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Criaturas desempleadas

domingo 06 de marzo de 2011, 08:21h
No me gusta y no quiero ponerme apocalíptica, pero no puedo evitarlo. La cosa está mal, muy mal, y parece que va a peor. La gente con trabajo empieza a ser una rara avis, una especie literalmente en extinción, en todos los sectores, en todos los ámbitos. Imbéciles redomados aprovechando la coyuntura se permiten insultar gratis a licenciados con master y tres años de experiencia laboral diciéndoles con tono displicente que, con suerte, les pueden buscar un hueco en su despacho pero que, eso sí, se les pagará un sueldo simbólico. ¿Cómo? ¿Un sueldo simbólico? ¿La comida, los gastos de la casa, de la luz –que ha subido más de un 20% en el último año-, del vivir, también son simbólicos?

Que se lo pregunten a los padres de familia que se encuentran desmigando sus sueños de una vida próspera en las colas de los comedores de la beneficencia porque no les llega para pagar la hipoteca y el colegio de los niños. Con sus títulos, sus años de experiencia laboral y con su futuro truncado por una crisis sobreexcitada y sobre aumentada por el menosprecio e ineptitud de unos dirigentes que sólo la sufrirán electoralmente y con suerte. Porque mientras la mitad de España se enfrenta a la perspectiva de una década sin posibilidad de crecimiento, nuestros políticos se aseguran su futuro con sueldos vitalicios, pensiones máximas y EREs fraudulentos que no tienen ni la vergüenza de disimular.

Al ex director general de Trabajo de la Junta de Andalucía no sólo no se le cae la cara de la vergüenza cuando justifica el robo masivo de millones de euros del contribuyente diciendo que los sujetos que se beneficiaron del famoso fondo de reptiles eran “criaturas que están desempleadas”, si no que encima pretende que lo veamos como un Robin Hood a la andaluza. El problema, como sabiamente señalaba el editor de este periódico en un excelente artículo, “no está en lo que pensamos sino en como lo pensamos”. Porque de tanto pervertir valores y realidades, a los idiotas que nos manejan ya no es que no les de vergüenza robar a manos llenas, es que ¡están convencidos de estar haciendo el bien! Claro, como “el dinero público no es de nadie”… Y seguro que la troupe gubernamental se ha convencido a sí misma de que la chorrada de fijar la velocidad máxima a 110km/h es por un mero afán de ahorrar combustible, nunca para seguir sajando a fuerza de multas al pobre contribuyente, que una vez más tiene que soportar sobre sus espaldas la incompetencia de sus mandantes.

Porque lo que me mata no es solamente ver cómo mi futuro y el de los míos se diluye en lo que ya se conoce como la generación perdida. No es mirar los datos del paro y estremecerme de miedo. Lo que realmente me quita el sueño es comprobar que los responsables de todo este lío siguen pretendiendo ser los dueños y señores de la moral, y del bien, justificando en función de ello todos sus despropósitos. Que sigan sin darse cuenta de que el juego no está en diferenciar el bueno del malo. Que esto no es una película del Oeste, sino la vida real, en la que quien la hace la paga y, en su caso, arrastrando a millones de personas con él. Que no vale jugar a ser un tío majete y comprometido, que se conmueve con cualquier cosa si al final las sonrisas no traen detrás soluciones a los problemas reales. Que se han cargado un país por pretender gobernarlo a fuerza de voluntarismo y “bondad”. Y lo que más me jode, con perdón, es que se irán de aquí dejándolo todo empantanado sin que nadie pueda pedirles cuentas. Con sus sueldos vitalicios y la mirada triste en lontananza, compadeciéndose del pobre parado –lo del obrero/trabajador es ya una quimera- para el que gobernaron con su mejor intención. Con la conciencia tranquila porque, ya se sabe, el dinero público del que se nutren sus sueldos “no es de nadie”.
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