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Italia: del velinismo al federalismo

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 06 de febrero de 2011, 17:09h
“Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que les distraigan”, decía el “principio de la transposición” de Goebbels. Y en la Italia actual ésta máxima parece sorprendentemente vigente. El diversivo, el confundir, la creación de “falsos problemas” como clara estrategia política. Frente a los escándalos presidenciales, el pueblo se olvida de la crisis; que importa la tasa de desempleo si se puede descargar en PDF el primer tomo de la instrucción del caso Ruby, mejor que Wikileas y más interesante: sexo, chantajes, drogas y potentes. Distraer la opinión pública, entretenerla, presentar una actualidad confusa. ¿Crisis? Qué más da, dicen que Silvio Berlusconi ha sido inmortalizado desnudo y rodeado de su harén, compuesto por chicas jóvenes y jovencísimas...

No sorprende que, en este clima, pase desapercibida e infravalorada una noticia tan desesperada como la petición de asilo “político-artístico” a la Canciller alemana Ángela Merkel del director del Contemporary Art Museum (CAM) de Casoria, periferia de Nápoles puro territorio de Gomorra, famosa por la fiesta del 18 cumpleaños de Noemi Letizia. Harto de “dos años de amenazas, llamadas, y actos vandálicos por nuestra programación contra la Camorra” y frente al silencio de todas las instituciones italianas a las que pidió protección (el Ministerio de Bienes Culturales, el de Interior, las fuerzas policiales y los prefectos), el director se declara dispuesto a llevar a Alemania el museo con sus 1.000 obras, valoradas en 10 millones de euros. ¡Qué no se cuente! A quien habla de Mafia se le acusa de ofrecer una mala imagen de Italia. Parece más importante condenar a los concursantes del gran hermano que se “meten con el altísimo” cada vez que se cabrean o que intentan practicar sexo bajo unas sabanas. Y como diversivo del diversivo (el Rubygate), Berlusconi propone un nuevo plan bipartisan para el crecimiento de Italia: una propuesta vacía, poco creíble, objetivamente insuficiente para solucionar los problemas estructurales del país, un simulacro de “pacto” de salvación nacional. Así que “si no hay reforma, la culpa es de los demás, irresponsables”. Poco importa que Berlusconi haya estado ocho de los últimos diez años en el poder, estático e inoperativo: al fin y al cabo, ha pasado más tiempo interviniendo en sus televisiones que en su despacho, llamando más veces a Signorini (primeradonna de la prensa rosa italiana) que al Ministro de Economía.

Confieso que resulta difícil centrarse en la actualidad y las noticias realmente importantes con tantos diversivos o argumentos de reflexión: desde la afirmación en defensa de Berlusconi de un diputado suyo “es que ahora las niñas de 17 años no son niñas”, a la posibilidad de organizar una manifestación contra los jueces, pasando por el diputado berlusconiano que durante la moción de censura al ministro de Cultura, visitaba páginas de escort (¿posibles candidatas a las próximas elecciones?), y afirmó “la curiosidad masculina me ha llevado a detenerme sobre esas imágenes de bellas doncellas en un momento de cansancio del debate”.

Berlusconi ha convertido la realidad en un reality, en un espectáculo del que es protagonista y víctima, mártir de la justicia y violador de las leyes, juez y parte de la política italiana. La política se convierte en telerrealidad, suscitando el cosquilleo de conocer todos los aspectos menos relevantes de la misma. Se estudia el berlusconismo como reflejo del nihilismo contemporáneo, capaz de preconizar las dictaduras del mañana, utilizando el poder mediático y el vació de la oposición: ya contra él (o con él) la izquierda italiana parece incapaz de renovarse, afectada por un instinto –y tendencia- a la autolesión (como en el controvertido caso de las primarias en Nápoles), patológicamente débil y confundida.

Berlusconi está consiguiendo distraer la opinión pública del verdadero problema de Italia: una preocupante parálisis gubernamental a la que se suma la estrategia de la supervivencia, del arrangiarsi - el arte de apañarse. Un Gobierno moribundo, en vilo, “a contar” en cada votación. Aún así se aviva la impresión de que el frágil equilibrio de esta legislatura pueda romperse de un momento u otro y el espectro del voto vuelva: mientras se espera el de profundis de este Gobierno, Berlusconi sigue actuando en contra de las reglas democráticas. Mientras todos se escandalizan por Ruby, asistimos perplejos al enésimo escándalo: el intento de aprobación por decreto del federalismo fiscal - redistribución de la fiscalidad con criterios federales, control del gasto público según criterios de eficacia y lucha contra el despilfarro de las clases dirigentes (sobre todo del sur). Escandaloso no tanto el contenido sino la forma: un cambio tan importante no puede ser aprobado por un Consejo de Ministros convocado de urgencia considerando además que ese mismo día el texto había sido recusado por la comisión bicameral del Parlamento. La aprobación por Decreto ofende las reglas democráticas, aún más cuando una comisión parlamentaria muestra su reticencia. El decreto ley representa un acto del imperio del poder ejecutivo, de prepotencia, que desafía y derrota el poder legislativo, violando al mismo tiempo los reglamentos parlamentarios. De poco sirve que el presidente de la República se haya negado a ratificar el texto, preparándonos para un nuevo capítulo de enfrentamiento institucional, con el pueblo como perdedor anunciado. Mientras a la Lega le interesa conseguir el federalismo, a Berlusconi le preocupa su impunidad, y el País espera, consciente de que sus reales intereses (economía, el crecimiento, la lucha a la criminalidad, etc.) están relegados a segunda fila. Ya, hablar del “velinismo” (velinas, vedettes, escorts) para no hablar de la responsabilidad e inacción.

En este contexto, merece la pena destacar la manifestación lanzada por “Libertad y Justicia”, apoyando el trabajo de la magistratura y exigiendo las dimisiones de Berlusconi. El acto -al que acudieron Eco, Lerner, Ginsburg y Saviano entre otros- demuestra la creciente indignación ciudadana y un profundo malestar por la acción del cavaliere. Certifica la existencia de un minoría que “quieren legalidad, no connivencia; quieren seguridad, no protección; quieren ser ciudadanos, no clientes” y que quiere recordar que la independencia y separación de poderes representan la base de un Estado de Derecho. La manifestación dio voz a cuántos creen en el respeto de las reglas, de la legalidad, de la Justicia, en los procedimientos parlamentarios antes de las urgencia de sobrevivencia de un gobierno. No se trata de si nos gusta o no el estilo de vida de Berlusconi, sino de una pregunta política: ¿podemos ser gobernados por esa persona? Hace unos días, un periódico español recordaba las proféticas palabras de Pasolini “Italia es un país ridículo y siniestro”. Cada vez más descaradamente ridículo y profundamente siniestro.

Ps. Después del escándalo de Tangentopoli de corrupción masiva, a Craxi le tiraron monedas. A Berlusconi están pensando en tirarle bragas...

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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