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Tontería radiactiva

domingo 20 de marzo de 2011, 17:48h
Un lunes más voy a empezar hablando de Japón. Pero es que creo que se nos ha ido la olla a todos con lo que está pasando. Vayamos por partes. Lo que está viviendo Japón desde el día 11 de marzo es digno de una mala película de desastres. Vamos, que a ningún guionista en su sano juicio se le ocurriría meter en una sola película un terremoto de nueve grados, un maremoto demoledor y como guinda una amenaza de desastre nuclear. Sin querer pecar de un humor excesivamente negro, lo cierto es que solo falta que aparezca Godzilla dando dentelladas a diestro y siniestro.

Y claro, tan alucinados estamos con lo que está pasando, con mandatarios europeos que piden que no cunda el pánico después de hablar de “una situación apocalíptica” –es como gritar fuego y luego pedir que la gente salga ordenadamente- y los gobiernos replanteándose toda su política energética porque, ya se sabe, los maremotos y los terremotos están a la orden del día. A la misma Angela Merkel le ha podido el pánico a la pérdida de votos –incrementado por la proximidad de las elecciones y una lista de varapalos mediáticos a su gobierno- y ha paralizado siete plantas atómicas no vaya a ser que el maremoto llegue hasta Alemania. Y, claro, como la radiactividad, ya se sabe, cruza océanos, en el mismo Washington DC la gente está comprando pastillas de yodo como loca, no vaya a ser que nuestro tiroides se infecte de la nube radiactiva que –por cierto, aún no se ha desatado-, según los expertos difícilmente alcanzaría los 200 kilómetros que separan a la planta de Fukushima de Tokio.

A ver, que no soy ni mucho menos la persona más adecuada para hablar de energía. Que el tema de lo nuclear me da tanto yuyu como al 80% de la población. Pero que también creo que tenemos que tener la cabeza fría y no actuar como locas histéricas ante algo tan horrible sí, pero tan inusual –también- como lo que ha pasado en Japón. Porque, analizándolo fríamente, lo cierto es que una de las conclusiones que nos ha enseñado el desastre nipón es que una central nuclear puede soportar un terremoto de grado nueve y que, aún teniendo en cuenta lo gravísimo de la situación, “la catástrofe nuclear”, el “terror nuclear” y el “escenario apocalíptico” que tantas y tantas portadas está llenando, aún no se ha producido. Pero qué vamos a esperar si las autoridades son las primeras a las que les ha podido la tentación de dejarse llevar por la histeria. Si son los mismos políticos quienes contradicen a los expertos que, sin restar un ápice de gravedad al peligro potencial de lo que puede pasar en la planta japonesa, se niegan a sumarse al coro de lloronas histéricas que disfrutan inventando teorías conspiranoides sobre la actuación del gobierno japonés.

Y, como decía, cuando ves potenciales desastres como el de Japón, dan ganas de cerrar todo lo nuclear. Pero al mismo tiempo, como las muertes y las consecuencias medioambientales van a cuentagotas, nos parece como que el petróleo es un mal menor, a pesar de que tiranos como Gadafi basen en ello su poder arbitrario, sobre su pueblo y el mundo. Y creo que una vez más, se nos va la olla porque es mejor esconder la cabeza y chillar como idiotas a tratar de enfrentarnos a los grises de los que está pintado el mundo. La tontería generalizada es mucho más dañina y “apocalíptica” que la radiactividad japonesa.
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