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Libia, América Latina y Argentina

viernes 25 de febrero de 2011, 12:26h
La posición de la Argentina respecto al conflicto libio, debe ubicarse en el marco de la asumida por América Latina.

El mundo asiste a la rebelión más globalizada de la historia.

Lo que empezó con movilizaciones en Túnez y Argelia y se potenció con la caída del Mubarak en Egipto, llega a China donde el gobierno reprime protestas y aumenta el control sobre la web, temiendo el efecto contagio. Por su parte Rusia denuncia que agitadores extremistas se han puesto en movimiento y hasta en Corea del Norte, comienzan tímidas protestas. Hasta la violenta huelga griega del miércoles 23 de febrero, puede estar influida por lo que está sucediendo en el mundo árabe.

Pero de este fenómeno cuyas consecuencias hoy son imprevisibles, lo que está sucediendo en Libia, es lo que más efectos ha tenido lugar en América Latina, la región del mundo emergente en la cual la rebelión iniciada en el norte de África, parece haber tenido hasta ahora menores efectos.

En momentos que la comunidad internacional a través de la UN condena severamente la represión que está realziando Khadafy que ha provocado cientos de muertos, tres gobiernos latinoamericanos han salido en su defensa: Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Una primera explicación es que lo han hecho temiendo que en sus propios países la oposición salga a la calle al calor de la protesta globalizada que se transmite por los medios de comunicación y la web.

Cabe señalar que su penetración al igual que la de las redes sociales, en promedio es mayor en América Latina que en China y el mundo árabe, como porcentaje sobre el total de la población.

Fidel Castro ha sido un aliado histórico del dictador libio, desde que este llegara al poder a fines de los años sesenta. En Cuba, el régimen detuvo el miércoles 23 a 46 opositores que manifestaron al cumplirse un año de la muerte de un disidente en huelga de hambre (Zapata).

Chávez se ha constituido en un aliado más reciente, pero es quien está asumiendo la posición más audaz en su defensa. El canciller venezolano ha actuado como vocero del régimen libio y Venezuela sería el país que podría exiliar a Gadafi en caso que no cumpla su promesa de permanecer en el país hasta las últimas consecuencias. Todavía en al tarde del jueves 24, Telesur, el canal oficialista venezolano informaba que reinaba la calma en Trípoli y que el gobierno dominaba el país, cuando se estaba combatiendo a 50 kilómetros de la Capital. El titular de Globovisión, el canal opositor más destacado (Zuloaga), dijo hace diez días que en su país podía suceder lo mismo que en Egipto y la huelga de hambre que realizan 80 estudiantes se esta potenciando en el campo internacional.

En Nicaragua, Ortega ha reprimido en los últimos días manifestaciones opositoras recientes que cuestionan su derecho constitucional a presentarse para un tercer mandato.

Mientras hasta la Liga Árabe y la Unión Africana han restado el apoyo al Khadafiy,- quien ejercía la Presidencia rotativa de la primera y fue uno de los grandes impulsores de la primera,- la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), mantiene un llamativo silencio.

Este puede explicarse por la política exterior de Brasil que como potencia del Grupo BRIC, puede estar adoptando una actitud semejante a la de Rusia y China que temen el efecto imitación de la rebelión libia. Pero también es cierto que Venezuela ha adoptado la posición de respaldo ya mencionado y otros países como Argentina, tras mantener durante dos semanas un llamativo silencio sobre los acontecimientos de Libia, ha evitado condenar al régimen de Gadafi.

Pero en las últimas horas, Perú rompió relaciones con Libia y Uruguay tuvo una enfática condena a la represión de Khadafy.

En el caso argentino, la relación con él ha sido especial durante las últimas décadas. En los primeros años de la década del setenta, a través de López Rega, Perón en su tercera presidencia establece una estrecha alianza con el líder libio. No sólo hay acuerdos energéticos y de exportación de bienes, sino que hasta los cursantes del curso de Coroneles del Ejército, realizan un viaje final a este país. Este tipo de relación se desarrollaba entonces con otros dos dictadores el mundo comunista, que mantenían cierta independencia, los de Corea del Norte y Rumania.

Avanzando en el tiempo, a mediados del los ochenta, EEUU consideraba a Khadafy como el más actor internacional más peligroso por su apoyo al terrorismo y por eso intenta darle muerte con un ataque de la Fuerza Aérea contra un de sus palacio, del que sale ileso aunque no varios de sus familiares. Entonces Carlos Menem fue el político argentino que más enfáticamente se solidarizó con él. Cuatro años después, ya desde la Presidencia, Argentina es el único país latinoamericano que envía fuerzas contra Saddam Husseiin en la primera guerra del Golfo.

Durante el kirchnerismo, Libia ha sido un país con el cual la Argentina ha tenido buenas relaciones. Fue una de las naciones visitadas por Christma Kirchner cuando viaja al Norte de África en 2008.

En este marco, la actitud asumida por el gobierno argentino frente a la rebelión Libia, evitando la condena a Khadafy por la represión, se puede explicar tanto por la asumida por varios países de América del Sur, como también por las particulares relaciones establecidas entre el peronismo en sus diversas etapas y el dictador libio.

Rosendo Fraga
Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
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