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Reflexión ante las elecciones en la Conferencia Episcopal

miércoles 16 de marzo de 2011, 15:55h
Tras un tiempo para que los ánimos se hayan aquietado tras los nombramientos en la Conferencia Episcopal Española y por ello mismo en la Iglesia Católica española, me permito reflexionar sobre dos cuestiones que me parecen del todo punto urgentes de cara al inmediato futuro.

En primerísimo lugar, la Iglesia está en la historia humana para proclamar la persona y la salvación traída por Jesucristo, “en todo igual a nosotros menos en el pecado”, según escribió Pablo. Todo lo que la Iglesia argumenta y realiza está (o debe de estar) enderezado a esta tarea, solamente realizable en una Encarnación/Inculturación tan relacionada con los signos de los tiempos. Los obispos ostentan cargos como Maestros y Pastores, en la adjetivación más clásica, del Pueblo de Dios de cara a esta tarea y a ninguna otra. Tal es el criterio para juzgar, más tarde, el cargo recibido ahora como servicio. No confundirse.

Nosotros, los miembros del Pueblo de Dios, sacerdotes y religiosos y laicos, tenemos la obligación estructural y teológica de estar unidos a nuestros obispos y a tener presente el servicio que prestan a la Iglesia como Pueblo de Dios. Pero con el fin de que, a la vez que les escuchamos y ayudamos, seamos capaces de alzar nuestra voz y nuestras letras para colaborar con ellos mismos en la tarea de evangelización inculturada que a todos incumbe, según decíamos en el primer apartado. Escuchar y colaborar, estupendo. Pero silencios pasivos, ni uno, como tampoco suponer que nuestros obispos van a molestarse por unas críticas fraternales y en absoluto demoledoras, nacidas del mismo sentido de responsabilidad del conjunto de los creyentes respecto del mismo Pueblo de Dios como Iglesia de Comunión.

Desde estas dos consideraciones eclesiales, felicito a nuestros obispos protagonistas de cargos/servicios en esta nueva etapa de la Iglesia Española. Y encargo al Señor que ayude muy de verdad a que estos elegidos estén a la altura de los encargos recibidos. Permanecemos expectantes.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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