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Dilma visita Argentina: empieza un nuevo estilo

lunes 07 de febrero de 2011, 17:41h
El primer viaje de la nueva presidenta de Brasil ha sido a la Argentina, como algunos esperábamos, el mayor socio económico y geopolítico de Brasil en América Latina.

Esta visita está cargada de simbolismo que no podemos obviar. Por primera vez en la historia de América Latina, los máximos líderes políticos de dos de los mayores países de la región son mujeres, hecho impensable no hace muchos años, pero que, sin embargo, sigue sorprendiendo a muchos analistas políticos europeos. Los mismos que tienen la tendencia de evaluar los países sudamericanos como sociedades poco desarrolladas, con instituciones políticas y democráticas deficientes e inestables; y formado por una sociedad de clases en las que solo algunos pocos, los ricos, tienen acceso al poder. Sin embargo, ese encuentro es una demostración de que ambos países han alcanzado un grado elevado de madurez política y de consolidación democrática, caracterizado en la igualdad de género de facto, no solo de derecho, que ya existía.

Esta visita, sin embargo revela las preferencias en la política exterior del Brasil de Dilma. Se mantiene el objetivo prioritario de fortalecimiento y consolidación de las relaciones sudamericanas, especialmente a partir de la asociación estratégica con Argentina, no sólo en el campo económico, sino también en el ámbito político, social y en diversas áreas estratégicas, como la tecnología, la energía y la seguridad. Brasil es consciente de que sólo con Argentina conseguirá tener un papel más activo en los diferentes fórums internacionales, como el G-20 o el G-77, y, además, fortalecer la Unasur.

Esta perspectiva no es novedosa. Sudamérica es la prioridad máxima de la política exterior brasileña desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando Brasil dejó de dar la espalda a sus vecinos.
Sin embargo, la política exterior de Dilma hacia Sudamérica parece presentar un nuevo estilo. Dilma insistió, en su discurso en Buenos Aires, en la necesidad de que se respecten los acuerdos firmados, de que se garanticen los derechos de propiedad, en definitiva, en la necesidad de construcción de un marco de mayor estabilidad jurídica. Este recado va directamente a Argentina, que tiene violado sistemáticamente los acuerdos de libre comercio firmados en el marco del Mercado Común del Sur. Pero también se dirige a Ecuador, Paraguay y Bolivia, países que recientemente han cambiado unilateralmente los contratos firmados con empresas brasileñas. La postura de Lula era de diálogo y búsqueda de un entendimiento. La de Dilma, como se observa, cambia radicalmente. Por primera vez Brasil parece no temer exigirles a sus socios regionales el respecto a las reglas de juego. Es una situación nueva y arriesgada para Brasil, pero también una gran oportunidad para avanzar en la consolidación de un espacio económico regional en el que se respecten los derechos de propiedad.
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