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crítica

Falangistas: todas las caras de la Falange

domingo 06 de marzo de 2011, 13:23h
Gustavo Morales y Luis E. Togores: Falangistas. Una historia fotográfica. La Esfera de los Libros. Madrid, 2010. 504 páginas. 49 €
El 29 de octubre de 1933 José Antonio Primo de Rivera fundaba el partido político Falange Española en un contexto español, europeo y mundial de confrontación ideológica y territorial, de inspiración totalitaria. En España, muchos jóvenes idealistas veían en el movimiento fascista la solución a muchos de los males de caos y atraso que azotaban a España, y una eficaz respuesta al comunismo y al socialismo.

Falangistas (La Esfera de los Libros, noviembre 2010) es la historia gráfica de muchos de aquellos hombres y mujeres españoles. No hay en este libro una crónica escrita de la Falange y del “falangismo”, pues sólo cien de las casi quinientas páginas de las que se compone son texto. El resto, y es mucho, es un monumental testimonio gráfico donde puede verse con toda crudeza una gran parte de la historia de España del siglo XX. Las imágenes –procedentes de muy variados fondos documentales privados– son inéditas para los aficionados al tema, que disfrutarán contemplándolas por su valor histórico. Gustavo Morales y Luis E. Togores son los autores de esta recopilación gráfica sobre el falangismo. La biografía de Gustavo Morales muestra una notable inquietud profesional, pues estuvo en la Legión, fue jefe nacional de FE de las JONS desde 1995, fue redactor jefe de la revista MC (Mario Conde), dirigió el diario Ya y también fue redactor jefe y adjunto al director de la revista Defensa. En diciembre de 2007 publicó el libro Falangistas contra el Caudillo. Por su parte, Togores es doctor en Historia Contemporánea y secretario académico del Instituto CEU de Estudios Históricos. Es autor de la biografía de tres militares como Millán Astray, Muñoz Grandes y Yagüe.

El libro acierta a visualizar a través de imágenes los difíciles inicios de Falange durante la II República, período en el que la Falange Española y los hombres que la formaron con sus famosas camisas azules, se convirtieron en la bestia negra de la izquierda y del anarquismo español. Los autores sostienen que, a partir de 1943, los falangistas suponen una carga política para la dictadura. Franco no los ve con simpatía y se da cuenta de que no puede tener en España a gente con aspecto de juventudes hitlerianas, una mezcla de fascismo y de boy-scout; y se dedicó a restar fuerza a la Falange.

Los autores afirman también que la mayoría de los afiliados a Falange “no eran de izquierdas ni de derechas. Eran católicos, que es lo que les une a la derecha; y a la vez tienen una conciencia social que los vincula a la izquierda. Y fue ese punto de la Falange el que aprovechó el régimen durante sus cuarenta años de existencia”. En verdad, los falangistas inspiraron en los años cincuenta y sesenta parte del ideario social del Régimen de Franco como la Seguridad Social, el seguro por enfermedad, las viviendas sociales y el subsidio de invalidez.

El libro se estructura en varios capítulos. El primero, “La gran esperanza”, es el que refleja literariamente la génesis y evolución de la Falange y son muy reveladores –por su escasa divulgación histórica– los episodios de disidencia o rebelión de algunos falangistas en la inmediata posguerra, que llevó a unos falangistas a la cárcel o incluso al pelotón de fusilamiento, como fue el caso de Juan José Domínguez, condenado a muerte por haber lanzado varias granadas en el santuario de Begoña en Bilbao, en 1942; y en el que también fueron condenados a penas de cárcel otros destacados falangistas como Mariano Sánchez Covisa, Hernando Calleja y Virgilio Hernández Rivadulla, quienes años después encontraron acomodo periodístico y político en el Régimen. Este episodio motivó la dimisión de Dionisio Ridruejo y de Narciso Perales, y que Franco cesara del gobierno a tres ministros: Ramón Serrano Suñer, General Valera y Galarza, responsables de Exteriores, Ejército y Gobernación, respectivamente.

El segundo capítulo, “Despierta España” (1930-1936), es un notable recorrido gráfico por las vidas de los principales líderes de Falange, José Antonio, Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma. Esclarecedoras son las imágenes de José Antonio y otros falangistas manifestándose en apoyo del gobierno republicano, y en contra del alzamiento contra la Republica perpetrado en Asturias por socialistas y separatistas. Este capítulo concluye con fotos de la ficha policial de José Antonio y de su estancia en la cárcel.

El tercer capítulo se titula “Falangistas en las trincheras” (1936-1939) y arranca con la estremecedora imagen del patio del Cuartel de la Montaña de Madrid lleno de cadáveres de los detenidos en el cuartel de la Montaña, asesinados por milicianos, buena parte de los cuales eran falangistas. En sus casi setenta páginas, las fotografías acreditan la participación de los falangistas en la guerra a las órdenes de los jefes militares, entre los que Yagüe era el más significado por su filiación falangista. En la página 172 hay una foto ilustrada con un pie que identifica a un joven alistado en la Bandera de milicias de Falange como a un jovencísimo e irreconocible Sabino Fernández Campo.

El cuarto capítulo cubre en imágenes “La España totalitaria 1939-1945”, y se centra en acreditar los honores rendidos en el traslado del cadáver de José Antonio desde Alicante a El Escorial y la incorporación de la simbología falangista a la parafernalia de los actos públicos, con algunas fotografías curiosas como la del nombramiento del delegado en la escuela de peritos agrícolas, firmado por el entonces jefe del departamento de prensa y propaganda del SEU, Camilo José Cela. La fecha es de 22 de febrero de 1941. El quinto capítulo es el que acredita en imágenes el porqué del aura de romanticismo que muchos falangistas han gozado durante años. Cuando tocaba disfrutar de la victoria y de las prebendas del régimen, miles de falangistas se fueron a luchar contra el comunismo con “La División Azul”. Hay fotos de Muñoz Grandes despidiendo a los voluntarios en la estación y un texto de acompañamiento ilustrador: “Aunque los voluntarios eran de todas las edades y condiciones sociales, fueron los falangistas los que integraron masivamente la División, desde catedráticos como Castiella a futuros directores de cine como Berlanga”. El tono literario de los pies acredita la tristeza que rezuma: “Cuando la suerte de las armas del Eje cambia, Franco repatría a la División Azul a España”.

El capitulo “De Falange al Movimiento 1945-1975” y el titulado “La muerte de un régimen” son los que más morbo podrán despertar a los jóvenes lectores por la sucesión de nombres de personas de relevancia política que tuvieron protagonismo en el franquismo y posteriormente en la democracia. Y viene ilustrado con fotos de quienes los autores identifican entre los que fueron “camisas azules” y acabaron siendo “demócratas”, casos de Gabriel Cisneros junto a Carlos Arias, de un jovencísimo poeta Juan Van Halen, como miembro del SEU; de Juan Antonio Samaranch jurando su cargo de presidente de la Diputación de Barcelona en 1973 con camisa azul (página 367) y una muy discutible, del escritor Josep Pla, con este pie: “El autor falangista catalán Josep Pla” (pág. 315). Por supuesto, hay una foto de Adolfo Suárez, Rodolfo Martín Villa y Juan José Rosón, en un acto celebrado en conmemoración del XXX aniversario de la fundación de Falange Española en Mota del Cuervo (pág. 450) y otra de Juan Antonio Samaranch en un acto en Barcelona en 1974 en la que el futuro presidente del Comité Olímpico y el entonces gobernador civil de Barcelona Rodolfo Martín Villa levantan el brazo mientras que el alcalde la ciudad Enrique Massó se mantiene con los brazos cruzados (pág. 449). El pie dice:” ¡Aún no habían descubierto las bondades de la democracia inorgánica!”. El popular periodista Fernando Onega también figura en una imagen (págs. 442-443) de una audiencia de Franco a un grupo de falangistas. Y por supuesto, es en este capítulo donde proliferan las fotografías de don Juan Carlos en diversos actos oficiales con Franco y con colectivos del régimen como una fechada el 10 de octubre de 1970 –en la que se le ve saludando a los miembros del Consejo de la Guardia de Franco– ilustrada con este malévolo pie que refiere las palabras que el entonces Príncipe pronunció: “Habéis jurado servir a España; yo también; habéis jurado fidelidad a los Principios del Movimiento y a las Leyes Fundamentales; yo también” (pág. 454).

Los capítulos finales están dedicados ya de forma menos relevante al papel de la Sección Femenina y del Frente de Juventudes, con la sorpresa en éste de una foto en la que se ve a un muy joven Jesús de Polanco (pág. 407) con pantalón corto, botas y calcetines gruesos, y camisa de afiliado a las falanges juveniles. Finalmente, el libro se cierra con un capitulo ya menor dedicado a la “Falange dividida” que recoge la orfandad de los falangistas tras la muerte de Franco, así como las distintas manifestaciones en el Valle de los Caídos y en la plaza de Oriente, ya puramente nostálgicas y desprovistas de realismo y de atractivo histórico.

Libro curioso, de dispar enfoque temático y gráfico, a caballo entre la admiración y reivindicación del inicial espíritu inspirador de Falange, denunciando su utilización por el régimen de Franco y su evaporación con el paso del tiempo.

Por Carlos Abella
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