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Obama y Zapatero se chupan el dedo

domingo 13 de febrero de 2011, 17:11h
Todo lo que representa Obama desde que ocupó sonriente, seductor, simpático y elegante el Despacho Oval pasará a la Historia. Es el primer presidente de Estados Unidos de raza negra y es, también, el primero que asiste desde primera fila e impotente, y hasta blandengue, al ya evidente declive del imperio americano, el que ha liderado, comandado y controlado el mundo desde hace casi un siglo. Nadie podía sospechar en 1.989, cuando Reagan y el Papa derribaron el Muro que ese poder hegemónico, casi total de Estados Unidos fuera a ser tan efímero, pues acababa de derrotar al único enemigo que le hacía frente: el comunismo. Nadie imaginaba que la III Guerra Mundial estaba a la vuelta de la esquina de Berlín.

Porque ya hoy, económicamente, China está formalmente a rebufo de EEUU, pero, en realidad, por el importe de la deuda USA que posee (también española, claro) y por producción tiene la batalla prácticamente ganada. Son más de mil millones trabajando a destajo, que se están comiendo a los americanos por los pies. Y, de paso, ya han echado el lazo a India que lleva el mismo camino, con otros más de mil millones de trabajadores sin horarios y con unos cientos de miles de genios de la informática que van a derretir Sillicon Valley en cuatro chips. Shangháy ya es la capital del mundo en muchos aspectos, entre ellos el arte, que siempre se adelanta. La vanguardia arquitectónica, pictórica, del diseño... está instalada desde hace unos años entre los deslumbrantes rascacielos de la espectacular ciudad china que, de paso, alberga el mayor puerto del mundo en pleno delta del río Yangtsé. Y no hay multinacional de renombre sin despacho por allí.

Y , en el otro flanco del Imperio, el militar, Estados Unidos tiene heridas abiertas por los cuatro costados, y abiertas por los mismos cuchillos : los del terrorismo islamista, que unas veces ponen bombas y, otras, arengan desde las mezquitas, pero que se cuelan por los débiles y múltiples vericuetos de la cultura occidental. Todos intuyeron que la caída de las torres gemelas suponía un profundo cambio en la Historia. Pero nadie previó que el cambio o, mejor, el derrumbe provocado por el ataque terrorista fuera a ser tan destructor.
En Irak, la guerra no ha terminado y el orgullo americano anda esparcido por los polvos del desierto. En Afganistán, los talibanes hacen sangre cuando quieren. En Irán, Ahmanideyad se chotea del imperio americano, mientras, en plan chulo, enriquece uranio para intentar destruir Israel. Los países que Estados Unidos dominaba hasta hace poco, en una de las zonas más estratégicas del mundo, se han convertido en enemigos peligrosos y con ansias de venganza y destrucción. Al Quaeda sigue vivo y matando. Y, ahora, Egipto.

Mubarak ha sido un dictador, un tirano, ha controlado el país a su antojo, a su capricho, ha robado, ha abusado treinta años del poder, mientras buena parte de su país se moría de hambre. Pero era muro de Estados Unidos frente al Islam radical, y casi un aliado de Israel. Era un hijo de puta. Pero era nuestro hijo de puta. Como lo fue el sha en Irán o lo es ahora el rey de Marruecos.

Los más optimistas confían en que, tanto en Egipto, como en Túnez, el Islam no llegue al poder con el Corán como arma de batalla. Que la democracia permita a los partidos más liberales y equilibrados gobernar en paz y con justicia. Al menos, en las próximas elecciones. Pero puede que Obama se chupe el dedo, pero tarde o temprano, los cuchillos del Islam de colarán en los parlamentos para imponer la sharía y declarar la guerra a Occidente. Y parece ser que Obama se chupa el dedo.

Las pretensiones de expansión del Islam más radical no se han olvidado de otros aliados occidentales, además de riquísimos países: Arabia Saudí y los emiratos. Allí, otros sátrapas vestidos de reyes y dioses, pero otros hijos de puta de los americanos, y el gran pozo de petróleo de Occidente, están en el objetivo de los radicales islamistas. Puede ser la siguiente etapa. Desde luego, Al Quaeda, Ahmadineyad y compañía lo están urdiendo. No tardarán mucho en intentar movilizar al pueblo en contra del poder actual, aprovechando la polvareda popular, bien atizada por la propaganda de la revolución egipcia.
Y mientras, China se frota las manos, llena sus arcas de dólares americanos y abastece los cuarteles con los mejores aparatos militares que se fabrican. Y compra el mundo. También en buena parte de África han puesto tienda los chinos. El imperio americano se tambalea. Puede durar cinco o veinte años. Seguramente, ni uno más. Pero, aunque Zapatero y muchos otros no lo quieren reconocer, España, aun dentro de Europa, no es más que una provincia del Imperio. Y no saldremos ganando con el cambio. El Islam sigue soñando con recuperar Al Andalus. Y Estados Unidos, Europa, Occidente, en fin, se queda solo ante el peligro ideológico y terrorista del Islam y la voracidad de la economía china. Que si fuera necesario se harían aliados.

Y dicen que este lunes es el día de los enamorados.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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