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Diplomacia desnortada

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Los seis largos años de Moratinos como ministro de Asuntos Exteriores han hecho de su mandato el más prolongado de la democracia al frente de la diplomacia española. Ningún otro ministro de Exteriores logró mantenerse tanto tiempo en el simbólico y semiabandonado Palacio de Santa Cruz. Pero su etapa ha sido también la más penosa desde la Transición para nuestra política exterior, que ha ido dando tumbos, perdiendo posiciones y cediendo ante todas las presiones y todos los chantajes, que tan frecuentes son en el ámbito de las relaciones internacionales. Parecía imposible hacerlo peor pero ese parece ser el propósito de su sucesora en el cargo, Trinidad Jiménez. Hubo inicialmente algunos pequeños atisbos de que se iban a remediar los peores aspectos de la etapa moratiniana pero, rápidamente, han sido desmentidos por los hechos.

Estamos como estábamos hace unos meses: en caída libre en todas las clasificaciones que hacen referencia al prestigio, la credibilidad y la influencia y, eso sí, a la cabeza de las “listas negras” que relacionan a los países que protagonizan los grandes fracasos en paro, educación, competitividad…etc. Una España bajo mínimos, descolgada del grupo de los grandes países europeos y que ha pasado de ser admirada a convertirse en un objeto de preocupación por la incompetencia y mala gestión de sus actuales dirigentes. Unos gobernantes que bracean impotentes sin más objetivo que ganar tiempo y demonizar a la oposición, a ver si para cuando acabe esta penosa legislatura los imprevisibles hados o las manipulaciones bastardas de algún rubalcaba les permiten seguir parasitando el aparato del Estado.

La nueva ministra acaba de visitar Londres, pero se vuelve con las manos vacías. Había prometido que relanzaría las conversaciones sobre Gibraltar, incluida la cuestión de la soberanía, pero, según su propia confesión, de Gibraltar solo se ha hablado “brevemente”. Mientras tanto, el Reino Unido y las autoridades locales gibraltareñas incrementan descaradamente sus pretensiones, ocupan aguas españolas y ganan terreno al mar con la misma desfachatez con que antaño ocuparon “provisionalmente” territorio que era español, según el Tratado de Utrecht. Ya es un hecho cotidiano el acoso de unidades británicas a patrulleras de la Guardia Civil que desarrollan su misión en aguas españolas, como lo es el desparpajo de los contrabandistas de todo tipo que actúan al amparo del pabellón británico en contravención de todas las normas de la UE. En buena medida, nos hallamos ante las inevitables consecuencias de la aberrante creación del llamado Foro Trilateral que pone en pie en igualdad a la colonia de Gibraltar con España y el Reino Unido. Un Foro Trilateral que es uno de los más escandalosos fracasos de Moratinos, coronado con una intempestiva visita a la Roca, acciones estas que rompen, sin contrapartidas de ningún tipo, un gran consenso nacional que se ha mantenido durante tres siglos con toda clase de gobiernos y regímenes.

Algunas informaciones aseguraban que Trinidad Jiménez iba a dejar de lado esta malhadada iniciativa de su predecesor pero, durante la misma visita a Londres, aseguró que la posición de España sobre el Foro Tripartido de Diálogo no ha cambiado. Caruana lo sabe y por eso ya no se corta para hablar de la “soberanía” de Gibraltar que no tiene encaje jurídico-internacional ninguno pero que si prosigue esta desnortada diplomacia española, acabará siendo reconocida por el Reino Unido. Al tiempo. Persistir en el error es una de las más acreditadas especialidades socialistas, como muestra ese empeño de desmantelar la Posición Común de la UE sobre Cuba, en contra de lo que piensan la inmensa mayoría de los socios europeos. Otra especialidad de la política exterior del Gobierno socialista es la cesión ante los ataques, amenazas, baladronadas y presiones de todo tipo por parte de sus “amigos” de las dictaduras de izquierda, que juegan con los intereses y el prestigio de España.

Nuestro país es objeto de una generalizada tomadura de pelo por parte de todos esos tiranuelos que le han tomado la medida. Por Chávez, que sigue protegiendo a etarras; por los Castro, que continúan violando descaradamente los derechos humanos mientras este Gobierno calla, aunque no pierda oportunidad de reiterar que los derechos humanos son una prioridad de su política exterior. Pero lo mismo que en Cuba, los derechos humanos son sistemáticamente violados en el Sahara Occidental, ocupado con Marruecos contra todas las normas del Derecho Internacional y todavía Trinidad Jiménez encuentra motivos para decir que Marruecos avanza satisfactoriamente hacia la democracia.

La misma actitud de debilidad y blandura acaba de mostrar la ministra ante un hecho tan grave como la detención durante cuatro horas del cónsul español en Teherán, y del propio embajador de nuestro país que se interesaba por su suerte. La actitud de las autoridades iraníes es tan impresentable como inaceptable y la amenaza de retirar o llamar a consultas a nuestro embajador –retirada al final no realizada, aunque se habían cumplido los plazos establecidos por la propia ministra- se vuelve contra nuestro país que, aun más, pierde credibilidad y se hace acreedor a que se le niegue el mínimo respeto. Esas cosas o se hacen fulminantemente o no se hacen. Hace bien pocos meses, Japón retiró sin previo aviso su embajador en Moscú porque el primer ministro ruso, Putin, había visitado las Kuriles del sur, que son reclamadas por Tokio. Moscú acusó el golpe y se restableció el entendimiento Pero mal van a acusar todos esos países que nos toman el pelo, desde Venezuela, Cuba y Bolivia, hasta Irán, pasando por Marruecos, los “golpes” diplomáticos, tomados además de acuerdo con las reglas internacionales establecidas y aceptadas, que este Gobierno no se atreve nunca a dar. El miedo de la actual diplomacia española a actuar en defensa de los intereses españoles y de nuestro prestigio como país es un dato objetivo que merece estudio.
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