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crítica

Santísima Trinidad, un libro para paladear la vida

Pablo García-Mancha: Santísima Trinidad. Flamenco, Toros, Vino. Ediciones Bodegas Ontañón. Logroño, 2010. 572 páginas. 24,90 €
Pablo García-Mancha (Logroño, 1968) es un joven periodista de La Rioja que ha escrito un gran libro sobre tres de sus pasiones: el vino, el flamenco y los toros. Santísima Trinidad. Flamenco, Toros, Vino (Ediciones Bodegas Ontañón, diciembre 2010) es un libro audaz, denso, que hay que paladear como un buen caldo de La Rioja Alta y en el que hay mucha calidad literaria, gran sensibilidad descriptiva y una gran riqueza conceptual.

Pablo G. Mancha es periodista y en el periódico La Rioja escribe de toros y de alguna de esas pasiones ya descritas, pero es ante todo un escritor. Y digo escritor en el sentido más plural y hondo del término. No es un crítico solamente de toros o de gastronomía. Hace pocos años –cuando le descubrí– leí una inteligente, audaz y razonada defensa del diestro José Tomás, el torero que más ha sido capaz de entusiasmar a los españoles, sean o no aficionados. Y en esa defensa percibí que Pablo G. Mancha hacía de ella una “causa”, porque Pablo necesita que escribir tenga algo de militancia, de combate, de argumento dialéctico, de convicción intima.

Gracias a este magnífico libro, los lectores van a descubrir no solo la clave del misterio de José Tomás, sino la entraña de su Rioja, verdadero paraíso terrenal de las materias primas más elementales y terráqueas. Gracias también a su generosa capacidad descriptiva, Pablo G. Mancha nos deja en este libro pasajes tan bellos como éste, que reproduzco: “Hay parajes en La Rioja donde los colores de los viñedos son especialmente caprichosos: cada majuelo un tono, casi cada renque, cada planta dispone de su propia paleta para desafiar al repertorio inagotable del color, a la intensidad de los marrones que desfilaban en una increíble gama que se alzaba carmesí e incluso rosa para resbalar con eficacia por una indescriptible traza de violetas, añiles, cerezas, rosas palo, marrones mil veces entreverados, ocres, rojos, anaranjados, amarillos pajizos, amarillos que coqueteaban con el ámbar o con el negro más oscuro e indefinible en hojas que estaban a punto de rodar yertas por el suelo a los pies de las vides”. Este libro es un viaje personal hacia tres manifestaciones culturales: el flamenco, los toros y el vino.

En este libro hay erudición sobre el vino, su crianza, su historia, y su intima conexión con la civilización cristiana y la Ruta Jacobea, en ese iniciático Camino de Santiago de Compostela, tan fecundo en sabiduría. En este libro paladeas el color y el sabor de los grandes tintos riojanos, su compleja y precisa elaboración, y también el cristalino matiz de los pálidos blancos. Hay en Pablo G. Mancha claras herencias del gran Néstor Luján, uno de los hombres más ricos en saber, en paladar, en conversación, en sabiduría, en capacidad para narrar, para relatar y para divulgar cuanto de apasionante hay en el vino, en la historia, en los viajes, en los toros, el boxeo, en la gastronomía. Como él, tiene Pablo G. Mancha todo ese don para compartir su pasión con una pluma profunda, un estilo con la grandeza de la sencillez, con el adorno necesario y sin pedantería.

Decir que el toreo es un ejercicio del alma, como dice y escribe Pablo, es el mejor antídoto contra las versiones chatas del inculto antitaurino, además de ignorante incapaz de captar cuanto de bello hay en la genética taurina, de impresionante en la embestida de un toro bravo y de hermoso, hondo y auténtico en la verónica mecida de Morante de la Puebla o en un majestuoso estatuario de Cagancho.

Y por último, hay en este libro la sensibilidad que el cante de Camarón, las guitarras de Vicente Amigo o de Rafael Riqueni, a la que define como “lenta, parsimoniosa, sensible y cabal, compleja y delicada, sutil y tremebunda”.

Pablo G. Mancha demuestra en este libro que hay tipos capaces de estremecer nuestra alma con un capote o una cuerda, de hacer brotar nuestra reprimida lágrima y de devolvernos la confianza, la fe y la ilusión en la capacidad creativa del ser humano para hacernos felices, a sorbos de caldos, de mágicas visiones toreras, de exquisitas degustaciones de manjares sencillos y bien condimentados, de escuchar rasgueos de púas sobre finísimas cuerdas y roncas gargantas que dicen cuanto se puede sufrir y amar en esta vida.

Enhorabuena al autor y a Bodegas Ontañón, porque ha sido una feliz iniciativa celebrar el 25 aniversario de su bodega con este regalo.

Por Carlos Abella
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