, y tendrán un papel de primera importancia en el futuro político del pais.

Pero también están las organizaciones demócratas, la oposición laica que compone muchas franjas. Defensores de los derechos humanos, liguistas como se llaman entre ellos los representantes actuales y pasados de la Liga Tunecina de Derechos Humanos, los defensores de las libertades públicas, las asociaciones de profesionales, médicos, abogados, intelectuales. Y la juventud que ha sido protagonista en esta gesta: los miles de jóvenes que han arriesgado sus vidas, que se han comunicado por faccebok, por teléfono, que han colapsado las páginas web, que han destascado Internet. También tendrán un papel en el futuro del país.

Túnez es un país medianamente desarrollado, con infraestructuras agrícolas, turisticas, mineras y tecnológicas importantes. La cuasi-mafia que ha intentado acaparse todas las riquezas, que ha robado y saqueado el país, se ha ido; otros cómplices serán juzgados. Pero las bases económicas, sociales y políticas del país están ahí. La Unión Europea debe volcarse en su ayuda. Los países limítrofes, Italia, Francia, España, Alemania, deberán ayudar a la regeneración de Túnez. Es lo que esperan los tunecinos que hoy invaden las calles del país con manifestaciones de júbilo. La confraternización entre manifestantes y militares es un buen indicio. Las provocaciones policiales tienen un recorrido muy efímero.

La declaración del gobierno español a “mantener la calma” y el llamamiento a “promover la concertación nacional en estos momentos difíciles” ha sido bien recibida pero no ha generado mucha simpatía entre las organizaciones democráticas y de oposición de Túnez, que señalan que el gobierno de Madrid no ha condenado la represión feroz a los manifestantes ni exigió en su momento de Ben Ali que respetase los derechos humanos y las libertades fundamentales.

La declaración hecha por el Partido Popular de apoyo a los derechos democráticos y a las libertades de los tunecinos, en un momento en que más necesitan del sostén de la comunidad internacional, ha sido en cambio bien acogida. “Las razones de Estado no deben ofuscar los principios universales de la libertad y la justicia”, notan fuentes de la oposición a El Imparcial. “Hasta ahora sabíamos dónde estaban nuestros enemigos, ahora sabemos dónde están los amigos”.
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