www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La ETA conversa

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Estoy seguro de no ser el único que ha sentido una mezcla de vergüenza ajena, irritación y bochorno al escuchar a ciertos comentaristas y tertulianos sus análisis de los estatutos del nuevo partido de la denominada –con el máximo de corrección política- “izquierda abertzale” o de las entrevistas y ruedas de prensa de los patrocinadores y presentadores del invento. Como exegetas bíblicos, discutían si en esos “históricos” textos faltaba o no alguna palabra, si estaban colocados todos los términos en el orden adecuado y fascinados ante el aparente rigor jurídico (que admiraba incluso a los que se reconocían poco duchos en Derecho) concluían que iba a ser muy difícil que los jueces impidieran la concurrencia a las elecciones de quienes tan hábilmente habían logrado adaptarse al ordenamiento jurídico. Alguno de esos tertulianos confesaba ante las cámaras, transido de emoción, su honda conmoción ante el insólito espectáculo que para él significaba ver a los antiguos (?) amigos del terror, rendidos ante las excelencias de la democracia, dispuestos a respetar y practicar sus reglas de juego como demócratas de toda la vida. ¡Qué triunfo! ¡Qué maravillosa conversión!

¿Conversión y, además, conversión en masa de toda la galaxia etarra, que eso y no otra cosa es la llamada izquierda abertzale? Las conversiones individuales se dan, ciertamente, de vez en cuando, pero las conversiones en masa son siempre sospechosas porque en ellas suele haber tongo. Como cuando Vladimiro, príncipe de Kiev, convirtió a todo su pueblo al cristianismo por el expeditivo procedimiento de bautizarlo por inmersión en el imponente río Dniéper. Una no tan pequeña diferencia con los creadores del “democrático” nuevo partido post-batasuno: Vladimiro –canonizado después por aclamación popular- previamente había arrojado al mismo río la enorme estatua del cruel dios Perun, el principal de la mitología kieviana. Los neo-batasunos no han hecho nada similar con ETA, la brutal deidad a la que todos adoran y de la que todos dependen, salvo una vaga promesa de que rechazarán cualquier futura “violencia” etarra o no, pero sin que se les haya escuchado una palabra no ya de condena, sino de mera crítica de más de cuarenta años de terrorismo, que tanto dolor ha producido.

Bochorno dan estos supuestos análisis políticos que son incapaces de advertir que detrás de cada texto hay un “subtexto”. Y que el subtexto de esta operación de los amigos de ETA está claro desde hace muchos meses: Era imperativo para esta gente seguir estando presentes y, en la medida de lo posible, controlar algunos ayuntamientos, porque de esa presencia se obtienen poder y fondos que son indispensables para proseguir la lucha por la causa. Una causa en la que la baza maestra seguirá siendo la parte dominante y más importante de la galaxia, eso que llamamos ETA en sentido estricto, aunque ETA es todo el conjunto, por mucho que se quieran disfrazar. Parece que se quiere que nos olvidemos de que existe ETA, una ETA que está más débil que nunca, en primer lugar por la acción de la Policía y la Guardia Civil (excluyendo, claro está, a quienes ordenan o dan chivatazos o prestan teléfonos a los negociadores etarras) y por la colaboración francesa. Pero también por esa operación de “blanqueo de etarras” que le permitió a Rubalcaba decir hace meses que en Nanclares de la Oca ya no hay miembros de la banda porque, al parecer, todos han firmado no sé qué papelito de arrepentimiento. Como quien se confiesa por Internet. Podían haber aprovechado ya para que firmaran la petición de Premio Nobel de la Paz a Garzón. O al mismo Zapatero.

Pero lo más preocupante de todo este asunto es que no pocos en las órbitas nacionalista y socialista están encantados con este nuevo amanecer de la supuestamente conversa (a la democracia) izquierda abertzale. Que el PNV se muestre alborozado y apoye con todo vigor la presencia electoral de esta gente no puede extrañar. Siempre han tenido debilidad por sus primos de la bomba, la pistola y la gasolina, aunque al final no dejarán de ser competidores. Siempre estuvieron en contra de la ley de partidos y esta operación, cuyo objetivo no es otro que burlar dicha norma, no puede sino regocijarlos. También se entiende la satisfacción del ala nacionalista del socialismo vasco, representada por el sempiterno negociador y amigo de etarras, Eguiguren, o el turbio alcalde donostiarra, Elorza. Pero se entiende menos las imprudentes frases del lehendakari, que renuncia a derrotar a ETA porque ya no quiere que haya vencedores y vencidos o de su hasta ahora inflexible consejero de Interior, repentinamente ablandado ante esta enésima maniobra del mundo etarra. Unas frases que dan pie para pensar –como otros preocupantes hechos, como la de los etarras liberados para cuidar a mamá…etc.- que no se ha dejado de negociar con la banda y que está tomada la decisión de que vayan a las elecciones.

Rubalcaba ha dicho de todo (como aquella frase, cogida al azar, según la cual “no había que llorar” si, de pronto, los batasunos “condenan a ETA”, algo que nunca han hecho)) pero ha sido, al final y en público, mucho más contundente al subrayar que esto no es más que una prolongación de Batasuna, esto es de ETA. Pero la falta de credibilidad del vicepresidente primero –uno de los más astutos mentirosos (con permiso de Zapatero) en un escenario gubernamental ocupado por los equipos más reacios a la verdad de toda la historia contemporánea española- resta cualquier valor a esa afirmación. Mañana puede decir todo lo contrario. Y es mucho lo que está en juego. Cualquier “apaño” con ETA o sus secuaces, permitiendo su presencia en las instituciones, supone algo de tanta gravedad como reconocer que el terrorismo produce beneficios y obtiene resultados, antes o después. Matar se convierte en un instrumento político aceptado y a las víctimas se les envía el peor mensaje imaginable: vuestro sacrificio no ha valido para nada. La muerte de vuestros deudos y vuestro dolor han sido totalmente inútiles. Ningún hipotético monumento podría compensar semejante afrenta. Y el Estado de Derecho resulta ser un camelo.

Queda una última cuestión. Algunos se preguntan, ¿y si fuera sincera esa conversión? Hipótesis poco creíble pero, si así fuera, no hay nada que rectificar de lo que llevamos dicho: Que esperen pacientemente a las puertas de una democracia de la que hasta ahora no han sido dignos; que muestren con sus actos, con su conducta, que creen en unas reglas que hasta ahora han despreciado y transgredido. Que transiten por el largo camino de Canossa y esperan a la intemperie como Enrique IV, hasta obtener el perdón. Y que se olviden de eso de que “la sociedad será generosa” con los etarras, que propicia algún obispo, porque en un Estado de Derecho lo prioritario es el cumplimiento estricto de la ley. Cualquier otra cosa es una vergüenza nacional.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.