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Divulgador científico

"La felicidad está en sumergirse en el elemento que te apasiona"

Eduard Punset presenta Excusas para no pensar. Cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida (Destino). Le entusiasma que hoy el ensayo científico se venda como la novela de ficción, aunque envidia el número de seguidores en Facebook de Cristiano Ronaldo. Su editor dice de él que, "más allá de lo que vende, es un fenómeno de comunicación y empatía".
Ante un grupo reducido de periodistas, en el corazón de Madrid, Eduard Punset explica las claves de su más reciente libro con su ya conocida cadencia en el habla y voz particular, con una sonrisa en la mirada que no desaparece tras unas gafas y con divulgación espontánea y apasionada en sus palabras. Después de darle un sorbo al café con leche que tiene frente a él, dice sentirse sorprendido por la "infinita capacidad de la gente para hacerse infeliz". Es uno de los pilares de Excusas para no pensar. Fue su perra la que le enseñó que "la felicidad está en la sala de espera de la felicidad", cuando mostró enorme alegría al conocer que le iban a servir sus cereales e indiferencia al recibirlos.

También alude a la enseñanza emocional, epicentro de la educación en el futuro. Gestionar esas emociones es clave, afirma. "Es lo único con lo que venimos al mundo", entiende, y no debe arrinconarse este episodio en toda reforma que se pretenda acometer en los resortes educativos de un Estado.

Momentos antes de los minutos concedidos a EL IMPARCIAL, reconoce a los presentes que le sorprenden hechos como que, mientras acaricia un fósil de trilobite en casa, le llamen por teléfono exigiendo aprisa su presencia en algún lugar. "¿Aprisa?", bromea simulando una conversación con el interlocutor. Admira el paso de los años y la evolución de todo lo que conocemos. "Mi trabajo –concluye- es analizar lo que le pasa a la gente por dentro y hacerlo con el respaldo de mis amigos científicos".

Recibe a este periódico en el mismo lugar, una sala de reuniones con gran mesa redonda en una quinta planta del Paseo de Recoletos, a escasos metros de Cibeles, ya a solas. El café permanece y extiende su olor por la sala. Eduard Punset escoge minuciosamente cada palabra y juega con los silencios.

Eduard Punset. Manuel EngoP. Los fósiles han gozado de un periodo de cambio que al individuo se le escapa, su existencia es limitada. ¿Es la vida tiempo suficiente para desarrollar grandes cambios en el comportamiento y las perspectivas?

R. Es cierto que las amonitas y los trilobites tuvieron más tiempo que nosotros (ríe) para adecuarse al entorno, pero también es cierto que nosotros tenemos cosas que ellos no tenían y es un cerebro privilegiado. Nosotros, gracias al crecimiento inusitado de las redes sociales, podemos absorber conocimiento y experiencia de los demás con una intensidad y una rapidez que el resto de los animales no podía y literalmente ni soñaba. Además, en nuestro sistema de aprendizaje, se da el 'efecto trinquete', es decir, que es irreversible. El conocimiento es una rueda que no puede echar marcha atrás, el conocimiento heredado está ahí y lo podemos aprovechar en su totalidad.

P. Dice que nos definimos en lo esencial desde el vientre de la madre hasta los cuatro o cinco años. ¿Nada que hacer en adelante?

R. Es muy curioso, ha sido un experimento realizado en la Universidad de Columbia que ha durado más de veinte años. Se experimentó con niños de entre cuatro y ocho-nueve años y se pudo ver que hay dos cosas que son absolutamente esenciales de inculcar en esta edad para que la adolescencia y la mayoría de edad transcurran sin grandes contratiempos. En ese periodo, la niña o el niño tiene que generar una cierta autoestima y seguridad en sí mismo que le suscite no dejarlo desamparado nunca. Si él siente que ha estado siempre protegido, generará este sentimiento de autoestima y de cierta seguridad en sí mismo. La segunda cosa es que le tienen que haber tratado tan bien que se habrá generado en él el sentimiento se seguir profundizando, la curiosidad de seguir profundizando en el conocimiento y en el amor del resto del mundo. Lo veo en la facultad, ves que hay personas en la adolescencia que llegan con un sentimiento de seguir ahondando en el conocimiento de los demás frente a los que llegan con cierto rechazo frente al resto del colectivo y, a veces, si son sicópatas, con ánimo de destruirlo. Ahora, sabemos lo que llamamos 'la ventana crítica' para inculcar determinadas sugerencias.

P. ¿Cuál es el papel de los padres?

(Se quita las gafas, las mantiene en la mano el resto de la conversación) R. Evitar, en primer lugar, la solución fácil de echar la culpa a los educandos o al resto. Por lo demás, hemos aprendido también que siendo importante la labor de los padres, al final resulta que el medio de los amigos tiene una importancia probablemente mayor que la de la propia familia a la hora de sentar las bases del comportamiento futuro. De ahí que en los sistemas educativos del futuro demos una importancia muchísimo mayor de lo que se dio en el pasado a las conexiones de unos con otros, al sentimiento de la manada, al impacto de las redes sociales y no sólo a la labor educativa de los padres, que no puede ser nunca muy grande.

P. Lamenta que no siempre prevalecen los intereses de la persona que se educa. ¿Cuáles deben ser esos intereses, por encima de los del maestro o del sistema educativo?

R. Hemos descubierto que se exige demasiado en contenidos estrictamente académicos en detrimento del desarrollo personal del mismo elemento que llamamos dominio o vocación individual. Ahora estamos convencidos de que la educación en los próximos años estará centrada en el desarrollo individual del carácter y de la persona, de manera que se sienta cómoda en el tipo de sociedad que se va a encontrar en el futuro. Eso no pasa necesariamente por buenos contenidos académicos.

P. "El talento puede inventarse". ¿Cómo?

R. Ha sido el gran descubrimiento a raíz de un experimento efectuado en Londres por una científica inglesa sobre el volumen del hipocampo de los taxistas. Demostró a las claras que el estudio del callejero complicado de Londres redundaba en un aumento del volumen del órgano destinado a la memoria en el cerebro y, por lo tanto, demostró nuestra capacidad para que la experiencia individual incidiera sobre la estructura cerebral, o que podemos incidir, cambiar el cerebro de las personas, y esto está en contra de lo que se había pensado tradicionalmente y abre perspectivas de cambio insospechadas.

Portada del último libro de Punset, editado por DestinoP. ¿Vivimos más momentos de felicidad de los que sabemos detectar? ¿Sómos más conscientes de la infelicidad?

R. Sí, en el sentido de que no nos damos cuenta de que las dimensiones de la felicidad, aunque cambia para cada individuo. Por ejemplo, el dinero o los niveles de renta sólo son determinantes cuando se vive por debajo del nivel de subsistencia. Sólo entonces el dinero es igual a la felicidad. Una vez alcanzado el nivel de subsistencia, son otras dimensiones las que cuentan. ¿Cuáles? Hay dos que son importantísimas: la primera es la relación personal y la segunda es el sentimiento de control que uno tiene sobre su propia vida. Si no se tienen amigos, si no se tiene pareja, si no se tiene con quien hablar y además se tiene el sentimiento de que no sirve de gran cosa lo que hago porque no tengo el control ni de mi vida ni la de los demás, son dos condiciones clásicas para ser infeliz.

P. ¿Qué le hace feliz?

R. Hay un escritor de origen polaco que ahora enseña en California que lo explica muy bien. Lo llama 'El flujo' y es sumergirse en el elemento que te apasiona. Acabo de ver en una playa de California un ejemplo de lo que estoy diciendo. Es una playa donde hay unas olas muy elevadas y que atrae a surfistas de todo Estados Unidos. He visto a surfistas que habían detectado, identificado cuál era su elemento, su dominio, el surfing, pero que, además, lo controlaban gracias a un trabajo inacabable de horas continuadas de ejercicio. A mí me ocurre lo mismo que a los surfistas de California. Tengo elegido mi dominio, mi elemento, y le dedico muchas horas.
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