www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Parejas

jueves 10 de febrero de 2011, 22:09h
Recuerdo una entrevista que, hace ya unos años, le hicieron en televisión a Antonio Gala, el periodista le preguntó qué opinaba sobre el hecho de que aproximadamente el cincuenta por ciento de los matrimonios se separasen. Don Antonio sorprendió al entrevistador al decir: ¿Sólo? ¿Le parecen pocos? le cuestionó el periodista. Me parecen poquísimos, aseguró Gala, y lo explicó más o menos en estos términos. “Mire, por regla general los matrimonios están constituidos por dos personas de distinta sensibilidad, de distinta educación, de distintos intereses, de distintas familias, de distinta manera de ver el mundo y hasta de distinto sexo, ¡eso es muy difícil que funcione bien!”

Y es verdad que una de las asignaturas más complicadas de la vida es la convivencia en pareja. No es lo mismo una relación de noviazgo en la que compartes unas horas, de ocho a diez, y un fin de semana para salir a divertirte, que el trato diario, continuado, cotidiano de un matrimonio, haciendo frente a los múltiples problemas que van surgiendo, con los hijos, la economía y las relaciones con las familias políticas de cada uno. Y por si fuera poco está la manera tan distinta que hombres y mujeres suelen tener a la hora de interpretar las cosas, la forma tan dispar de sentir, y las necesidades afectivas tan diversas de unas y otros. Dicen, por ejemplo, que los hombres dan ternura a cambio de sexo y las mujeres dan sexo a cambio de ternura.

Hoy, sin embargo, está de moda la igualdad, se pretende que hombres y mujeres seamos iguales en todo. Por supuesto que es una exigencia urgente y justa que seamos, de una vez por todas, iguales en derechos y deberes; por supuesto que es urgente que acabemos con el machismo repugnante que aún persiste en nuestra sociedad. Pero nada más, seguiremos siendo distintos en muchas otras áreas, por mucho que se esfuercen nuestros políticos no podrán forzar una igualdad que es contraria a la naturaleza, contraria a la constitución biológica y psicológica. Lo que es necesario es que veamos lo positivo que conlleva el no ser iguales, lo bueno que encierra el ser distintos, diferentes y complementarios.

Llevo treinta años practicando mi profesión de psiquiatra y cada vez me percato con más claridad de lo distintos que somos los hombres y las mujeres. Cuando un hombre acude a mi consulta para referirme un problema lo que suele demandar es que le aporte alguna solución, cuando una mujer acude a consulta y expone su problema lo primero que demanda es comprensión. Comprender es ver con los ojos del otro. Justo lo que no hacemos cuando discutimos acaloradamente. En esas situaciones lo que solemos sacar es al juez implacable que llevamos dentro y que emite sentencias inapelables. Enjuiciar se nos da muy bien, pero comprender es más difícil y se nos da fatal. Si comprendiéramos más y juzgáramos menos nos iría a todos mucho mejor, en todo los aspectos de la vida, y, también, en la vida en pareja y en la resolución de los problemas que surgen en la relación.

La comprensión nos abre a la tolerancia, nos pone en el lugar del otro. No se trata de llevar la razón sino de comprender las razones del otro. Y no sólo desde la lógica de los razonamientos, sino también desde los sentimientos, que por su naturaleza no son lógicos; pero son, están ahí y condicionan nuestra manera de actuar. “El corazón tiene razones que la razón no comprende”, decía el sentencioso Pascal. En las parejas que funcionan bien, que las hay, se da siempre una especie de acoplamiento, que no es posible sin flexibilidad y sin renuncia por ambas partes. Si ninguno cede o si siempre cede el mismo, el sistema no funciona y a largo plazo acaba destruyéndose.

Aunque parezca paradójico puede mantenerse la armonía aún en el desacuerdo; aunque resulte difícil podemos ver con los ojos del otro; ver las cosas de maneras distintas es verlas desde distintas perspectivas; la diferencia se puede sufrir o se puede disfrutar, la xenofobia es el miedo a lo distinto, a lo extraño; mientras que la xenofilia es el amor por lo diferente. Celebremos que somos distintos. Alguno dirá con razón que todo esto es fácil de decir y difícil de llevar a cabo. Y así es, es tan difícil que a veces parece imposible. Por eso, cuando veo en el metro a dos novios enamorados besándose con pasión, con esos besos que duran varias estaciones, me parece algo fácil, sólo hay que dejarse llevar arrastrado por la fuerza del instinto; pero cuando veo a dos ancianos paseando por la calle, cogidos tiernamente de la mano, me parece un milagro maravilloso. Porque esa imagen significa que fueron capaces de pasar del enamoramiento, que es una pasión transitoria, al amor que es un sentimiento estable; que fueron capaces de superar las crisis venciendo al egocentrismo; que fueron capaces de salir de la exclusividad del yo para descubrir un “tú” y vivir un “nosotros”; que fueron capaces de ser fieles, fieles a una historia, su historia.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+

0 comentarios