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¿Paro o desempleo?

martes 01 de febrero de 2011, 13:40h
En España lo llaman “paro”. En la Argentina, “desempleo”. Estas dos palabras, ¿dicen lo mismo? Sí, en cuanto aluden al hecho de que millones de personas, a ambos lados del Atlántico, no consiguen trabajo. No, en cuanto España y la Argentina enfrentan este problema desde distintas perspectivas.

Mientras no lleguen a la Tierra Prometida del pleno empleo, tanto el gobierno español como el gobierno argentino recurren a medidas sociales para aliviar las penurias de sus desempleados. No lo hacen, empero, de la misma forma. En España rige el seguro del desempleo. Esto significa que los afectados por él tienen el derecho de cobrar una indemnización, pero también significa que, para que ésta se concrete, hace falta reconocer previamente hasta dónde llega el paro, midiéndolo con un método verosímil. En la Argentina ha regido en cambio, en la mayoría de los casos, lo que podríamos llamar un “desempleo sin red”, con pocos subsidios de desempleo a la vista. Como contrapartida, las cifras de desempleo que reconoce el gobierno argentino son mucho menores que las que reconoce el gobierno español. Este contraste, ¿prueba que en la Argentina hay “menos” desempleo que en España?

Esto pareciera ser así desde el momento en que el desempleo argentino no sobrepasa el diez por ciento, en tanto que el paro español excede ampliamente esta cifra. Para llegar a una conclusión válida, sin embargo, habría que aclarar qué estamos diciendo cuando hablamos de “pleno empleo”, si al pleno empleo “productivo” o al plano empleo “nominal”. El pleno empleo productivo significa que una gran parte de los empleados están ocupados en trabajos que les traen a las empresas para los cuales trabajan un sobrante de ingresos sobre sus salarios. Esta fue la base que tomó Carlos Marx cuando habló de “plusvalía”, suponiendo que los trabajadores rinden “más” que lo que cobran y que son despojados injustamente de este excedente.

En el pleno empleo meramentre nominal, al contrario, millones de trabajadores rinden “menos” de lo que cobran porque sus empleos, en muchos casos, son meras extensiones del “clientelismo”, un sistema laboral ficticio del cual podría decirse lo que muchos decían en tiempos de la Unión Soviética: “mientras ellos hacen como que nos pagan, nosotros hacemos como que trabajamos”. En términos económicos, esto es una ficción. Lo que hay en los empleos meramente nominales es una ilusión tan grave que lleva a preguntarse si Marx podría haber acuñado en torno de ellos la idea de la plusvalía o tendría que haber hablado de una “minusvalía”, ya que el empleado puramente “nominal” no genera ni siquiera el sobrante que el pensador alemán había denunciado. En los países que abusan de él, el pleno empleo “nominal” es, en el fondo, un desempleo disfrazado.

A esta paradoja se aproxima, de manera inquietante, la Argentina. A ello se agrega otro dato que afecta al contraste laboral entre los países desarrollados y los países subdesarrollados: que, por contener aquellos un componente tecnológico más alto, este componente les crea menos empleos, algo que no ocurre en el subsdesarrollo económico de aquellos países cuyo atraso tecnológico da lugar a una sobreabundancia de empleos nominales. España, con todos sus problemas laborales, forma parte del mundo desarrollado. La Argentina, con sus cifras laborales aparentemente mejores, es todavía un país subdesarrollado. Según el Informe del Banco Mundial de 2010, España cuenta con un producto anual por habitante de 31.930 dólares. La cifra, para la Argentina, es de 7.190 dólares.
Platón comparó la conducta frente al mismo enfermo de un médico y un orador. El médico le informó al enfermo el mal que padecía, advirtiéndole además que su curación sería larga e incierta. El orador lo convenció, a la inversa, de que su mal, porque era leve, tendría fácil remedio. El enfermo, como era previsible, escogió el consejo del orador pero murió al poco tiempo. Eso sí: murió esperanzado.

Frente al mal del desempleo, los gobiernos pueden escoger entre el médico y el orador. Los argentinos están más contentos porque suponen que su mal no es tan grave. Los españoles están seriamente preocupados y tanto es esto así que el gobierno de Zapatero retrocede en las encuestas. La penuria laboral que sufren implica un grave desafío que Zapatero o su sucesor tendrán que enfrentar. Es de esperar que encuentren lo antes posible la solución, pero también es deseable que, como el médico de Platón, insistan en buscarla de cara a la verdad.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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