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Laporta, separatista de su mismidad

Ha pasado desapercibido para la Comisión Antitransfuguismo el caso Laporta, pero no para esta crónica siempre atenta a los grandes acontecimientos de la política española convertida en campo abonado (y tomamos prestados los sustantivos de Roberto Bolaño) de tonterías, necedaes, gedeonadas, dislates y fantochadas en tropel.

Vayamos al grano. El tal Joan Laporta se montó un partido político a su medida que le hizo líder indiscutible. Se vistió con la camiseta del independentismo y en dos patadas se merendó a los chicos de Ezquerra Republicana, obteniendo nada menos que cuatro diputados en las últimas elecciones al Parlamento de Cataluña del pasado noviembre.

Pero su Solidaridad Independiente, que así se llamaba el partido registrado pro el ex-Presidente del Barça, le ha durado un telediario... de los de antes. Ha decidido abandonar su proyecto. Es decir, se ha cabreado con su propio partido. O sea, ya no se habla consigo mismo. Laporta se ha convertido en el primer tránsfuga de un partido creado por él mismo, a su mayor gloria y encumbramiento carismático.

Los juristas están dispuestos a rellenar centenares de páginas de informes y dictámenes para dar respuesta al trascendental dilema. Resulta que los cuatro mosqueteros de Solidaridad Independiente (si) integran el Grupo Mixto. Si Laporta se independiza de los otros tres –con los que ya no se entiende (¿será premonitorio de los efectos de la independencia?)- ya no se puede integrar en otro grupo más mixto o misceláneo. El grupo es él, casi como Luis XIV se identificaba con el Estado.

Desde luego nadie puede negarle la coherencia a este alquimista de la política. ¡Qué mejor forma de encarnar y representar al separatismo que separándose él mismo de sus, hasta hace tres días, seguidores!. Ya se sabe que hay amigos, hay enemigos y hay, en fin, compañeros de partido.

No consta que el Sr. Laporta haya pedido perdón a nadie, ni siquiera a sus electores, para ponerse el traje de otro partido (¡qué profundas convicciones! ¡qué ideas tan firmes y asentadas!) que le ha ofrecido ser candidato a la Alcaldía de Barcelona, cosa que no le parece bien al partido que él mismo fundó (como único fundador). Podría haber echado a todos los de su partido y poner a otros en su lugar para que le volvieran a aplaudir y encumbrar a más candidaturas incluso al Parlamento europeo. Como dice el genial Groucho –el Marx auténtico, el único que está en mi biblioteca- si no le gustan mis ideas, tengo otras. Y las tiene.

Sin lugar a dudas, Laporta es otro gran servidor del interés público, un patriota que huye de la presunción y de los focos. Un modelo de político, pero tiene que comer.
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